Cocina con una estrella Michelín en la que el producto, la delicadeza y la verdad están latentes por todas partes. En un marco incomparable y con un servicio atento, todo tipo de comensal encontrará aquí disfrute.

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07/12/2016

Producto, delicadeza, elegancia y gusto

Diciembre 2016

La cocina de Nacho Solana conjuga tradición con contemporaneidad con elegancia y delicadeza. El producto de temporada, calidad y cercanía se trata aquí con la virtuosa mano de un cocinero capaz de tener la sensibilidad de darle a cada ingrediente su tratamiento preciso y perfecto.
He visto mucha evolución en sus platos (he tenido la suerte de visitar esta casa casi cada verano con mi familia desde que yo era adolescente), cada vez más limpios, más esenciales y más redondos, gustosos y muy disfrutables.
Aquí se puede comer tanto a la carta como dejarse llevar por el menú degustación que, en mi caso, contuvo bocados deliciosos como el Tomate Pasificado a modo de Ensalada Caprese, el Jibioncito a la Plancha, la Ostra con Maiz, el soberbio Pichón con Udon o el espectacular Rabo de toro guisado y deshuesado, además de otros muchos.
La localización es incomparable, las vistas al valle en un día soleado son preciosas y el servicio cuida cada detalle consiguiendo el equilibrio entre profesional y cercano que hace que todo el mundo se sienta como en casa.
Desde luego, uno de los más grandes de Cantabria. Imprescindible.

(AGOSTO 2014)
No es difícil entender, una vez vivida la experiencia, que Solana es uno de esos restaurantes que se deben tener bien en cuenta si se quiere disfrutar de una buena comida en un entorno incomparable. Ya hablaba en diciembre del año pasado de esta cocina pero una nueva visita hace que me sienta obligada a reafirmarme en mis palabras: me quito el sombrero ante Ignacio Solana y todo su equipo tanto de cocina como de sala, que han vuelto a conseguir que el menú que comí el pasado lunes pase a ser uno de los referentes del año. Su propuesta busca sin duda aunar la técnica con el producto, siendo este último el gran protagonismo, siempre de suprema calidad y en su carta se pueden encontrar desde los guisos y las croquetas de su madre hasta platos que apuestan por ingredientes menos utilizados y combinaciones más arriesgadas.

Lo bueno de Solana, y algo que creo que debe remarcarse, es que hace tanto que disfrutes de un completo menú degustación como de cualquier plato de carta, a precios imbatibles para la calidad que se oferta, una lástima que haya que subir hasta la Bien Aparecida para hacerlo porque sino estoy convencida que sería el lugar en el que comería cada día; unos un buen plato de cuchara, otros pescado, también unas verduras del país o unos fantásticos huevos de corral, para gustos los colores.

En esta ocasión, y volviéndonos a dejar en las manos de Ignacio, sólo repetimos un plato de la última vez que había estado, y totalmente necesario porque ese tartar de salmón que aquí sirven es sublime.

Empezamos con un rico chupito de salmorejo, una buenísima croqueta, de esas que lloran y están cremosísimas por dentro, y una versión de la tortilla de patatas para tomarse con los dedos de un solo bocado.

Sabía el cocinero mi predilección por la cuchara así que en esta ocasión sirvió unas pochas, solamente con verduritas, tiernas, cremosas, con sabor, para comerse una olla entera. Y siguió con lo que él llama caviar de Ampuero, que no es más que unos pimientos choriceros todavía verdes, que sólo se dan cuarenta días al año y que prepara ligeramente aderezados con una lámina de ajo y luego fritos; la piel se despega casi sola y su sabor sutil, medio dulzón, se convierte en pura mantequilla en la boca.

“Entre Santoña y Laredo” es como llaman al agua de tomate que baña y enlaza unos boquerones en vinagre con un salado helado de anchoa que no lo resulta integrado en el plato sino que se equilibra añadiendo también el punto crujiente de la espina frita.

El salpìcón de la huerta es un falso tomate que..... PARA LEER TODO: cocinayrecetas.hola.com/blogclaramasterchef/20140823/restaurante-sol...
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(DICIEMBRE 2013)
Hay ciertas comidas que se recuerdan salivando cuando uno escribe sobre ellas. Son esas comidas que repetirías sin cesar, aquellos lugares que no sólo viven del menú degustación sino que recuperan platos que guardamos en la memoria y que, además, los hacen para caerse de culo.
Un soleado sábado cántabro hizo el resto del milagro y el paseo hasta el santuario de La Bien Aparecida se convirtió en el hit de todo el fin de semana. Nacho nos recibió en La Solana junto al resto de su equipo (Erika entre ellos, una ex concursante de Topchef) con una enorme sonrisa y toda la amabilidad del mundo en una sala que puede presumir de sobriedad y calor al mismo tiempo, un amplio ventanal de cara al paisaje otoñal te transporta a un lugar mucho más alejado de la realidad. Pero todo eso se complementa con una cocina fantástica y muy generosa (son raciones grandes) que no olvida el producto pero que se ayuda de la técnica para ir un paso más allá.
Panes tiernos en la mesa y un riesling que me encantó empezaron a acompañar el primer plato, una crema de foie caramelizado y espuma de avellana muy suave al paladar, en un contraste fantástico con el fruto seco pero si la hubiese probado Philippe Regol la habría mandado directamente a las estancias de los postres.
Pedimos que nos incluyeran el guiso del día ya que en otras visitas que yo había hecho nunca lo había probado, y qué bien hicimos. Las alubias blancas de San Pantaleón, frescas por supuesto, con su chorizo y su morcilla y con un gracioso toque de zanahoria que remarcaba el plato, creo que las mejores que he comido en mi vida.
En media botella a modo de plato llegó el chipirón de guadañeta sobre fideúa de su tinta y aire de agua de mar, fantástico modo de tratar un producto para....

Si quieres leerlo todo sólo tienes que ir a:
missmigas.com/2013/12/la-solana-santander.html

Te recomendamos:

13/10/2016

Cantabria infinita

8/10/16

La Solana se encuentra a 40km de Santander, justo enfrente de La Bien Aparecida, rodeada de laderas verdes de pasto. 100% esencia cántabra.

Nada mas entrar, lo primero que te llama la atención, son los impresionantes ventanales, a través de los cuales se tienen unas privilegiadas vistas de un paisaje autentico de Cantabria, al hacer la reserva pedir que os sitúen pegados a estos ventanales, ya que del resto de la sala no se puede decir mucho.

La carta de vinos se presenta en un iPad, muchas referencias ordenadas por tipo de vino y DO a precios muy razonables. A nosotros se nos recomendaron abrir con un Yenda Spicata, un blanco cántabro mezcla varietal de Riesling y Albariño, resultó un vino muy fresco y herváceo. Continuamos con un Rompebotas un interesante Rioja de Uva Graciano, goloso y complejo.

Según va avanzando la comida te vas sorprendiendo por lo que Ignacio Solana pone encima de la mesa, fantástico producto acompañado de mucha técnica.

Comenzamos por el TOMATE PASIFICADO, se le aplica el mismo proceso que a las uvas pasa. El resultado es visualmente bonito, la carne del tomate adquiere una textura tersa y con sabor que mezcla los matices dulces y ácidos del tomate. Viene acompañado de una ligera crema albahaca y queso. Delicioso, de esos bocados que recodaré siempre.
La CROQUETA QUE LE ROBAMOS A MI MADRE, un empanado limpio de grasa y una bechamel muy cremosa, pero donde no fui capaz de apreciar el jamón.
Seguimos con una OSTRA A LA BRASA sobre una crema de maíz y una pizca de cilantro, una ostra francesa ligeramente marcada, que envolvía muy bien con la crema, volviendo nuevamente al juego de contrastes dulce/ácido.

Envuelto en una nube de humo, como si de una estrella del pop se tratara nos pusieron el TARTAR DE SALMÓN DE ALASKA, un plato brillante por su simplicidad, un salmón de color oscuro, cuya textura y punto de ahumado es simplemente perfecto, se acompaña de un helado de pepino e hinojo que aporta frescura al conjunto.
No soy especialmente fan de los juegos de humo frío protagonizado por el nitrógeno líquido, me parece que ya están muy vistos, pero entiendo que tenga sus defensores.

HUEVO A BAJA TEMPERATURA Y CRUJIENTE CON DEUXELLE DE SETAS Y TRUFA DE VERANO, respeto la complejidad técnica de este plato, ya que se consigue un huevo poché con una capa de costra de empanado. Pero el resultado en boca se me hizo demasiado pesado, el sabor del crujiente predominaba en el plato y no pude apreciar la trufa de verano.

Seguidamente se presenta un MAGANO DE GUADAÑA CON CRUJIENTE DE SU TINTA, otro de los platos que mejor recuerdo me han dejado de esta experiencia. Primero porque encontrar un magano de estas dimensiones es tarea complicada, más aún con semejante punto de cocción, respetando todo el sabor de la materia prima y con un crujiente (que no resulto crujiente) de su tinta que aportaba mucho sabor al conjunto.
En la misma linea está el SALMONETE, un soberbio punto y un producto recién recogido del mercado. Simplicidad pero ante todo respeto por la materia prima.

Más tradición, mas cocina, seguimos con unas ALUBIAS ROJAS, un fondo lleno de sabor pero nada pesado.
Concluyendo con el apartado salado, PICHON en dos cocciones, la pechuga al horno, el muslo guisado, acompañado de pasta udon. No es precisamente el pájaro más fácil de trabajar en cuanto a puntos se refiere, Solana lo borda. Este pichón está a la altura del disfrutado en Azurmendi hace un año.

Comenzamos con los dulces con una rica TARTA DE MANZANA ACTUALIZADA, un canutillo relleno de una especie de crema de manzana, con dulce de leche.
Igual de original fue el REGRESO AL FUTURO, una reinterpretación del arroz con leche. Una crema dulce y arroz inflado por encima.
Terminamos con una TARTA DE QUESO, de una textura que perfecta, en la línea de mi preferida, la del Restaurante Cañadio.

Por último unos PETIR FOURS de los que destacaría, por trabajada la gelatina de gin tónic.

Eché en falta la presencia del chef en su propia casa, me gusta conocer a quien está detrás de estos grandes restaurantes, pero seguro volveremos, ya que exceptuando el huevo y la croqueta todos los pases del menú están en un notable alto / sobresaliente.

Con dos botellas de vino salimos a 85€ p.p, con esta RCP repetiría un par de veces al año.

Miss Migas

Sin duda de mis restaurantes favoritos. La cocina de Nacho es estupenda. Imprescindible.Gran reseña =)

13 de octubre de 2016

16/04/2019

En medio de los prados verdes de Cantabria

Tras visitar el Santuario de la Bien Aparecida, patrona de Cantabria, en Ampuero (Cantabria) tuvimos el placer de nada más cruzar la carretera conocer el restaurante Solana, donde Nacho Solana comanda esta maravilla de la gastronomía, la cual ha vivido muchísimas transformaciones, siendo esta ya con Nacho la cuarta generación que continúa dedicándose al noble oficio de la hostelería. Ha sabido combinar los guisos tradicionales que le enseñó cariñosamente su madre Begoña, con platos realmente vanguardistas, lo que le ha supuesto una estrella Michelín y dos soles Repsol en su haber. Enhorabuena.

El comedor también ha ido modernizándose, si bien aún le quedan aspectos por mejorar. Lo que sí que realmente merece la pena es poder escoger alguna de las mesas que se encuentran junto a los enormes ventanales del local, desde donde podemos observar a las simpáticas vacas tudancas, raza autóctona de la zona occidental de Cantabria. Las mesas y las sillas sí que fueron de nuestro agrado. Mesas amplias, bien vestidas con mantelería clara y sillas mullidas y muy cómodas. Vajilla espectacular y muy variada, y cubertería y copas muy adecuadas, igualmente, por lo que muy buena nota en lo que se refiere a dicho apartado.

En cuanto a lo propiamente gastronómico hablando, comencemos con los innumerables aperitivos. Lingote de foie y chocolate blanco "caviar" Pedro Ximénez. Trampantojo de los de órdago. A simple vista parecía un "filipino" de chocolate blanco, pero si se cerraban los ojos uno tenía la sensación de saborear foie de los que se ofrecen en los lugares expertos en la materia.

Continuemos. La croqueta campeona del mundo 2017. Todo dicho, ¿verdad? No seamos tan austeros en materia lingüística y contemos algo más. Las croquetas eran realmente cremosas y líquidas, con un rebozado al estilo panko japonés. Y si bien es cierto, que el título es efímero y simbólico, ahí queda eso.

A continuación, dos en uno: buñuelo de compango y bocadillo de anchoa y tomate. Ejemplo claro de cómo Nacho sabe hacer uso óptimo de los productos del entorno. Tierra y mar, en este caso. En lo que respecta al primero, una mini degustación de lo que sería el acompañamiento de las alubias y después una anchoa ¿de Santoña? para tener el kit completo.

El siguiente aperitivo nada que ver con el inicial en cuanto a la ejecución. Solidez, transparencia y naturalidad, sin secretismos y sorpresas. El producto mostrando todas sus vergüenzas a calzón quitado: la alcachofa natural. Alcachofa a la que le acompañaba un aceite natural de primera, para demostrar lo cautivadora que puede resultar a ser la sencillez.

Otro elemento que últimamente no falta en los restaurantes de relumbrón, pero siempre con el toque personal de Nacho: ostra Guillardeau con gazpachuelo cántabro. Maridaje perfecto, indisoluble diríamos. El sabor del mar que proporciona la ostra, se ve dulcemente atenuado con esta versión del gazpacho. Bravo.

Último aperitivo: prisma de bogavante. Son de los platos que enamoran al sentido de la vista y además posee otra cualidad, en un sólo bocado se tiene la posibilidad de paladear multitud de sabores. Gastronomía con muchas virtudes.

Ya entre los platos, empezamos con un clásico, pero con matices, puesto que Nacho siempre quiere ofrecer algo más. En realidad, se trataba de un cocido muy sui generis, dado que los elementos tales como chorizo, morcilla, alubia y berza se hallaban escondidos, pero se identificaban perfectamente, bien liderados por el hilo conductor, que no era otro que el jugo que se vertía.

Y para que vean como Nacho en muchos casos se encuentra reñido con lo clásico se nos presentó una fuente con rejilla de la que salía humo frío, la gasificación del nitrógeno líquido, para acompañar a un delicioso tartar de salmón rojo de Alaska con aguacate y helados de pepino e hinojo. Espectacular, tanto el sentirnos en Alaska, como toda la composición del plato.

A continuación, lo que para los allá sitos en la mesa consideramos lo más suculento de la jornada: ravioli de boniato, setas, foie y sopa de rabo de toro. La delicadeza y finura de la pasta es de ensueño y muy bien acompañada por una sopa de rabo sabrosa y ligera.

Más. Pieza de ternera a la pimienta verde y clorofila. ¿Otro trampantojo? En nuestro caso, porque en ningún momento sospechamos que la pieza que saboreamos era lengua. Y la escolta gastronómica de matrícula de honor: salsa bearnesa con un licuado de lechuga y acelga y unos tirabeques crujientes.

Otra sorpresa: callos de bacalao estofados con carabinero y crujiente de la piel del bacalao. Eran tan distintos los sabores, pero al mismo tiempo combinaban tan perfectamente, con lo que nuestra percepción nos invitaba a pensar que nos hallábamos ante una cata de platos.

Sin abandonar el pescado, nos dimos un auténtico festín con el denominado rape negro, curry rojo, moluscos y "aire" de agua de mar. Sabroso, muy bien presentado y óptimamente desespinado. Aplausos.

Y para terminar nuestro homenaje, el crujiente de chón, su jugo, frutas y hortalizas. cochinillo tiernísimo, al cual la presencia de la manzana y del apio le dan un sutil sabor dulce y ácido al mismo tiempo.

Momento de los postres. Si hablábamos de colorido, en este apartado sí que Nacho ha desplegado su amplio repertorio. Primero, cromatismo rojo de fresas. Consistía en unas fresas maceradas en vinagre de fresa con sorbete de tomate y coronado con un crujiente de frutos rojos. Muy refrescante.

Y si refrescante resultó el anterior postre, más aún el siguiente. Esta vez en tonos amarillos, en lugar de tonos rojos: viaje a Tailandia. Crema de especias thai en la base, formado entre otras especies por cúrcuma, galanga, curry, jengibre, y sobre ella trozos de mango natural con sorbete de yogurt, crujiente de merengue, ralladura de lima y terminado con una crema fría de mango, papaya, fruta de la pasión, y cítricos. Por cierto, su origen proviene del restaurante Paste en Bangkok.

Finalmente, para hacer digna compañía a nuestros respectivos cafés: selección de golmajería "Petit-Fours". Gominola de fruta de la pasión; Roca de dulce de leche y Coquito. Buen fin de fiesta, sin duda.

Sus mayores trucos de magia gastronómica les esperan en Solana. A disfrutar.

Última visita: 05/04/19
Web del restaurante
Ver ubicación

La Bien Aparecida Nº11
C.P.39849 Ampuero (Cantabria)

942 67 67 18

gastrodisfrute.blogspot.com/2019/04/en-medio-de-los-prados-verdes-d...

13/08/2017

Una estrella Michelin, tal vez, un poco sosa.

Restaurante con una estrella Michelin que ofrece un menú degustación a 68€ que está muy bien.

Carta que varía por temporada. Pimientos verdes de Ampuero fritos, buenísimos, tomate ecológico con ventresca y cebolla, croquetas de jamón (las mejores del mundo según Madrid-Fusión 2017), anchoas con pimiento verde y helado de pimiento del piquillo, almejas a la marinera, maganos (chipirón) encebollados, pochas al estilo navarro, huevos de corral con jamón de Jabugo y patatas fritas, todo muy bueno.

También, rabo de toro estofado con puré de apio, picasuelos (pollo de corral) guisados, lubina a la sal con salsa holandesa, salmonete con meuniere de sus cabezas, lomos de salmonete a baja temperatura, rape al horno tradicional, merluza a la romana, ventresca de atún rojo a la piedra de sal negra rodaballo salvaje al horno con refrito, solomillo frisón a la parrilla con puré de manzana y mucho más.

Los postres, buenísimos. Tiramisú en paisaje, tarro de yogurt con fresa y helados de galleta, surtido de delicias dulces.

Tienen un bar al lado del restaurante con pinchos y raciones con muy buena pinta.

08/04/2019

Restaurante cántabro con amplio reconocimiento.

Marzo-2019

Solana es un restaurante de carácter familiar, ubicado en una casona típica de la región, donde predomina la madera y la piedra, y situado casi frente al santuario de la Bien Aparecida - patrona de Cantabria- en el municipio de Ampuero.

Restaurante bien conocido en el mundo de la gastronomía que goza de positivas opiniones tanto por critica como por los aficionados al buen comer. Opiniones positivas que además le han valido que la guia Michelin le haya otorgado una estrella michelin y nuestra guia Repsol, dos soles.

La historia del restaurante Solana se remonta hasta el año 1940 cuando la primera generación de este restaurante familiar comenzó la andadura, ofreciendo, con un bar-restaurante y con escasos medios comparado con la situación actual, recetas que se elaboraban con alimentos que se cultivaban en el mismo pueblo, y ello sin desatender sus labores cotidianas.

Los tiempos cambian y la familia aumenta. Dos de esos descendientes deciden dedicarse al negocio de la hostelería, uno de ellos, Jesus, emigra a Luxemburgo donde instala un restaurante de igual nombre y otro de ellos, Jose Antonio queda al frente del negocio familiar.

Reseña completa y fotos en comercongusto.es/solana

08/09/2015

Desde la montaña, se mira al Cantábrico

Me atrevería a decir que Solana es el restaurante estrellado cántabro con más público, aunque sea el más apartado geográficamente hablando. ¿Por qué? Fundamentalmente por su relación calidad precio y porque Ignacio Solana cocina para el pueblo, para la gente, para que todo el mundo lo entienda y lo disfrute. Cocina apegada al comensal, que le mira cara a cara.

Antagónicamente, desde La Bien Aparecida (Patrona de Cantabria) con vistas a la montaña y al valle, la mar reluce a través de la sardina, el chicharro, el bonito, el rape, el salmonete y las cocochas de merluza. Todo un paseo por el Cantábrico. Si tuviera que destacar una sola cualidad de la cocina de Solana, sería la calidad y el punto que le aporta Ignacio al pescado.

Comenzamos con una serie de aperitivos. Primero un agradable tomate pasificado que se acompaña de crujiente de frambuesa. Le sigue una croqueta de jamón de esas que penden de un alambre y se finaliza con unos pimientos verdes fritos. Verdura que se merece una pausa y unas líneas. De temporada mínima, dos meses que van de mediados de Julio a mediados de Setiembre, se trata del pimiento choricero recogido en verde. Para su preparación se introduce ajos en su interior y se fríe en abundante aceite de forma rápida. El resultado es un pimiento de carne tersa y sabor profundo y elegante. Una excusa para visitar este restaurante todos los veranos que ellos denominan “caviar de Ampuero”.

A continuación el bao escabechado, localizándolo en el Cantábrico a través del chicharro (jurel). Con mucha jugosidad, destacando el escabeche por un equilibrio de sabrosura y elegancia. Sobra el hecho de pincelar el bao, haciéndolo demasiado callejero.

El ajoblanco con queso y sardinas es un encuentro entre el sur y el norte. La sopa andaluza al mezclarla con el queso se espesa perdiendo algo de ligereza. Agradable el punto amargo de la cebolla encurtida que es el nexo de unión entre la sardina y la “crema”. Bien resuelto.

El primer ejemplo del magistral punto de Ignacio otorga a los pescados son las cocochas al ajo arriero. Sencillo y placentero. Las glándulas están realizadas al vacío y mantienen todavía algún punto rojizo de su crudeza. En boca resultan excelsas tanto en sabor como en textura. Se acompañan de un suave y etéreo ajoarriero con el que Ignacio acaba rematando un gran plato.

Del arroz con carabinero, me quedo claramente con el crustáceo y un suave alioli. El cereal se liga con el extracto del marisco una vez hervido en lugar de hacerlo con un buen fondo, lo cual provoca que el arroz no haya absorbido toda la potencia yodada. Desajuste.

Pasaríamos a la ventresca de bonito, atemperada con una piedra de sal que se fusiona con yema de huevo (Raúl Aleixandre en la época de Ca Sento). Simplemente de 10. Grasa fundida entre las láminas del túnido. Bocado de excelente jugosidad y punto. Puro hedonismo. ¡Viva el bonito¡ . De esas elaboraciones por las que merece la pena volver siempre. La mejor ventresca del verano.

En esa misma línea de excelencia con el pescado, el rapo al ajo negro y tirabeques. El ajo impulsa hacia arriba el sabor elegante de este pescado de textura carnosa haciéndolo muy suculento. Producto en ración generosa. Los tirabeques aportan crujiente y refrescan ligeramente cada bocado. Sobresaliente.

Se nombra a Marcos Morán a la hora de presentar el salmonete con una meunière de sus cabezas. Al pescado tras su paso por la roner se le reconocen fácilmente cada una de las lascas en la boca, manteniendo además su sabor más puro. La salsa debido a su cantidad y a un profundo gusto a mantequilla desequilibra el resultado final pero afortunadamente esto es de fácil solución, cuidando las proporciones. Mejorable.

La única carne del menú es el pichón en dos cocciones con puré de sus higadillos y apionabo. Pechuga casi sangrante, mientras que el muslo perfectamente guisado. Profundidad y mucho gusto a través del puré de sus interiores. EL apionabo le aporta cierta terrosidad y un toque vegetal que equilibra. A partir de una influencia proveniente del plato de Paco Morales en Altrapo, se produce otro de gran nivel con un resultado distinto. Muy gustoso.

Como único postre, el tiramisú en paisaje. Algo desfasado en el tiempo esta tendencia paisajística. De sabor agradable, pero también complejo de degustar debido a la vajilla y a la dureza del “tronco”.

Solana es esa clase de restaurante que se recomienda a cualquiera y siempre se acierta. Ignacio mantiene los pies en el suelo para que los comensales sigan subiendo hasta la Bien Aparecida. Hasta aquí se viene, nadie pasa de paso. Se deben provocar buenas experiencias sin jeroglíficos para lo cual se necesita saber hacer, complicidad y cercanía. Se cocina desde el producto hacia sabores de fácil reconocimiento

Para alimentar el recuerdo, los pimientos (ya estaban en la memoria a largo plazo), la ventresca de bonito, las cocochas y ese rape con ajo negro y tirabeques. Algunos desajustes en el arroz que acompaña el carabinero, el exceso de meunière con el salmonete y el postre no ocultan para nada una cena de nivel.

Solana: Desde la montaña, se mira al Cantábrico complicidadgastronomica.es/?p=5335

Miss Migas

Para mí, todo un templo, y Nacho y su familia, estupendos. Visita obligada en Cantabria donde un platito del guiso del día y ese caviar de ampuero entre sus platos más gastronómicos son imperdibles. Fantástica reseña, Isaac.

8 de septiembre de 2015

13/08/2015

Bien, aunque un poco elevado de precio

Merece la pena darse un paseo hasta la Bien Aparecida para probar el menú degustación de La Solana. La decoración muy agradable y bonita. La comida, bastante bien en general, aunque las cantidades menores que en otros sitios de similares características. Y el precio algo elevado.

Notable

30/06/2014

EL MEJOR ESTRELLA MICHELÍN DE CANTABRIA. ESPECTACULARES VISTAS.

Último fin de semana de junio. Quiero huir del calor y cuelgue que supone Madrid en verano y decido ir a pasar el fin de semana a la playa en Santander. Salgo de Madrid con solazo y 32 grados y 4 horas después llego a Santander con lluvia y 16 grados. Cojonudo.

El puto tiempo en Santander es una absoluta lotería, yo decidí arriesgarme y perdí.

Visto que me esperaba un fin de semana de cuelgue pasado por agua, decidí poner remedio y buscar un gran plan para compensar. No se me ocurría nada mejor que echar el sábado yendo a comer a SOLANA (1 estrella) con mis dos mejores amigos.

Solana se encuentra a la altura de Ampuero, concretamente en el Santuario de la Virgen de la Bien Aparecida, patrona de Cantabria.

El entorno espectacular. Está en lo alto de una montaña desde donde se puede contemplar un bellísimo paisaje. Norte en estado puro.

Desde Santander se tarda unos 40 minutos en llegar. Ir en taxi es carísimo por lo que tienes que llevar tu coche.

Solana ocupa la planta baja de un clásico caserío. El local es amplio y moderno. Sin duda lo mejor son sus grandes ventanales que dan a la montaña. Pide una de las mesas pegadas a los ventanales. La diferencia entre comer viendo el precioso paisaje o comer en “tercera fila” sin vista alguna, es abismal.

El sábado, como no, estaba diluviando. Sinceramente, prefiero que así fuera porque estar comiendo mientras ves el monte, las vacas y la lluvia chocar en los ventanales, aunque sea pleno verano, es algo precioso.

Al frente del restaurante está Ignacio Solana, un joven chef simpatiquísimo que desde hace un par de años ostenta una estrella michelín más que merecida.

En Solana pues comer a carta o menú. Para una primera experiencia, sin duda que hay que pedir el menú que consta de 2 aperitivos, 5 medias raciones y 2 postres. ¿Precio de este menú? 60 Euros. Brutal. En pocos sitios vais a encontrar un menú de estrella michelín por este precio. Y si hablamos de calidad y cantidad, creo que ya es insuperable.

El menú no está fijado sino que Nacho lo confecciona cada día según el producto que tiene.

Empieza con unos pequeños aperitivos a base de salmorejo, tortilla de patata y croqueta de jamón. Deliciosos los 3. Especial atención a la cremosidad de la bechamel de la croqueta.

El último aperitivo es una anchoa con helado de pimiento servido en la típica lata de conserva. Ligero y muy rico.

Pasamos al primer plato contundente. “Salpicón de la huerta” que consiste en un falso tomate relleno de marisco. La ración es grande. El salpicón en vez de con típica vinagreta viene ligado con una ligera mahonesa con curry, lo que añade contundencia al plato.

Ahora viene un plato de puro paripé que hará las delicias de más de uno. Consiste en un tartar de salmón rojo de Alaska con aguacate y helado de hinojo. Una vez servido en la mesa, le echan un concentrado de infusión de manzana sobre el nitrógeno líquido que lleva en la base lo que provoca que salga gran cantidad de humo. Divertido. La calidad del salmón es excelente.

Como plato de pescado, una buena merluza del cantábrico donde lo mejor es el caldo Dashi que le acompaña.

Llega el plato de Mar y Montaña que consiste en una deliciosa cigala acompañada de papada ibérica. Brutal la mezcla.

Y el menú acaba con un plato de matrícula de honor: molleja de ternera glaseada con puré de calabaza y zanahoria.

Si no eres de casquería, puedes probar la espectacular lubina a la sal que aquí preparan.

Como plato extra, pedimos que nos sirvieran su steak tartar (24 €) del que se dice es uno de los mejores de España. Lógicamente Nacho lo prepara delante de los comensales y da a probar el punto de picante. Laboriosa preparación a base de diversos ingredientes como mostaza negra, grano de mostaza, kétchup especial, huevo, alcaparra, cebolla…El resultado es sobresaliente.

Os aviso que el menú es largo y contundente. Por eso, meterse el menú y pedir como extra un steak tartar es algo que muy pocos podemos hacer aunque vale la pena el esfuerzo.

Además hay que dejar hueco para los postres que aquí están deliciosos.

El primer postre, el huevo de oro, lleva cáscara y clara con coco, helado de nuez moscada en la base, unos dados de piña fresca y mango a modo de yema.

El segundo postre es una tostada de pan brioche caramelizada con helado de lima que está brutal. Yo le pondría helado de nata en vez de lima para hacer ya el postre perfecto.

Como éramos tres, pedimos también probar la tarta de queso deconstruida y la tarta de queso normal. La primera está buenísima aunque el queso es potente. La segunda se acerca al nivel de la de Cañadío, considerada la mejor de España.

Todo esto, que fueron 4 horas de comida, regado con un Priorato “Cims de Porrera” (50 €) y un clásico Ribera “Malleolus” (40 €), salió a 100 € por persona. Precio insuperable.

Ha sido una de las mejores comidas de este 2014.

Sin duda es mi estrella michelín favorito de Cantabria, por encima de Serbal (Santander) Annua (S. Vicente) Cenador de Amós (Pontones) y El Molino (Puente Arce).

Miss Migas

No puedo estar más de acuerdo. Comí allí en diciembre y fue sublime. La cocina de Nacho es impecable y, además, es un encanto. En nuestro caso pedimos probar también el plato de cuchara del día y nos sorprendieron con unas fabes de infarto. Así, sí.

30 de junio de 2014

30/03/2014

Que cambien la música por favor

Uno de los menús degustación más interesantes que he probado, creo recordar que bastante barato además (fui hace tiempo). Local agradable, me dió pena lo vacío que estaba.

La música ambiental era espeluznante: Rebeca, Sonia y Selena y otros grandes nombres que desmerecían un poco el festín gastronómico.

01/08/2013

Soberbio. Sin fallo alguno

Sencillamente sensacional.

Empezando por la materia prima, siguiendo por la ejecución, continuando por el servicio y acabando en el precio, me parece un restaurante excepcional. Digno de su estrella Michelin.

Los primeros platos fueron el paté, unas alubias pochas y una ensalada de tomate de Ampuero. El pâté excelente, el tomate inolvidable, pero lo de las alubias (sólo de verdura) es antológico. Muy muy recomendables los dos últimos.

De los segundos destaco el que sean platos clásicos, con ejecución muy cuidada. Todas las raciones son generosas.

Me encanta que el enfoque sea platos convencionales con un punto adicional de mimo y tratamiento. Las raciones son generosas para este tipo de restaurantes. Quizás echo de menos que en los postres, no se guarden 3 o 4 clásicos porque son quizás demasiado innovadores.

Ellos recomiendan especialmente la torrija, pero es sensacional uno que denominan "buscando a Violeta"

Para los amantes del vino, la carta viene en un tablet muy didáctico. Precios de mercado.

El servicio merece un aplauso porque no lo esperas en un restaurante perdido en una carretera de montaña o frente a un lugar con mucha visita turística.

El precio, para un estrellado por Michelin, me parece muy correcto. Es más, calidad precio me parece bueno.

Lamentablemente no puedo opinar de las vista porque fuimos de noche.

Para mi, el mejor restaurante de Cantabria que he visitado

01/08/2012

LAS MEJORES VISTAS DE LA GUIA MICHELIN

Que Ignacio Solana,es uno de los mejores y mas intuitivos cocineros de Cantabria....no hay duda,sino acudid a este restaurante escondido en la ladera de un valle precioso e idilico en las montañas santanderinas.
A escasa media hora de Santander,se encuentra esta nueva Estrella Michelin....que os dejara asombrados por su calidad,sus productos y la maestria de sus cocina de temporada.
Perfectos los platos que componen su menu degustacion de 60 euros,quedas satisfecho....pero de verdad,a lo bestia y a base de delicatessens.
El helado de pimientos con anchoa,el centollo en copa cocktail,la milhoja de patata,manzana y foie,el rape,el salmonete,el cochinillo etc...todo fastuoso.
Charlando animadamente con Nacho,me di cuenta de que a parte de joven y enamorado de la cocina....tiene una filosofia de trabajo y de vida encomiable.
Muchos exitos a Ignacio,a su hermana y a su familia en esta andadura dificil pero que espero situe a este joven entre los grandes.
LAS VISTAS DESDE LA SALA DEL RESTAURANTE SON UN CUADRO VIVIENTE DEL PAISAJE BUCOLICO Y PASTORIL.

31/05/2011

Una Maravilla

Un local precioso en un lugar idílico en el que la máxima calidad del producto es su bandera.Cocina de autor depurada,pero raciones generosas.La vajilla,cristalería y mantelería es de 3 estrellas michelin.Los pescados salvajes siempre(rodaballo,merluza,San Pedro...)Las carnes impresionantes.La carta de postres super creativa,una maravilla.La relación calidad precio escandalosa.El servicio muy profesional y ofreciendo detalles continuamente al comensal.Se come de maravilla a la carta por 40 pavos lo que en cualquier otro lugar por lo mismo no bajaría de 70.
Me atrevo a afirmar que es uno de los 3 mejores restaurantes de Cantabria sin duda.

Palabra de gourmet.

13/08/2009

Excelente, excelente, excelente

Ni una sola pega se me ocurre para este restaurante que gestionan los hermanos Solana (Inma y Nacho).

Da igual lo que te apetezca comer, TODO está excelente y con una "presentación" que sorprende por el sitio en que estás.