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18/01/2017

Menú de altos vuelos en un barrio tan castizo como es el de Carabanchel.

La Taberna La Romana es uno de los auténticos rincones secretos gastronómicos que se pueden encontrar en Madrid. Se encuentra situado en Carabanchel, a pocos pasos del hospital Gómez Ulla y de la plaza de toros de Vistalegre.

El local lleva 25 años abierto ya que era un pequeño mesón de barrio propiedad de los padres de Jesús. Comedor modesto, con capacidad máxima para 12 personas, que conserva muchos detalles de sus orígenes pero que ha sido completado con otros que lo hacen atractivo. Tras la antigua barra, una pequeña cocina en la que se mueve, sin más ayuda, el propietario y cocinero. A los clientes les atiende con amabilidad su mujer, Pilar, que ejerce también como sumiller y que maneja una cuidada bodega. Muchos detalles, especialmente en la cristalería, y en la presencia de un atractivo y variado repertorio de buenos aceites o de licores de todo tipo.

En La Romana no hay carta. Sólo un menú fijo que cada día decide Jesús en función del mercado. Elaboraciones muy creativas, que se basan en materias primas de excelente calidad y en la técnica del cocinero.

En relación al menú que nos preparó Jesús, en esta ocasión 12-13 platos, de los cuales todos eran a compartir por lo que se hace difícil diferenciar entre entrantes, primeros y segundos.

En cuanto a los entrantes empezamos con un taco de salmón marinado con guacamole, cebolla encevichada y huevas de yuzo de un sabor espectacular, a continuación probamos los dumplin de berberechos de alioli con huevas de wasabi con un sabor intenso en boca que nos sorprendió de forma muy grata, seguimos con las empanadillas de morcilla, pera y nueces, sabor agradable y correcto.

Después de estos entrantes empezamos con los primeros, jamón de bellota puro acompañado de Pa amb tomàquet, muy rico todo. Seguimos con un plato más elaborado, ceviche de lubina salvaje con aceite de menta, maridaje perfecto el de todos los ingredientes de este plato, sin llegar a ser un ceviche muy fuerte. Lo siguiente que nos trajo Jesús fue el salteado de hongos y guanciale, sabor muy bueno y sobre todo lo que nos llamó la atención fue el huevo que ligaba todo de manera genial, para que le dieran ese punto de espesor al salteado, nos confesó Jesús que echaba un huevo entero y luego dos yemas sin la clara. Como último primero paladeamos un carpaccio de foie de oca, trufa blanca y burrata, sabor brutal de todos los ingredientes de este plato, nos fascinó.

Y por fin llegaban los segundos, con unos langostinos a la sal con muy buen sabor, se notaban que eran muy frescos. Para terminar un lomo alto de buey gallego a la brasa con ajilimoji, para nuestro entender el plato un poco más por debajo de todo el menú, ya que la carne estaba un poco hecha de más y la salsa un poco fuerte y mataba el sabor que pudiera aportarnos el buey gallego; eso si, hay que reconocer que el acompañamiento de las patatas puente nuevo, muy bien cocinadas y el punto que se le dieron rozaba la perfección.

Para terminar con algo dulce tomamos un pie de cítricos con menta, un sabor diferente, que recordaba mucho a un flaó (pastel de queso típico de Ibiza, donde la hierbabuena o menta hace que tenga un sabor muy especial). Un postre genial.

Toda la comida se regó con vino que seleccionó Pilar para que fuera el mejor maridaje posible a este excelso menú degustación. Para nosotros el menú no tiene nada que envidiar a ningún estrella Michelín en los que hayamos estado, es un rincón magnífico para degustar un menú de altos vuelos en un barrio tan castizo como es el de Carabanchel.

Tenéis más información, detalles y fotos de los platos que pedimos en nuestro blog:
zampurreando.com/2016/06/10/la-romana

Miss Migas

WOW. Vaya con Jesús. Pinta guay!

18 de enero de 2017

11/04/2011

Sensaciones

Después de mucho esperar hoy fuimos a comer un grupo grande a la Romana. Lo primero que choco es que preguntasen si habíamos estado antes en el restaurante, como si no ibas con alguien conocido no había mesa.

La verdad es que el problema de quedar con mucha gente es que siempre se dan de baja algunos, se apuntan otros y sobre todo la gente llega tarde, tuvimos a una plusmarquista que llego hora y cuarto tarde, lo cual creo que retraso los planes del cocinero, eso si, eramos los únicos clientes y aguantaron con una sonrisa en la boca y se adaptaron a nuestra protagonista y a sus desesperados acompañantes.

El restaurante esta en una calle pequeña, en un barrio obrero (que no peligroso, había gente acojonada por ir a comer a Carabanchel) pero no peligroso ni nada por el estilo, la verdad es que no vale nada, es realmente pequeño, diminuto, 4 mesas, no mas de 14 comensales (calculo yo), es un antiguo mesón (por lo que se ve) convertido en mini restaurante. Lo atienden una pareja, ella las mesas el los fogones, majos y atentos.

No hay carta, por lo menos no lo vimos, se prepara un menú a base de primeros, y dos segundos, en nuestro caso verduras al horno y carrillada. De los primeros la gente hizo la ola con las anchoas, la morcilla y los tigres, de los segundos, la gente no comento nada sobre las verduras y gusto en general la carrillada.

Entre los primeros nos pusieron unos huevos muy similares a los Viridiana, pero segun comentaron en la mesa mejores.

El pan y los aceites (como seis o siete botellas sacaron) increibles, nos gusto especialmente el que llevaba trufa.

De postre un sorbete fantástico.

Nos sacaron vino a su elección, bien, de todo, sabor y precio.

Al acaba sacaron un montón increíble de botellas de licor y múltiples copas (para dar la posibilidad de probar varios (o todos)), los licores fueron por cuenta de la casa.

Durante la comida insistieron continuamente en saber como habíamos llegado hasta allí, curioso al menos.

El precio, desde mi punto de vista disparatado, sinceramente comimos de fabula, muy bien, muy curioso y rico todo, tampoco nos pasamos con el vino, 3 botellas (de 31 euros) entre 9, bien elaborado, y todo eso, pero 105 euros por barba me pareció un poco excesivo con la que esta cayendo en España, ojo, sabíamos a donde íbamos, simplemente que digamos que el flipe y la buena experiencia no fue de 105 euros.

En general, todo perfecto, salvo como digo el precio un poco disparado. La experiencia me recordó un poco a Viridiana, pero sin el glamour ni el local, la misma manera de entender la cocina.

En unos años puede ser que nos replanteemos el volver.

03/01/2010

Un rincón secreto en Carabanchel

La Taberna La Romana es uno de los auténticos rincones secretos gastronómicos que se pueden encontrar en Madrid. Se encuentra situado en Carabanchel, a pocos pasos del Hospital Central de Defensa y de la Plaza de toros de Vistalegre. Para llegar es necesario callejear un rato por una calle de aparcamiento casi imposible pero a 200 metros aproximadamente cuenta con un aparcamiento cubierto que recomendamos utilizar.

Una vez dentro, nos encontramos con una pequeña taberna tan típica como cualquier otra de un barrio madrileño. Sin embargo, desde una primera toma de contacto ya sorprende la amplia Bodega que mima cada día Pilar ofreciendo vinos de cualquier tipo y condición procedentes de los lugares más remotos del mundo. En nuestra última visita nos ofreció un vino israelí llamado Yarden además de un buen bivarietal que mezcla syrah y velasco y que se llama Ellince
Jesús es el encargado de la cocina y es un auténtico artista en la mezcla de sabores. Si se le puede criticar algo es la complejidad en los nombres de los platos pero sólo lo hace para describir claramente lo que se va a tomar. Un ejemplo de los magníficos platos que ofrecen son los que probamos en la última visita:

Gazpacho frío de remolacha, pera, manzana con tartar de tofu

Presa Ibérica embuchada

Cecina

Salmorejo con pimiento choricero, garbanzos, manzana, aceite, pimentón, comino y ajos

Queso de uva de Barolo

Bombón de foie relleno de cereza con crujiente de plátano deshidratado

Arenque marinado con sopa de tomate, chile habanero, flores de manzana y lima, migas de naranja y polvos de mozzarella

Torrija de vainilla de Bourbon y pan de leche de oveja sobre infusión de fresas

En lo que respecta a la sobremesa, suele ser normal que puedas compartir alguna conversación con ellos lo cual enriquece más la experiencia gastronómica. Pilar también prepara los gin-tonics con mucho arte y se puede disfrutar de una buena copa en un entorno muy agradable.

17/09/2009

Una dirección (casi) secreta

Resulta divertido de vez en cuando descubrir direcciones semisecretas, de esas que comparten un pequeño grupo de iniciados pero de las que apenas se habla en los foros gastronómicos y mucho menos aún en las páginas de los periódicos. Así que, llevado por la curiosidad, me acerco hasta Carabanchel, a espaldas de la plaza de Vistalegre, para conocer sobre el terreno un sitio peculiar. Tan secreto que sus propietarios exigen reserva previa, pero no reservan a nadie que no vaya “recomendado” por otro cliente. Un gesto exagerado que supongo que a partir de ahora tendrá que cambiar. Lo que sí es cierto es que hasta el momento la clientela no es la del barrio. Hasta allí se trasladan empresarios y ejecutivos de todo Madrid, atraídos por la peculiaridad de esta taberna y por el buen hacer de sus responsables.

El local lleva 25 años abierto ya que era un pequeño mesón de barrio propiedad de los padres de Jesús Gutiérrez. Este estudió cocina en la Escuela de Hostelería de Madrid y poco a poco fue transformando el mesón en un lugar para entendidos. Comedor modesto, con capacidad máxima para doce personas, que conserva muchos detalles de sus orígenes pero que ha sido completado con otros que lo hacen atractivo. Tras la antigua barra, una pequeña cocina en la que se mueve, sin más ayuda, el propietario y cocinero. A los clientes les atiende con amabilidad su mujer, Pilar, que ejerce también como sumiller y que maneja una cuidada bodega, algo escasa de vinos blancos. Muchos detalles, especialmente en la cristalería, y en la presencia de un atractivo y variado repertorio de buenos aceites o de licores de todo tipo.

En La Romana no hay carta. Sólo un menú fijo que cada día decide Jesús en función del mercado. El nuestro, con un completo aperitivo, siete platos y dos postres, salió por 90 €, vinos aparte. Elaboraciones muy creativas, que se basan en materias primas de excelente calidad y en la técnica del cocinero, y a los que hay que reprochar un exceso de barroquismo: demasiadas cosas en el plato cuando la cocina actual tiende a lo contrario, y sobre todo muchos toques dulces que llegan a cansar en un menú largo. Aún así, muy interesante. Aunque si van ustedes por allí el menú será diferente, les cuento algunas cosas del nuestro para que se hagan una idea. Lo más destacado unas sopas de ajo (sopas tostadas) con huevo trufado y lardo italiano, excelentes; lo mismo que unas migas de pastor con arenques marinados y yema de huevo gelatinizada, y que un jarrete de ternera blanca hecho con especias durante 48 horas. Entre lo menos conseguido, el bombón de foie relleno de plátano asado, escaso de interés; y un estofado de colmenillas envueltas en láminas de wagyu con un exceso de aceite de naranja que anulaba al resto. Muy buenos los postres: torrija caramelizada con vainilla, y yogur de leche de oveja con fresas en infusión.

30/11/2009

Maridar lo descubrió en enero de 2009

Restaurante en Carabanchel

Pendiente