Me Mimo Deli Bar

Calle de Orense 35, Madrid

<m> Santiago Bernabeu 10

+34 917 70 39 64

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relevancia fecha

11/11/2010

Carlos Maribona lo descubrió en julio de 2010

Todoterreno

Dentro del mundo de los gourmets madrileños, Rafael Rincón es un personaje bien conocido desde aquella Taberna del Buen Provecho, pionera, entre otras cosas, en servir vinos por copas en Madrid. Rincón ha reaparecido ahora en el mundo de la hostelería con este peculiar establecimiento con nombre definitorio: Me Mimo. Un espacio informal, a la vez gourmet y a la vez popular, donde se puede desayunar, tomar el aperitivo, comer, merendar, cenar o tomar una copa. Todo sobre la base de una cuidada selección de productos, muchos de los cuales compra ya elaborados. Rincón ha buscado a los mejores proveedores, artesanales casi todos, para ofrecer un variado surtido que raramente defrauda y que le evita complicaciones en la cocina. Lo importante es el trabajo de selección para encontrar pequeñas delicadezas.
El local de Me Mimo despista mucho por fuera. Una modesta taberna, con una barra y mesas altas en la entrada y un pequeño comedor de apenas seis mesas detrás. Sin embargo tras la aparente modestia aparecen detalles muy refinados. Desde un pan de mucha calidad hasta las botellas de aceite Abbae de Queiles en las mesas, pasando por un surtido de quesos de lujo, cervezas de importación o una selección de vinos por copas que incluye referencias españolas y francesas de nivel. Como se puede comer a cualquier hora, hay también una completa oferta de “zapatillas”, tostadas de pan con algo encima (entre 3,50 y 5 €); sándwiches de pan negro (entre 2,50 y 4); empanadas chilenas caseras (4,90); diversas salchichas alemanas servidas con choucroute y ensalada de patata (3,50), o tablas de quesos y patés (entre 5 y 11).
La larga carta principal es una mezcla de todo. Pueden ser unos estupendos boquerones de esta costera en vinagre de manzana (15), o unas anchoas de las que se advierte su origen Atlántico (10,50). Incluso un plato homenaje a los aperitivos madrileños con patatas fritas, boquerones y mejillones en escabeche (15). Muchas ensaladas, incluida una landesa con foie mi-cuit y mollejas de pato (6,50), o también un ceviche peruano (6,50) un tanto decepcionante. Está bueno un sashimi de atún con una mayonesa de soja y wasabi (15), y mejor aún la contundente y espesa sopa de pescado con costrones de pan (5,20). Para este tiempo apetecen el ragout de jabalí y setas de temporada (6) o las albóndigas de cordero con cuscús (6,75). Rematamos con un queso St. Marcellin (5,50), que alguien en la cocina se cargó metiéndolo al microondas, y con un magnífico y cremoso flan de queso de Potes con orujo.
Por sólo 11,50 € el cliente se puede hacer, a cualquier hora, su propio menú eligiendo dos platos de entre una larga lista con más de 20 opciones, la mayoría de ellas de la propia carta aunque en porciones más reducidas. El precio incluye también el postre, que puede sustituirse por un café de comercio justo o un té seleccionado, y una copa de vino con D. O., refresco o agua mineral.

22/09/2010

Quien tiene un amigo tiene un tesoro

Primero: buena parte de la responsabilidad de que este bar con mesas (más que restaurante) no nos acabase de convencer fue nuestra, por ponernos en manos del dueño en vez de pedir lo que más nos llamaba la atención.
Hay lugares en los que pedir un menú degustación nos parece poco menos que imprescindible (La Terraza del Casino, Diverxo...), y otros en los que ponernos en manos del cocinero o del jefe de sala es una buena opción (Kabuki, La Tasquita de enfrente...). Pero, definitivamente, hay sitios en que lo más sensato es pedir cada cual según sus gustos. A ver si aprendemos de una vez.

Segundo: Me mimo pasa a engrosar la cada vez más amplia lista de locales con "dueño peculiar". Es decir, lugares regentados por personas con carácter muy marcado y que llevan su negocio de forma, digamos, bastante alejada de los cánones habituales. Su personalidad marca la experiencia en sus bares/restaurantes. O conectas con ellos y tienes una experiencia excelente, o no conectas y no te encuentras a gusto en toda la noche.

Tercero: como decíamos antes, se trata más bien de un bar con mesas que de un restaurante propiamente dicho. Aunque tienen el buen detalle de aceptar reservas.
La carta recoge desde cebiche a foie mi-cuit, pasando por albóndigas de cordero o diversas ensaladas. Los precios en carta son bastante comedidos.
Se supone que tienen un menú a once euros durante todo el día, que no vimos ni se nos ofreció.
Mesa sin manteles, comes directamente encima de la mesa. Servilletas de papel.
Atención por parte del dueño y otros dos camareros. Los dos camareros eran atentos aunque poco colaboradores: no sabían explicar qué era cada plato (a pesar de ser una cocina sencilla) aunque ponían muy buena voluntad.
El dueño nos desconcertó: tan pronto parecía que le estábamos molestando cuando aún no habíamos decidido qué tomar (apenas nos dio tiempo a leer la carta antes de venir a tomar la comanda), o cuando le preguntamos por el tamaño de las raciones; en cambio, de repente venía a la mesa a contarnos cosas sobre lo que estábamos tomando.
Al final, cuando trajo la cuenta, nos preguntó que nos parecía el precio, que "para todo lo que habíamos tomado" no estaba mal. En fin...

Cuarto: dejamos que nos sirvieran lo que el dueño denominó un menú "largo y estrecho".
Empezamos con una Xatonada (6 E): una ensalada con atún y ahumados con rúcula. Bien, sin más.

Seguimos con un Mi-cuit (1/2 ración: 10,50E). Bueno, con sabor. Aunque, la verdad, es un plato que ya nos cansa.

Txangurro (12,50 E): no estaba mal de sabor pero había demasiada bechamel y poca chicha. Parecía más bien un "tigre" de centollo.

1/2 ración de Quesos franceses, que nadie nos dijo cuáles eran aunque lo preguntamos (eran Brie, Camember y, creemos, Chaumes).

Carrilladas de cerdo (6,75E): tiernas pero insulsas, sin demasiada gracia.

Y acabamos con dos pesadísimos postres: un Canoli basto y empalagoso y un Babá (o algo así), que era una especie de bizcocho borracho que el dueño ponderó mucho y a nosotros no nos hizo demasiada gracia. Empalagoso y pesado. (9,60 E.) los dos postres.

Para el postre nos abrió una botella pequeña de Fresita: un espumoso chileno de uva y sabor a fresa. Curioso más que nada. (9,60 E)

Con una copa de tinto y una botella de agua 60,75 E.

Por este precio preferimos sin duda lugares como la Taberna de Pedro o, incluso, lugares más modernos como Tres Lunas.

Quinto: no ponemos en duda la calidad de las materias primas pero la cocina, en general, no nos convenció. Probablemente, si hubiésemos elegido nosotros, la cosa habría cambiado al menos un poco. Así que admitimos nuestra falta.

Sexto: lo dicho: quien tiene un amigo, tiene un tesoro ( y si son más de uno, mejor todavía).