La Flor de Tetuán

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28/04/2017

Buen marisco y pescado

Uno de los restaurantes de siempre de la calle Tetuán de Santander. El comedor me parece algo tristón, así que suelo ir a la barra, donde la calidad es la misma (y el precio). En verano ponen mesas en terraza, muy buena opción también.

Carta repleta de pescados y mariscos frescos de la zona. Éxito asegurado. Eso sí, como vayamos con el morro fino a por marisco, la factura puede ser de aúpa.

No suelo pedir postre aquí (soy de los que se toma luego un helado paseando), pero la última vez me llevé una agradable sorpresa: el propietario me hablaba maravillas de la tarta de queso horneada mientras que otro camarero o hacía de la de queso philadelphia. Solución salomónica, les dije, traigan una de cada. Las dós impresionantes, no sabría cuál elegir.

Te recomendamos:

30/05/2013

Marisco bastante bueno de lo mejor de Santander. Precios un pelin subidos pero la calidad se tiene que pagar.

22/02/2012

La ultima vez que pase por alli, hace un par de meses, me decepciono. Pescado pasado y precios excesivamente elevados para la calidad y cantidad del plato.
Le dare otra oportunidad por los viejos tiempos de los que guardaba buenos recuerdos.

24/01/2009

eye lo descubrió en enero de 2009

tus recuerdos sublimes

mi gran garcia santos lo cuenta muy bien
y ademas, a veces hay que poner estas fotos sin trampa para segregar...

"22 años de andadura, la del restaurante de Angel Guartas Aguado, ubicado en un entorno muy popular, cerca de Puertochico. La fisonomía del local, bar y comedor, están en consonancia, predominando los motivos marineros en la sala.
La Flor de Tetuán es conocida por la excelsituz de las materias primas que ofrece, especialmente en lo que se refiere a mariscos y pescados. Muchos aseveran que con el Bar del Puerto son los dos templos de productos del mar en Cantabria. Es cierto, se podrán tener percebes iguales, pero difícilmente más grandes y más frescos. No tan voluminosos pero sí tan exultantes las lubinas, los cabrachos, los San Pedro o San Martín, etc. A lo dicho, brindan lo mejor que la lonja y la demanda permitan.
La cocina es primaria y costumbrista. Sin embargo, el chef, Gerardo Peña, sin dejar de ser sencillo y tradicional, denota un apreciable sentido innato del buen gusto y, para mayor gloria, sabe adecuarse a las apetencias de la clientela. Basta que pida puntos de cocción breves, para que le saque los pescados tan certeramente cocidos como en un restaurante de alta cocina de vanguardia. Eso sucedió con el rodaballo, de 2 kilos, descomunal de bondad, que salió con las carnes junto a la espina ciertamente rosáceas, en correspondencia con el requerimiento de la mesa; con una jugosidad que para sí quisiesen en Elkano, Kaia Kaipe o Etxebarri. Tanta manjarosidad intrínseca y tan preciso asado al horno tuvo un tercer motivo de alegría, el realce, un convencional y sabrosísimo jugo de marisco al que había dado cuerpo y mayor sustancia la gelatina del pez. Un lecho de patatas panadera, empapadas de la salsa, incitaban a la gula. Tanto atavismo, al que puso la guinda unos cortes en el lomo superior, en que se insertaron rodajas de limón, como antaño se hacia con el besugo, no evitaron que todos los miembros de la mesa fueran soltando uno tras otros ¡Bravísimo!
Antes ya se había hecho la ola a los percebes, sobresalientes. A una exquisita ensaladilla de marisco, con la que se agasaja a la llegada y que debería incorporarse a la carta, eso sí, sin la tartaleta dulce en la que se sirve como aperitivo, que distorsiona un poco su sabor. También a las rabas, que irradian naturalidad y no pecan ni de enharinado ni de fritanga. Y a un pulpo a feira con cachelos, impecable el gusto y textura del cefalópodo y de la patata, así como el aceite de oliva, pero no del pimentón, oxidado y picante. Y a las torrijas embebidas de almibar, que no por caseras, y tanto que caseras, no dejaban de estar gratificantes, en verdad que satisfactorias.
Otras especialidades: almejas a la sartén o a la marinera, centollo cocido y arroz con bogavante.
En definitiva, en este establecimiento más que la cultura, el arte y la ciencia culinarias imperan la nobleza de los materiales, la precisión en las cocciones y un particular don del gusto."

28/10/2009

Fuimos a tomarnos un vino y descubrimos un gran restaurante.
Un poco caro,pero con bastante calidad.