Restaurante desde 1839 ubicado en La Puerta del Sol. Ahora también en el Mercado de San Miguel y el puesto nº 64 del Mercado de Torrijos. Lhardy ha sabido conservar el ambiente cortesano y aristocrático del Madrid del siglo XX y los comienzos del XXI, al mismo tiempo que las mejores fórmulas de la cocina europea.

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09/05/2016

Viaje en el tiempo

Entre proletariado y burguesía escojo al proletariado. Pero, ¡ay!, entre burguesía y nobleza, escojo nobleza. Esto es lo que yo defino como el dandismo leninismo, motor de mi existencia. Aunque en realidad sería más dandismo marxismo, o bien engelsismo (en realidad, sí, sería esto), porque como siempre digo, Lenin fue el que introdujo el tedio en esto de la revolución. Lenin era tan brillante como rollo de tío. Un tipo que dejó de jugar al hockey porque le quitaba tiempo de sus mil horas diarias de estudio.

Esto lo digo porque soy una pura contradicción y no me importa. Pienso que la gastronomía, como todo, tiene un potencial transformador, porque la gastronomía también genera identidades colectivas. Y pienso que podemos demostrar que se puede comer bien, con buen producto, por un precio relativamente asequible. Que la clase obrera no tiene por qué comer mierda, y que la mierda genera espacios de legitimación del mal. Y luego están los espacios inaccesibles para los de abajo, o bien por precio o bien porque el propio espacio “no está hecho para ti”. Resulta que sabiendo todo esto, a mí me gusta frecuentar los espacios de la nobleza y hacer dispendios económicos en la cosa gastronómica, porque sin frivolidades no somos naide. La unión de la nobleza y el proletariado contra el orden burgués neoliberal debe TRIUNFAR en la gastronomía.

Todo esto lo digo porque el viernes pasado fuimos a Lhardy. Mis abuelos celebraron su boda en Lhardy (62 años ha, cuando todo era en blanco y negro, cuando vivir en La Guindalera era como vivir en el Pozo del Tío Raimundo) y mi hermano llevaba tiempo diciendo que había que llevar a los abuelos a tan afamado local. Es una suerte seguir teniendo a los abuelos maternos en forma, llevamos acoplándonos a su casa a comer los viernes desde hace dos décadas, así que el pasado viernes tocó llevarles de paseo. Toda una experiencia.

Para empezar, llamamos a un cabify para recogerles en casa. Tiene su historia esto del cabify, coche un poco ejecutivo, parece que vas más con chófer que con taxista. Hicimos la entrada en el coche de manera muy regia, con la muleta de nuestra matriarca en el maletero y mucha serenidad. La expedición en coche desde La Guindalera al centro de los Madriles fue una demostración extrema de “todo ha cambiado que es una barbaridad”. Casi local por local, “aquí hubo tal tienda, aquí tal otra, aquí había este bar”. No queda nada de nada, ni siquiera el Banco de Santander de la Calle Alcalá queda ya. Llovía a cántaros, así que nos merendamos un atasco muy rico conversando sobre el pasado y el presente, que se reflejan y no mienten.

Llegada a Lhardy. Desembarco de abuelos. La entrada grande que se ve siempre de Lhardy no es la del restaurante. La que se ve es donde se toma uno el aperitivo o puede comprar sus delicatessen. Bien está eso. Pero no, la entrada está en una puerta pequeña justo al lado, que casi parece la puerta de atrás. La empuja uno y se encuentra un pasillito que ya es un viaje en el tiempo. Y la repanocha sideral es cuando aparece un señor grande, moreno, con barba, vestido con una gorra y chaqueta azul, cuya función es, según me pareció entender, pulsar un timbre que comunicaba a los habitantes del piso de arriba que llegaban comensales.

¿Qué falla en el párrafo anterior? Si doy el dato de que mis abuelos tienen 88 y 87 años (si no me falla la memoria), el tema erróneo es este: “el piso de arriba”. No tuvimos la agudeza de pensar que estos lugares añejos tienen pisos arriba. Pisos arriba que hay que subir, por escaleras. Porque en Lhardy casi todo está como estuvo en su fundación. Su fundación fue en 1839. Año en el que no se estilaban los ascensores. El abuelo todavía se defiende. Pero nuestra Cuchi tuvo que subir esos 25 escalones de manera heroica. Así al menos hizo hambre.

Llegamos, con un despliegue físico equiparable al del Atlético de Madrid en el Allianz Arena, a la planta superior. Donde nos recibieron los camareros. Diré ya que los camareros de estos sitios vetustos son de traca. Son de pirotecnia Caballer. Con su pajarita, su servicio de mesa y este rollo de “camarero un poco estirado”. Tan antiguo que les hace falta un chiste. No ganamos además su simpatía por dos motivos muy concretos. Uno, mi hermano, el artífice del encuentro, llegó 45 minutos tarde. Lluvia, viernes, visita de trabajo, atasco total. Dos, reservamos diciendo que queríamos Cocido y… ninguno tomamos cocido. Mi madre, presente en la visita, hace el mejor Cocido del Mundo Mundial. Sí, seguro que el de Lhardy hay que probarlo, pero habida cuenta de que Lhardy es el “restauran” más antiguo de Madrid, especializado en esa clásica cuisine de inspiración francesa, hacía más día de tomar pijaditas que Cocido. Otro día caerá el susodicho.

Con tanta explicación no he hablado de la planta superior. Que es como una planta de casa de abuela (o bisabuela), con madera, arañas (lámparas araña, no arañas de las que pican), velas, mesa peripuesta , cristalería variada, todo muy en su sitio. Todo de entrar en 1839. A uno le hace ilusión pensar que en este restaurante los Borbones gustaban de echar sus canitas al aire. Yo soy republicano y además pienso que de haber Rey debería ser Sixto Enrique. Pero cómo me gustan estas aventuras borbónicas… ¡picaruelos! ¡campechanos! Salones que han visto mucho. Toca decir aquí esto. Sí, está muy visto, pero toca decirlo. En serio: si las paredes hablasen…

Entre que esperábamos a mi hermano nos ofrecieron mantequilla puesta en rulitos (tan monos), el pan para untar (claro) y unas olivas. Ofrecen bebida, rellenan el vaso. Tuvimos mucho tiempo para charlar, dado el retraso. Yo también para observar las mesas. Esperaba encontrarme a gente de muchos títulos, pero la gente era más bien normal. A ver, gente que puede gastar pasta, pero no necesariamente el Duque de Medinacelli. Ni tampoco guiris en tirante y chancla. No me quité la americana, en cualquier caso, porque si no me la quito en las tabernas, tampoco en Lhardy. Para ahorrar tiempo, relatamos por teléfono la carta a mi hermano y le pedimos. Como premio, nos sacaron otra picaeta, unas croquetas muy ricas. Pedimos. Llegaron los platos. Llegó mi hermano.

Un clásico de Lhardy es el consomé. Esta fue la opción de abuelos y mi tía. El consomé ya lo tenía probado, así que en nuestro sector pedimos de entrantes una ensalada de langosta y un revuelto de setas con chirivía. El revuelto me encantó, la ensalada, más bien normalita.

Los segundos llegaron rápidos, cada uno lo suyo. Callos para la abuela, vol-au-vent con huevo revuelto y trufa para el abuelo (pensábamos que iba a ser imposible esto, mi abuelo lo que ama con devoción es el escalope empanado), pulpo, gamo, langostino al aroma de coco, pato confitado con naranja. Lo mío fue el plato confitado con naranja, me hacía mucha ilusión tomar estas cosas porque yo, más allá de la calidad, me imagino que estoy en el siglo XIX codeándome con nobles casquivanos y ministros cultivados (literatos, juristas y pendencieros, todo en una) tomándome este pato que seguro que el camarero o alguien decía que era “canard”. De beber, un Somontano que trajeron algo más caliente de lo que debería estar. Viñas del Vero, para que no me digan mis críticos que siempre olvido el nombre del vino. Mi pato a la naranja estaba pistonudo y la ración era grandecita. No probé más que lo mío, el pulpo de mi madre y los callos de mi abuela (el clásico sablazo a los vecinos de mesa). Todo muy bueno, aunque debe anotarse como punto negativo que sobraron callos al servir y no nos ofrecieron más. Sí, yo habría comido más callos.

Cuando las circunstancias de la vida (esto es, el gran atasco) hacen que la comida se retrase, en cuanto esta llega se come como si no hubiese mañana. No se si comimos casi con ansiedad. En el postre, no obstante, nos relajamos. Encargamos el soufflé, que es el postre más característico del lugar y que es una barbaridad. Merengue y helado de vainilla. Una cosa chiripitifláutica. Lo pedimos para cuatro, siendo seis. Repetimos. Yo habría tripitido. Era un elemento para golusmas insaciables.

Me dio pena terminar la comida, porque yo soy muy de los abuelos. Trasladar la comida de los viernes a Lhardy fue un gran hito. Tuvimos lo típico, repaso a la actualidad de la vasta familia Álvarez, discusión política, discusión futbolística, trepidantes cambios de tema de nuestra matriarca y un día para no olvidar.

Sale a 74€ por persona. Tal vez sea mucho, seguramente debería ser menos. Lo cierto es que en Lhardy pagas la comida, pero también pagas la Historia de la Gastronomía Madrileña, pagas subir los 25 escalones, la entrada de pasillo de “El Resplandor” y el servicio de mesa de los camareros old school, tan resabidos como eficaces. Vayan ustedes al número 8 de la Carrera de San Jerónimo. Hay que visitarlo una vez en la vida, tal vez incluso una vez al año.

guindillasmutantes.wordpress.com/2016/05/09/lhardy-madrid

Miss Superlike Aveli...

Me ha gustado mucho, mucho, mucho

9 de mayo de 2016

CubaLibre

Está en Kviar! Para la próxima.

9 de mayo de 2016

gastrolola

Me encantan estos detallazos gastronómicos con abuelos, padres o familia/amigos, en general. Enhorabuena

9 de mayo de 2016

Avelio

Excelente reseña Antonio, tienes que escribir más.

9 de mayo de 2016

Antonio Álvarez

Celebro que os guste, a mí me encanta escribirlas. Aunque me centro más en los lugares de mi barrio, pero siempre está chulo visitar los clásicos.

10 de mayo de 2016

06/06/2016

Porque es bonito

Noviembre 2015.

Estuvimos tomando algo en la pastelería-hall. Es un sitio un poco raro porque allí lo mismo te puedes tomar una caña o un vino que comer pasteles o algo saladito; digo raro porque no deja de ser una pastelería.

Había que probar el famoso consomé que te sirves tú mismo. Sabe principalmente a verdura y está hiperdesgrasado, no lo veo ni para recuperarse de un catarrillo. Las croquetas también son muy famosas y la verdad es que son normalitas, y cuidadito, que cada una cuesta 1'60€ y son tamaño bocado. Probamos también los hojaldritos y también normales.

Pues eso, porque el sitio es bonito merece la pena pero la verdad es que lo que probé tampoco me cambió la vida.

13/05/2016

Taurino, antiguo y con encanto

Estuve este martes en un evento de la Asociación de Gourmets de Madrid, haciamos un homnaje a Victorino Martín y por eso escogimos este Restaurante que históricamente ha estado muy ligado al mundo de los Toros.

Por ejemplo aquí se presentaron durante muchos años los carteles de la feria de San Isidro.

El restaurante tiene mucho encanto, lleva abierto desde 1839 y muchos de los elementos decorativos son los originales todavía. Hay están los grandes espejos, las hermosas lamparas de bronce, que en su momento eran de gas y aún tienen las correspondientes llaves y muchos otros detalles llamativos. Era uno de los Restaurantes preferidos por la realeza y la alta aristocracia. El restaurante se abrío a petición de Isabel de Montijo que apreciaba mucho los platos que tomaba en el Restaurante parisino de su fundador.

Seguir leyendo en aloyn.wordpress.com/2012/11/24/cena-con-casta-en-lhardy-con-victorin...

30/06/2016

Elegantisimo

Definitivamente que elegancia y tradición la que envuelve Lhardy!

23/01/2016

Caldito en los días fríos

Creo que el día de más frio de este invierno es el que se nos ocurrió liarnos a pasear, consecuencia: a las 20:00 frio hasta en los huesos, solución: un caldito del Lhardy, unas croquetas ricas y un vino para pasarlo y estupendamente en lugar castizo a más no poder, sorpresón de la leche el trato recibido, un chaval majísimo nos trato estupendamente y se preocupaba bastante de atender a la gente con amabilidad, parece que algunos sitios empiezan a comprender que el camarero ranciomadrileño no es el atractivo turístico que era antaño.

07/11/2014

profesionalidad

Quede por delante que todavía no he podido ir al restaurante (algún día, sí!!!!!! lo haré, previo ahorro total). Tuve la posibilidad de ir a hacer unas fotos y guiada por Milagros, la simpática gerente, me enseñó los comedores y algunos reservados. Es una pasada, respira historia por los cuatro costados, los camareros son increíbles, como de otro siglo. Los comedores, preciosos. Y la pastelería, que si la conocía...un sueño. En fin, que espreo poder ir algún día, aunque mis amigos serán difíciles de convencer, me da a mi :)

spider72

Yo recomiendo sin duda en los días soleados de invierno dar un paseo y terminar en Lhardy tomando un vasito de consomé con menta...pura delicia.

7 de noviembre de 2014

Sr Rodriguez

quedada en Lhardy !

7 de noviembre de 2014

spider72

Me has ganado por 10 segundos.

Me apunto.

7 de noviembre de 2014

Lady Spider76

Jo yo lo estaba pensando. tienen Kviar y podemos tomar cocido.

7 de noviembre de 2014

Sr Rodriguez

no aceptais una broma

7 de noviembre de 2014

Rosalía Martínez (Pi...

pues oye, yo iría

7 de noviembre de 2014

Lady Spider76

Di que sí Piti...si luego se apuntan a un bombardeo.

7 de noviembre de 2014

25/03/2015

Hay de todo.

A la entrada hay una tienda ,donde compras embutidos,bombones.
El mejor cocido del mundo,pero es muy caro y menos mal que te dejan pagar con tarjeta .
Admite reservas.

05/12/2014

No puedo imaginar un invierno en Madrid sin pasar por Lhardy, abierto desde 1839, en el mismo sitio y con la misma fachada. Sin duda uno de los restaurantes con más historia del centro de la capital, pero no sólo eso, sino que tiene el mejor consomé que he probado nunca.
Les aconsejo que si pasan por Madrid, es una visita obligada, aunque sólo sea para tomarse un café y un pastel casero en la tienda.

21/02/2014

Sitio mítico de platos tradicionales pero que no supera a la de cualquier madre

Estuve comiendo con un grupo de amigos en un reservado, el sitio súper pintoresco, la dueña muy agradable. Pero la comida cara y nada del otro mundo
Croquetas: reguleras
Cocido: está bien y abundante, pero no es ni mucho menos el mejor cocido que he probado en mi vida
Probé un poco de setas con foie (normalitas) y de carrillera trufada (muy del montón).
De postre soufflé: demasiado empalagoso

En conclusión, sitio histórico y con encanto que para ir a ver bien, pero caro y sin ser la mejor comida de tu vida.

12/12/2014

Excellent!

A bit upmarket, but the food is delicious and the bakery on the ground floor offers a large amount of tradicional home-made pastries. Good service, nice atmosphere and great location.