Nerua toma su nombre de la Ría del Nervión, la columna vertebral de Bilbao, que en latín antiguo se denominaba Nerva. Unimos la innovación con las raíces, con nuestro entorno. Es un espacio pensado para vivir una experiencia gastronómica y cultural.

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07/11/2016

La cocina esencialista de Josean Alija no apta para todos los públicos.

Nerua me dejó tan desconcertado que mientras escribía la opinión intentando explicar que sentí en aquella comida me entró tanta pereza que al final dejé de escribir. Después de año y medio era el momento de volver y no podía dejar de publicar acerca de un restaurante tan polémico, por lo que empiezo de nuevo donde lo dejé aprovechando lo que ya estaba escrito.

En Abril del 2015 escribí:

Después de conocer Azurmendi el pasado verano en lo que fue una de las comidas del año, tenía ganas de volver a Bilbao para conocer la cocina de Josean Alija.

El restaurante en cuestión donde desarrolla su cocina es Nerua, tiene una estrella Michelín y está situado en el mismo Guggenheim.
Tenía muchisimas ganas de conocerlo porque cada vez mas se escucha hablar de el, y siempre bien.

A la hora de visitar nuevas casas tengo la premisa de no leer nada ni ver fotos acerca de ésta para no ir influenciado. Esto es muy bueno de cara al factor sorpresa, pero de cuando en cuando te llevas chascos al encontrarte algo que no esperas, algo que ocurrió en esta ocasión.

He tenido que leer para comprender mejor su cocina y veo frases como "aparentemente sencillo pero que entraña una gran dificultad tecnica". Y yo digo ok, pero donde se queda el sabor? Queda muy bonito pero si luego sabe poco o hay ingredientes que ni aparecen en el plato...

Porque esa es otra, leyendo las críticas de Phillipe Regol en su blog observación gastronómica, uno de los que mas me gustan, acertamos a leer en varias ocasiones que ciertos ingredientes no aparecían en el plato.

Y es verdad, es una cocina que busca ser tan sutil que al final consigue que algunos platos pequen de insipidez. Cocina de reflexión lo llaman.

Tambien leo adjetivos como cocina provocadora, y en eso si estoy de acuerdo.

En definitiva, no entiendo esta cocina, y si bien creo que hay gente que sabe apreciarlo estoy convencido que mucha otra gente dice que le encanta y que flipa con la finura de la cocina de Josean por puro postureo. Porque no es una cocina fácil, pero hay que decir que es la hostia si lo dicen también los mas entendidos.

Pero ojo, que sea una cocina que no se acerque al gran público me parece bien, por lo menos Josean tiene estilo propio, ha demostrado infinita coherencia y llega a maravillar a gente...

Y ahí me quedé.

En cuanto al restaurante recuerdo que al entrar se ve toda la cocina, con una barra donde tomas el primer aperitivo. Luego te pasan a la sala, la mas minimalista de cuantas he visitado (como su cocina), tan solo unas cuantas mesas redondas grandes y espaciadas entre si, con mantel blanco y sillas de madera clara y donde destaca el ventanal a la Ría.

En cuanto a la comida recuerdo productos muy buenos. Fueron 16 platos (el menú de 14 + 2) donde destacó la OSTRA, la KOKOTXA o el espectacular FOIE, que es su plato mas representativo. Pero también recuerdo otros platos basados casi todos ellos en los fondos, donde no se apreciaba sabor alguno y tenías que estar buscando el matiz. Definitivamente esa cocina esencialista, naturalista, trascendental, de reflexión o como quieran llamarla no me va mucho. Habrá que ver Mugaritz.

A parte de la sorpresa de la comida, el servicio maleducado, que no mantuvo la compostura y que estaban de risas, unido a que solo éramos dos mesas en ese ambiente minimalista, hizo que no nos sintiéramos cómodos. Y un mal servicio hace que la experiencia sea negativa.

Una de las cosas que mas me chocaron fue que hasta el undécimo plato, el FOIE, no vimos aparecer un cuchillo en la mesa. Sin duda estamos ante la mejor opción para que ancianos edéntulos prueben la cocina de los estrella Michelín.

La sorpresa agradable fue el MARIDAJE SIN ALCOHOL, una opción que no se estila en los restaurantes españoles y que pedí por pura curiosidad, poniendo el punto positivo a la experiencia. Consiste en distintos tipos de infusiones como por ejemplo de pino, eucalipto, naranja, lenteja, apio o pepino con mostaza que pegan muy bien con la cocina de Josean. De hecho puede que casi mejor que los vinos, ya que el sabor de estos pueden predominar sobre el sabor del plato facilísimamente. Si eché de menos alguna bebida casera carbónica, por variar un poco.

A día de hoy me sigue pareciendo una cocina tan rara (o personal según se mire) que quiero volver para probarlo de nuevo y verlo desde otra perspectiva, aunque es cierto que es una visita que se hará esperar, ya que hay mucho por probar en Bilbao.

El precio son unos 150-170€ por persona.

Gath

Buena reseña Adreid. La aficion, que te habia echado en falta, vuelve a disfrutar con tu pluma, y eso es positivo.

hace 9 meses

Adreid.

Muchas gracias Jose Luis, la intención siempre fue volver. Veo que te has cambiado el nombre ;)

hace 9 meses

Alexo

Los fallos en la comida pueden ser cuestión de matices o incluso de que tengan un mal día. Lo del servicio es imperdonable y hace que te cuestiones muchos criterios de esas supuestas "biblias" gastronómicas como la Michelin y otras....

hace 9 meses

Miss Migas

fíjate que para mí Nerua ha sido una de mis mejores comidas del año, sin duda alguna. Pero sí que admito que es una línea muy personal y que a no todo el mundo le puede gustar. Josean es sin duda uno de los cocineros con más personalidad y carácter del panorama español, cocina sin contaminación y con determinaciòn, no se deja influenciar dentro del batiburrillo gastronómico en el que vivimos y donde se observa que en el 80% son copias y líneas de cocina similares. Y hacer una cocina única honra al cocinero y para mí le ensalza, al margen de lo gustos por lo que se come que, personalmente, me fascina. Por la merluza de Josean vendo mi reino, con eso digo todo.

hace 9 meses

Adreid.

Alexo lo que pasa, desgraciadamente, es que hay clientes y clientes. Estoy seguro que con determinadas personas o perfiles habrían mantenido la seriedad, pero al ser una pareja joven en muchos sitios te miran por encima del hombro y no entienden que tu vas ahí a disfrutar igual que cualquier otro. También es de ley decir que si que hubo gente del servicio que nos trató bien, y Josean además vino al final de la comida. Pero nos quedamos con la sensación de mal servicio evidentemente.

hace 9 meses

Adreid.

Si Miss, eso es de agradecer y lo entiendo y defiendo. Lo que me falla a mi es la insipidez de algunos pases y la reiteración en cuanto a los fondos que aparecen en prácticamente todos los platos, al igual que la estructura de la elaboración (ingrediente principal + fondo + dos o trés elementos secundarios que aportan algún matiz mas) e incluso el emplatado. Aunque quizá si no fuese así no sería el auténtico Josean. Se que mucha gente sale maravillado, una pena que yo no haya sido de ellos...

hace 9 meses

20/04/2017

Nitidez, sabor, aparente sencillez. Sublime.

Marzo 2017

Mi visita a Nerua en julio de 2016 supuso un descubrimiento revelador en mi panorama gastronómico. Tal y como relaté aquí hace apenas ocho meses, la cocina de Josean Alija me resulta una de las más interesantes de nuestro país por desmarcarse totalmente de corrientes y modas y apostar por una línea única, vanguardista, tremendamente perfeccionista, donde la esencia y la pureza son protagonistas y con recetas que bajo una aparente sencillez enmascaran una complejidad técnica notable en su mayoría.

En esta ocasión he podido adentrarme un poco más en el mundo de un Josean reflexivo, apegado a su tierra, defensor de una limpidez ortodoxa, fiel a los sabores del recuerdo llevados hasta su punto más puro y con una absoluta casi obsesión por cuidar hasta el último detalle. Para que el mensaje llegue al comensal como se debe, en la sala ejerce con candor y mimo Stefania Giordano y la bodega la domina con gran maestría y pasión Ismael Álvarez que conoce y contagia haciendo que hasta que los que menos sabemos del mundo del vino quedemos fascinados con él, dejarse llevar por él debería ser aquí materia obligada.

El menú más largo costa de 18 “productos” y emplea según la temporada los que por estacionalidad y localidad sean más idóneos y cuyo trabajo comienza un año atrás en el departamento de i+D que es donde se define qué vendrá el año siguiente con un margen de 365 días de distancia. Si acuden ahora – que es lo que deberían hacer, planifíquenlo ya – empezarán por cinco snacks que podrán degustar en la misma cocina y que suponen una declaración de intenciones sobre lo que se va a encontrar en Nerua: una mirada hacia la tierra y el recuerdo de la cocina de los sabores de antaño traída hasta nosotros de la manera más pulcra y perfecta. Una....

Para leer todo: cocinayrecetas.hola.com/blogclaramasterchef/20170420/nerua-2017-conv...

Julio 2016

Existen unas escaleritas casi camufladas a los pies del Guggenheim que dan acceso a uno de los tesoros mejor guardados del espectacular edificio de titanio que Frank Ghery puso en pie a la orilla de la ría de Bilbao. Tras recorrerlas, y una vez en su interior, los tonos blancos, la pulcritud y la perfecta ausencia de ornamentos innecesarios reciben a un comensal que aterriza prácticamente dentro de los fogones de un Nerua en el que todo está a la vista y el saludo al unísono de los cocineros se convertirá en la llave de entrada al fantástico mundo de la esencialidad de Josean Alija.

Nerua es la demostración de que la alta cocina no necesita estéticas rimbombantes, ni juegos de efecto, ni excesos florales o mil ingredientes en cada plato; es la búsqueda de la coherencia y de la aparente sencillez, pues aunque cuando el plato llega a la mesa puede hasta parecer austero, es necesario que el que lo cata vaya un poco más allá, adentrándose en esa filosofía alijiana gracias a la que todo está pensado: no falta nada, no sobra nada, todo tiene un por qué, un “de dónde” y un “hacia donde”. La cocina de Josean es una cocina que no necesita maquillaje y que llega al comensal con la cara lavada, buscando la esencialidad de lo que cada plato representa a lo largo de un menú que rezuma coherencia por los cuatro costados mientras se percibe toda su intencionalidad y los detalles cuidados hasta su máxima expresión.

En Nerua, Josean Alija se mantiene fiel a su cocina de pulcritud, sabor y aparente sencillez donde el comensal disfruta de un viaje por una alta gastronomía que demuestra que...

PARA LEER TODO: cocinayrecetas.hola.com/blogclaramasterchef/20160804/nerua-restaurante

06/01/2017

Orgía en la boca tras una aparente sencillez

JULIO 2016
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13/09/2012

Un intento de ser de lo mejor de Bilbao

Un restaurante que trata de ser lo mejor de Bilbao, pero que quizá peca de excesivo minimalismo para mi gusto. Al llegar a la mesa ni siquiera están puestos lo platos, ni los vamos ni las servilletas. Llegas y te sientas en una mesa vacía que tiene sólo un blanquísimo mantel perfectamente planchado. Es curioso pero es una sensación inquietante, como si no te estuviesen esperando. Todo un rollo muy zen, con mesas enormes separadísimas unas de otras para poder mantener conversaciones cómodas pero que parece que estás comiendo en mitad de una sala del museo. La decoración es espartana, vamos, que no hay nada en lo que fijar la vista salvo el exterior que se ve desde la enorme ventana. Una vista preciosa, eso sí. Tiene el encanto de poder comer en el mismo edificio del Guggenheim, en el edificio diseñado por Gehry.

La comida, para mi gusto, a medio camino entre lo experimental y lo zen, pero no me deja un recuerdo imborrable. El servicio parece haber sido entrenado para parecer elfos, paseandose despacio y en silencio por la sala, dándote el nombre de los platos con la mayor calma y parsimonia de la que son capaces. Muy amables y atentos, pero parece que han sido formados para mantener una distancia cortés más que para ser cercanos y divertidos. No sé por cuanto sale porque me invitaron, pero no es barato.

Manteles y servilletas de tela.

08/01/2013

Unico en su especie

La experiencia comienza al cruzar la puerta, al adentrarse en ese “hueco” trasero a la obra de Frank Ghery. De repente un “gabon” al unísono, y uno de los múltiples cocineros te explica cómo está dividida la inmaculada cocina.

Infusión de café verde degustada en la cocina, transmisión de calidez, en menos de tres minutos nos sentimos cercanos.
Sala totalmente blanca, impoluta, no hay rastro de arte en las paredes ni de vajilla en la mesa.

La gastronomía de Nerua resulta de elevada pureza, con dos marcadas vertientes. En una de ellas, se aplican avanzadas técnicas para ir más allá del resultado que daría el producto: tomates, cebolla, leche-parmesano. En la otra, el producto es casi por sí solo el todo, y su tratamiento es mínimo en perfección: almeja, cocochas, caqui,…

La propuesta Nerua es esencialista, ligera, y única. Sin alardes, adornos, ni pomposidades en las presentaciones, ni una sola. Propuesta casi dietética con muy pocas grasas, visión de un futuro que está más cercano de lo que pensamos.

La conjunción sala-cocina es única, un solo ente, sin barreras ni físicas ni de cualquier otra índoles. Transmisión de complicidad. Altísimo nivel.

Tomates en salsa, hierbas aromáticas y fondo de alcaparras. Tomates cherry en diferentes colores, a los cuales se les inyecta diversas composiciones de. Reconocimiento de toques anisados, cítricos. Viajamos a un día de verano, de fruta madura, de sol. Pureza compleja, técnica, imaginación, y humildad.

Parmesano (30 meses) cuajado, lágrimas de trufa, pan crocante y shiso verde. Recuerdos maternales antiguos. Se rememora las natas de la leche que surgían tras su ebullición. Traslado al campo, a las granjas, a las cocinas rurales. Sentimiento de inocencia. Trufa muy ligera en una gelatina etérea. Lo exclusivo como secundario del total aprovechamiento de los recursos.

Almeja, hojas de puerro y acelga. Sutileza y elegancia. Sabores muy tenues, sigilosos. Casi no se oye; bueno solo un poco a la naturaleza, a la tierra y al mar.

Cebolla blanca, fondo de bacalao, y pimiento verde. Dos personas, dos mensajes, al oído de uno: “bacalao”; al del otro: ”Cebolla”. Juego en la comunicación, en la oral y en la visual. Textura, aromas controlados de la hierba que se realzan con un fantástico pil-pil de pimiento verde realizado con colas del bacalao, donde éste dispone de mayores niveles de colágeno. La palabra que define este plato es: Sugestión.

Pasta de trigo duro, erizo, guindilla y eucalipto. Composición compleja para el comensal, no acabamos de entenderla. Como luego nos diría Josean: “tampoco te tiene porque gustar todo”. Reflexión. Se trata de una pasta que ha sido hervida en un caldo de erizo, y se presenta junto con los corales del erizo.

Cocochas y carrilleras de merluza, caldo de aliaria y garbanzos: Esplendor en un producto sublime que ligeramente viene tratado por las brasas. La aliaria cumple la función de proporcionar un sutil gusto y perfume a ajo, pero infinitamente más delicado, lo cual provoca mantener en boca el protagonismo sápido del pescado. Versión modernista de un plato marinero. Ghery en versión gastronómica llega a los puertos vizcaínos. Bocado para recordar

Bacalao, aceite de oliva ligado, tomillo y lascas de patata: De nuevo producto, con una especie de pil-pil sin ajo, y con unas patatas que acompañan para aportar toques dulces, y que el conjunto tenga contrastes salados-dulces en los bocados.

Carré de cordero, quinoa real, puerro y menta: De nuevo textura, y sabor. Carne tremendamente tierna, que casi ni se corta. Notas sápidas reconocibles, pero suaves, atenuado en grasa.

Cítrico, limequat cremoso, manzana asada y menta. El limequat es una mezcla entre la naranja china y la lima, también se la conoce como tamarindo. Comenzamos los postres por un sabor amargo ó dulce, continua la incertidumbre.

Calabaza con bergamota, galleta de “enkir” y helado de cerveza. Magia en boca, cuando uno no se espera los sabores que aparecen.Cuando la combinación supera las expectativas; cuando lo que ves no tiene grabado en tu mente ese sabor cuesta reconocerlo.

Caqui caramelizado, canela y lima. Simplemente la fruta con toques livianos dulces y ácidos, exhibiendo el producto casi como es. Una forma de “limpiar” la boca para la siguiente comida.

Recordaremos los tomates, el parmesano, las cocochas, y esa calabaza con bergamota y helado de cerveza que mágicamente se convertían en unas natillas.

Para leer el post completo y ver las fotos: complicidadgastronomica.es/2013/01/nerua-unico-en-su-especie

17/12/2012

UN GRANDE DE BILBAO DENTRO DEL MISMO GUGGENHEIM

Situación: sábado de noviembre en el que he tenido que ir a Bilbao desde Madrid a trabajar todo el fin de semana. 21:00 horas. Llevo trabajando desde las 9 de la mañana. A las 22:00 juegan el Madrid-Atlético. Estoy solo. ¿Qué haríais?

Opción 1: sales de currar, te coges un burguer King y te vas al hotel a ver el futbol en la habitación con el Ipad y Canal+ Yomvi.

Opción 2: sales de currar, buscas un bar donde echen al Madrid (recuerda que estás en Bilbao no en Madrid), y te pones a ver el fútbol tomando unos pinchos. Bitoque sería la mejor opción para este supuesto.

Opción 3: sales de currar, le echas huevos, quieres disfrutar de la vida, y te vas a cenar SOLO a uno de los mejores restaurantes de Bilbao acompañado de tu Ipad para ver el fútbol.

¿Cuál creéis que fue mi opción? La 1!! Qué no!!!! Claro que fue la opción 3. Y el restaurante elegido: NERUA, una estrella michelín.

NERUA está dentro del Guggenheim y lleva solo dos años abiertos y ya tiene una estrella.

Tras decidirme por este restaurante, me cogí un taxi y allí solo que me planté.

Nada más entrar en NERUA te encuentras con la cocina donde te recibe el chef, Josean, y te explica un poco como funciona todo. Mientras, te ofrecen una corteza de bacalao, sin más, y un rico caldito que me sentó a gloria pues justo antes de entrar me había echado un piti fuera y con el frío de la ría se me habían quedado los cojones morados.

Eran las 21:30 cuando llegué. Lógicamente, al verme solo, pensaron que era un inspector gastronómico famoso…yo les dije que no pero que pronto lo sería…jejejeje.

El restaurante es muy moderno, en tonos claros, con mesas vacías, es decir, sin mantel ni copas, al estilo Dacosta. En el comedor había una mesa de 6 guiris totalmente borrachos que ya estaban a mitad de la cena, una señora cincuentona que estaba sola y que ya estaba en el postre, y un matrimonio.

Resulta que NERUA abre a las 8 y como su clientela es guiri principalmente (eso de estar dentro del Guggenheim les ha venido de puta madre), me dijeron que a las 8 ya hay gente cenando.

Como había wifi, encendí mi ipad y me puse a ver el futbol. Creo que es mejor estar viendo el futbol que mirando el techo como un panoli o haciendo que escribes en el móvil.

Tardaron 20 minutos en traerme una copa de vino a la mesa….no entiendo el porqué de esa espera la verdad…

De cenar me decanté, con dos cojones, por el menú más largo posible, a 85 €, con el riesgo de quedarme absolutamente solo en el restaurante, como lógicamente luego pasó.

De beber pedí que el sumiller me pusiera los vinos que él quisiera, entre ellos un txacolí Señorío de Otxaran que estaba buenísimo.

Llega el primer plato, hongos con lágrimas de verduras. Me recordó un poco al carpaccio de boletus que sirve Eduardo en el Brote (Madrid). Estaba bueno.

Llega la almeja con hojas de puerro. Sabor brutal el de la almeja…el acompañamiento...pues sin más.

Pasamos a la cebolla blanca con fondo de bacalao y pimiento verde. Según Maribcona, es el plato del año. Dar ese título me parece una absoluta chorrada pero desde luego que estaba cojonudo.

Seguimos con la pasta de trigo dura con erizo. Plato curioso con buen sabor a erizo, marisco cuyo sabor me flipa por lo que el plato me gustó bastante.

Llegan unas cocochas y carrilleras de merluza que estaban cojonudíiiisimas.

Seguimos el altísimo nivel con un muy buen rodaballo al romero y acabamos con un absolutamente espectacular carré de cordero que se come con las manos hasta dejar solo el hueso.

De postre, un pomelo rosa y un caqui caramelizado: absolutamente flojos. Qué manía tienen restaurantes de este nivel con poner cosas raras de postre cuando a la gente lo que le gusta realmente es algo dulce. Un bajón absoluto los postres.

A la altura del plato de cocochas, 23:30, me quedé absolutamente solo en el restaurante; encima a las doce el futbol acabó y, por si esto fuera poco, de música de fondo sonaba música clásica bastante triste por lo que cualquiera que me viera pensaría que era mi última cena antes de tirarme a la ría para suicidarme. Cenar absolutamente solo en un restaurante de este nivel, dentro del Guggenheim, es algo que no tiene precio. Yo, que iba ya algo contentillo de vino a esas alturas de la cena, no le di importancia pero ahora que lo pienso digo: vaya cuelgue!!!!!!

Acabé la cena a las 00:30 más feliz que una perdiz, así que me despedí de Josean, le di mi enhorabuena, y me pillé un taxi al hotel a dormir la mona.

Ah, precio, pues con vinos y tal, 130 €, un buen hostión para cenar solo pero no me arrepiento en absoluto.

Sin duda, que es un restaurante que recomiendo en Bilbao y al que espero que tenga más clientela que en mi triste visita de un sábado por la noche….

No se lleva más puntuación por los postres, así de claro, porque el resto de la comida me pareció de nivelazo.

13/09/2011

Una interesante experiencia

Tras subir las alargadas escaleras entramos en el recibidor del restaurante Nerua. Allí nos encontramos de frente con la cocina y sus integrantes trabajando. Había unas 10-15 personas, todos ellos muy majetes. Se trata de una cocina totalmente abierta y visible que nos enseñaron antes de ocupar nuestra mesa. Según nos comentó el chef, las zonas de trabajo estan separadas según temperaturas a pesar de que no hubiera división física, lo cual había exigido un diseño y equipamiento especial. Una vez que nos tiramos el rollete con el chef nos comentaron que podíamos tomar un aperitivo en la terraza, así que aprovechamos.

Tomamos un coctel basado en martini rosso que estaba sensacional y unos snacks, como veís el más divertido era las raspas de pescado. Aquí los puristas se tirarían de los pelos, pero eran curiosas y con la salsa estaban muy buenas. El coctel perfecto. Aprovecharon para acercarnos la carta y una vez aconsejados fuimos eligiendo. Serían tres entrantes (medias raciones) y un segundo (también se pueden pedir medias raciones dependiendo de las ganas cada cual).

Pasamos a la sala con un diseño limpio y minimalista, las mesas estaban vestidas unicamente con un mantel blanco y posteriormente colocaron todo el instrumental. Olía a vanguardia por todos lados!!!! :-)

Infusión de Parmesano (30 meses) cuajado, lagrimas de trufa, pan crocante y sisho verde. Uno de los entrantes que más nos gusto, había dos texturas, la primera y marrón que se trataba de una especie de infusión de trufa y la segunda, situada en la parte de abajo, que se trataba del parmesano cuajado.


Cebolla blanca (dulce), fondo de bacalao y pimiento verde. El plato de la discordia. La verdad es que no mentían, era cebolla, cebolla tal cual, in your face. Un plato bastante arriesgado.

Eso si, una cebolla dulce muy aromatizada, pero que al fin y al cabo es una cebolla y a pesar de la suavidad y los ligeros toques no convenció. Tal es así, que la señorita de la mesa se dejo bastante de su ración. Detalle que no paso desapercibido al jefe de sala. Nos trajeron otro plato de cebolla, prometiendo que sería mejor. Bueno vale, quizas no tan picante, no tan fuerte... pero era una cebolla que no había triunfado demasiado así que volvimos a probar buscando el cambio (era más suave, cierto es) pero allí se quedo la mitad de la cuarta cebolla. Retiraron el plato mientra prometían venganza y no olvidar.

Hebras de berenjena asada, "makil goxo" y yogur de aceite de olivos milenarios. Sabores muy muy suaves y sutiles, el yogur de aceite aportaba más sabor.



Tomates en salsa, hierbas aromáticas y fondo de alcaparras. Aquí llego la venganza del "onion incident". Ya que la cebolla no había gustado nos obsequiaron con un entrante, a cada uno, que consistía en estos curiosos tomates. Sin duda fue uno de los platos más divertidos de la noche. Se trataba de pequeños tomates cherry pelados y rellenados con una infusión, cada tomate tenía una infusión de una hierba diferente, por lo que se tornaba en un juego de adivinar la hierba de que se trataba.

Uno de los primeros platos de El Bulli en el que buscaban interactuar con el cliente se trataba de algo similar, aunque más directo. Un plato con una fina gelatina y doce especias o hierbas diferentes dispuestas a modo de agujas del reloj. El comensal debía intentar adivinar y apuntar el nombre de cada elemento.

Rodaballo con nabo, caldo de perejil y legumbres. Gran plato, tanto por la elaboración como por la materia prima.

Macarrones, cerveza, fresa, calabaza, te earl grey, manzana, almendra y café. Su versión de los macarrons franceses en formato mini. Según nos dijeron: "el postre más efimero que vas a probar en tu vida". De nuevo, no mentían, su versión de los típicos macarrons se deshacía en la boca y tenían un gran sabor. Un postre gracioso.

Valoración: en mi opinión fue una gran cena, naturalmente, cuando vas a este tipo de restaurantes hay que ir libre de prejuicios. Fueron platos muy interesantes, mis favoritos la infusión de parmesano, los tomates y el rodaballo. El postre fue sorprendente por la textura y el intentso sabor. La cebolla, se trataba de un plato demasiado arriesgado que para mí no funcionó. Pero bueno ya se sabe, esto es vanguardiarrrrrrr!!!!!!!!!!

El servicio genial desde el primer momento, correctos, cercanos y muy amables. No es uno de esos sitios en el que tantas atenciones te hacen sentir incomodo si no que hay mucha naturalidad a pesar de que se guarden ciertas normas que un sitio de esta categoría exige. El plato de la venganza es un buen ejemplo. Una experiencia muy interesante en buena compañía.

29/11/2011

síndrome Guggenheim

Aunque parezca frívolo, y además lo sea, hace mucho que no veía una relaciones tan guapa recibiéndote en un restaurante como este domingo en Nerua, con una sonrisa deslumbrante y unos ojos verdes imposibles. De hecho, desde la primera maitre que tuvo Ramsés no recuerdo haberme enamorado tan rápido en la entrada de un restaurante.

Lo que no quiere decir, desde luego, que la comida desmerezca. Ni mucho menos. La infusión de camembert, uno de los platos estrella, resulta sorprendente y sabroso, muy osado, quizá no redondo, pero casi. Como plato principal, cochinillo confitado, excelente, con unas endivias con una especie de salsa de maracuyá que me entusiasmaron.

El servicio, aparte de la guapísima relaciones públicas, es de lo mejor que he visto últimamente. En cuanto al precio, un entrante, un plato principal, agua y café, 48 euros, diría que razonable.

13/10/2011

Hace unos días acudí a este nuevo y cuidado restaurante del Guggenheim.
El servicio maravilloso, atento, y cuidado hasta el último detalle, así como las instalaciones minimalistas, blancas y sin estridencias.
El menú degustación, exactamente el mismo que ha comentado el chico que me antecede, me parece muy curioso.... pero no sorprende.
En resumen, carísimo, y no dejas de comer una cebolla,... y una berenjena, tomatitos rellenos y poco más. No pago más de 100 Euros por eso, lo siento. Lo mejor el pan.
No volveré.