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30/04/2012

Entre semana, muy bien. El finde te sirven el mismo menú pero más caro.

Es un local agradable, luminoso y con un decorado sencillo y elegante donde predominan los muebles blancos y unas pinturas preciosas. Cabe destacar la colección de vinos y la falta de barra de bar (solo sirven en mesa)

Ofrecía un menú del día apto para nosotros (todos estudiantes) y los platos, que podían verse escritos en una pizarra justo en la entrada, nos convencieron.

De primero, una comensal pidió la ensalada de endivias, gulas, salmón ahumado, gambas y vinagreta. Estaba muy rica pero hay que hacer mención de que lo verde, brillaba por su ausencia.

Otra amiga optó por la de canónigos, nueces y queso de cabra, muy socorrida pero al fin y al cabo, una ensalada que siempre tiene éxito, ya que es una combinación en la que los ingredientes casan a la perfección.

Por último, el tercer comensal y yo pedimos los tallarines al ajillo con gambas, y aunque la presentación no era nada del otro mundo, de sabor estaban muy buenos. Tenían algunas especies que no sabría determinar, las cuales le daban un toque muy particular a la pasta. Eso sí, el fondo del plato era una sopa de aceite, y eso no nos gustó nada.

Como segundo plato, el solomillo de cerdo con salsa de queso ganó por goleada, ya que 3 de los 4 lo elegimos. Una ración modesta, pero con una carne jugosa, una salsa muy fina, y unas patatas panadera con cebolla pochada, que estaban en su punto. Dejamos el palto que no hacía falta ni fregarlo, limpio limpio. Vimos cómo a otra mesa, uno de los camareros servía el plato de chipirones encebollados, y por un momento me arrepentí de haber pedido lo que pedí, tenía una pinta sublime.

Por otro lado, la cuarta en discordia pidió lubina a la bilbaína. Todos pensábamos que la sacarían con la mítica salsa de tomate y pimiento choricero, pero parece ser que estábamos equivocados (la confundimos con la salsa vizcaína). Aún así, disfrutó de una ración hermosa y le encantó.

Como postre, yo pedí una copa de helado de yogur griego con miel y nueces que ya había comido en otra ocasión, muy muy rica.

En la mesa, también se pidió piña, y los profiteroles, que aunque bajo la sospecha de que fueran congelados, los que los pidieron, dijeron que sabían a gloria.

No pedimos café, fuimos a tomarlo al Coffe Break, una especie de Starbucks bilbaíno del que os hablaré otro día. Así que los 4 menús, nos salieron por menos de 50€, a 12€ por barba. Genial teniendo en cuenta que comimos bien, y en un ambiente relajado. Y es que, en buena compañía, todo sabe mejor.

Eso sí, el fin de semana, no cambian el menú, y te clavan 18€. ASÍ NO!

thecookrocker.wordpress.com/2011/06/14/restaurante-la-deliciosa-bilbao

Yo de primero pedí una ensalada de cous-cous con hongos, una combinación de sabores que no había probado y me resultó exquisita. Mi acompañante optó por los puerros rellenos de ibérico y queso, tuve oportunidad de probar un poco y estaban buenos.

22/07/2012

Uno algo diferente entre las 7 calles.

Lo encontramos por casualidad como quien dice viniendo una tarde soleada de domingo de la Plaza Nueva, a tope todas las terrazas.

Es diferente su look, ni taberna oscura, ni cutre, ni tampoco un bistro pero se aproxima. Terraza pequeña y limpia en el exterior., como un corralito blanco entre las grises calles. Paellas ví al pasar, y pasta bolognesa, creo.
Familias extranjeras y parejas. Algún turista joven y solo.
Y menús más que ajustados. Cocina mitad vasca mitad afrancesada con toques divertidos y mediterraneos. Suele haber muchos turistas, turistas silenciosos. Los cuadros de las paredes son melancolicos y neblinosos, como de temas de mar, todo grises.
Las mesas vestidas, y la cocina atrás, casi a la vista. Afea un tanto unos sacos que tratan de ocultar una especie de salidas de humos? o de altillo, al fondo del local, que tampoco es muy grande, pero con cierto encanto de local viejo, aunque remozado. Blanco y maderas, suelos oscuros y ladrillos-libros, cuadros y columnas de hierro. Bastantes mesas y bastante juntas.
Los camareros duchos y amables, ya veteranos. Con o sin boligrafo Mont Blanc, otro, en el bolsillo de la camisa blanca.
No resultó del todo satisfactorio, tal vez en mucha parte por culpa de nuestra prisa, ya que estabamos pillados de tiempo para un viaje y, uno nunca debiera comer con prisa, no se saborea apenas. Los platos son un poco aparentones, con todos mis respetos,,lo digo. Pero bien, sí, bien..

Ensaladas de primeros, una con un increible sabor a aceite de oliva, demasiado, y no sólo porque la coronase unas tajadas de bacalao al pil pil. 9 euros. La otra más normal.8'50 euros. Pan a 1'80 para dos. La pasta taglitelli corriente con chipirones que cada sabor iba por su lado, a decir verdad, 8'95 euros y el pequeño rapito asado, 18 euros con patatas panadera, tipo a la espalda, adolecia de algo de sabor y de exceso de aceite. Unas gotas de vinagre y ajo rustido, le hubiera aportado más enjundia, aunque le hubiera, tal vez, restado el sabor a mar...
Los postres, tomados apurados, tampoco nos maravillaron mucho, me parece que a unos 6 euros cada uno, o casi. Sí 11'90 los dos.La pantxineta mucho mejor la que habiamos comido una semana antes en Vitoria en el Portalón. Pero lógico, aquí unos 3 euros menos este postre.
Pero los platos no suelen ser caros, y sí abundantes las raciones. No tomamos café, pero si agua mineral 3 euros y una botella de vino blanco "Tardevienes". 12 euros. Un vino blanco pasable y no demasiado caro. La factura total ascendió a 79 euros.

Lo dicho, personal muy amable, profesional, un look de local, mitad elegante mitad bistro, diferente, entre esas 7 calles. Y raciones abundantes. Buena relación calidad precio. Aunque nuestra primera opción era ir, de nuevo, de chiquitos y pinxtos.
Caía la tarde, aún picaba el sol, ya volviendo en taxi hacia la estación, por los alrededores de la Gran Vía y las calles de atrás, se dejaban ver algunas parejas, descompensadas, de maduros y rústicos hombres de aldea, tal vez de los montes no tan lejanos al agujero que es Bilbo, que trataban de camelar, ¿o era al revés? a mujeres más jóvenes y sudamericanas..
Si hace sol en las tardes de verano o fines de semana en Bilbao, el centro y más el ensanche, queda desierto, a pesar del reclamo de los museos, y ....la gente se va a las playas. Salvo los maduros clientes asiduos de una discoteca paralela a la Gran Via.... Todo el mundo tiene derecho a divertirse.
Es agradable irse, entonces, al Parque de Doña Casilda, a tomar unas cañas o un helado,,,,y dejar pasar el tiempo, o subir con el teleférico a ver la increible vista de la ciudad, o utilizar unas barcazas, no llegan a bateau-mouche, que navegan desde el Paseo del Volatin, casi desde el Ayuntamiento hasta más allá del Puente Colgante, dejando atrás, la Pasarela de Calatrava, el Guggenheim, el Palacio Euskalduna, Bilbao,Getxo y hasta Portugalete.

20/05/2011

Buen menú en pleno casco viejo

Un sitio para comer en el casco viejo de Bilbao con un buen menú a base de cocina tradicional, pero sin ser la típica tasca de toda la vida.
Tienen terraza y un salón agradable y luminoso.
Buenas carnes y pescados.

21/11/2007

Menú rápido

La comida está buena y el servicio es rápido. La cocina no es demasiado innovadora pero tampoco es un restaurante de comida tradicional.

El local es MUY pequeño y está saturado de mesas, es el problema que le veo.

Solo he comido el fin de semana y el precio del menú era 18 €, puede que un poco caro para ofrecer un menú normalito. Entre semana creo que cuesta 11 € un precio mucho más razonable para la comida que ofrece.

22/08/2011

En mi opinión es para ir a comer un menú del día o un menú de fin de semana. Tiene mucho para elegir dentro del menú de fin de semana a un precio más que razonable.

Si vas a cenar a la carta no merece la pena porque vas a comer lo mismo que el menú y carísimo.

22/09/2007

xavo lo descubrió en septiembre de 2007

Buen sitio

EL menú diario es muy bueno i los platos tienen ese toque que los hace... especiales. Comes bien i barato i van follaos a servir!!!
12€ el menu.