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06/08/2016

La estrella michelín de los consagrados Hermanos Torres

Visita gastronómica del colectivo gourmet a un estrellado, en esta ocasión el elegido fue el restaurante Dos Cielos, de los televisivos Chefs Hermanos Torres. Visita planeada, sin mucha antelación y con reserva previa de un mes. Me consta, por visitas de algún amigo gourmet, que no es necesario reservar con tanta antelación, y más si es para cenar un laborable (miércoles) como fue nuestro caso.
La entrada al restaurante, ubicado en la planta 24 del hotel Sky Melià, en plena Diagonal, en la zona del Barrio del Poblenou. Entrada de lujo, con Photocall de un evento de alguna marca u empresa que se iba a llevar a cabo en la recepción/bar a la entrada del Hotel. Lástima que teníamos cena estrellada pactada, sino nos hubiéramos añadido al evento.
Ya en el ascensor, 24 pisos hacia arriba y salida a la terraza cubierta del restaurante, donde la RRPP del restaurante nos acompaña hasta la cocina. Sorpresa, los dos hermanos de blanco impoluto nos esperan entre fogones para invitarnos a ver el lugar de trabajo de su equipo. Un par de preguntas y la foto de rigor, y el jefe de sala nos acompañan a la mesa de 6 que teníamos reservada.
Comedor, reducido, con un reservado al fondo, no muy grande, En total poco más de 2º comensales, si llegábamos a serlo, con predominio de comensal nacional y en pareja. Nuestra mesa, la única que superaba el par: 6 en total, y claro está desentonábamos con el ambiente romántico y silencioso. Como el vino no corrió en exceso, aprovecho para apuntar la principal crítica: Precios de los vinos excesivamente subidos de precio (X3 el precio en bodega), así que sólo descorcharon dos botellas del Priorat, y de los más asequibles, el de Gratallops, cuya botella ascendía a algo más de 40€.
Pasamos del cava, visto los precios del Celler y entramos directos al menú degustación, con la posibilidad de algún cambio por tema intolerancias, que no fue el caso. El precio del menú degustación, aquí ni corto ni largo, sólo el de 110€- La otra opción es ir de carta.
Empezamos el menú degustación, de nombre Otoño con dos aperitivos.
El primero una hoja de otoño: un crujiente de patata deshidratada con ceps (seta) deshidrata. Tod@s coincidimos en recordar el sabor de los famosos gusanitos de Grefusa. Eso si, cuando pillabas la seta, destacaba su gusto.
El otro aperitivo: una alubia concentrada, de nombre tabella fría con caldo fermentado. Sabor de judía concentrada con textura similar a las famosas olivas, originarias del Bullí. Aperitivo mucho más creativo que el primero.
Se acercan las cestas de panes, que elaboran ellos mismos: el italiano (queso, tomate y albahaca), el griego (con olivas negras de Kalamata), el de nueces y pasas y el dulce (de albaricoque y zanahoria. ¡Deliciosos todos!. Vamos que se podía montar una cena solo con el pan. De hecho alguno de los que me acompañaban en la cena gourmet, abusó de los panes y le costó disfrutar de los postres.
Tras los dos aperitivos empezaron a circular los 8 platos del menú degustación, equilibrado entre frutos del mar y la tierra y alguna verdura. El orden fue el siguiente:
Erizo de mar en un consomé de plancton, galeras, erizos y tinta de calamar, por encima del cual se encontraba unas yemas de erizo sobre un pan de algas. Muy bueno el erizo con el pan de algas, y potente sabor del consomé a galeras y toque de lima. Este plato puso el listón muy alto.
Carabinero de Huelva. Sin duda que fue muy favorito, no sólo por la excelente materia prima, sino por lo sorprendente del plato, y la acertada mezcla de sabores. Carabinero marcado en plancha, montado con algas, piel de bacalao, crema de aguacate, ají amarillo, alguna hierbas más y una sorprendente pimienta de Jambú (amazonas) que había que comer primero para dormir el paladar y abrir las pupilas gustativas de la lengua.
El tercero fue el plato verde: unos guisantes de Llavaneras acompañados de una potente crema de jamón ibérico. Después de la creatividad y mezcla de sabores del carabinero se quedó pequeño.
El cuarto, otro plato de mar. En esta ocasión un buey de mar embalado en mandioca con un caldo demasiado espaciado, a coco de Brasil nos indicaron, pero a mí me supo más a azafrán. Me sigo quedando con el Carabinero.
Con el quinto empezaron los animales terrestres. Se trataba de una llanega (seta) cocida en un caldo de ternera gelatinosa (tendones que recuerdan al rabo de toro) y almendras. Caldo bastante soso, aunque lo salvó el excelente sabor de los trozos de tendón de ternera.
Ajo negro de Perroñeras, por las referencias era uno de los más aclamados por la redes. Cumplió las expectativas. Color negro del ajo por su fermentación durante 40 días a 60º. Ya por el trato al mejor ajo de España debe estar de chupa dominé. Gustillo a regaliz del ajo, para nada fuerte. Otro punto a favor fue la originalidad de la presentación: en forma de cáliz, con un trozo de pan de fécula de patata, en forma de “Santa Hostia” que tapaba el ajo de Perroñeras.
El séptimo, la madre y el hijo de nombre, fue un esturión con caviar imperial de Beluga. El esturión cocido al vacio, de potente sabor, bañado en una salsa con gusto a mantequilla. Plato ligero que entro muy bien después del potente Ajo negro.
El octavo, el segundo de carne. En esta ocasión fue una liebre desmenuzada, con unos jugos de carne que potenciaba el sabor. Venía acompañado de un crujiente de remolacha que destacaba en su presentación. Plato intenso, fuerte, para degustar. Fenomenal colofón antes de los postres.
Con el espacio en el estómago ya muy limitado, esperábamos los postres. Sin embargo, llegó una creación, entre postre y digestivo de los hermanos torres. Un vaho de eucalipto: una ligera nube fría en forma de tapón, con gusto a eucalipto servido con nitrógeno que le da el nombre al plato. Creatividad al máximo en este plato.
Llegó el turno al mejor postre, unos gajos de mandarina clementina con helado de yogurt, flan y un nudo de nube de azúcar. Muy buena la combinación dulce con cítrico.
El siguiente postre, de nombre azafrán, fue un chocolate con leche con caramelo y un aro brillante de azafrán. ¡Los amantes del chocolate disfrutaron!.
También de chocolate el petit four final para acompañar el chocolate. Un bombón de chocolate con jengibre y frambuesa, apodado el cielo. Presentado en forma de joya, en su caja.
Y eso es todo amigos.
Falto disfrutar del café o un digestivo final en la excelente terraza, pero el día no acompañaba.
Del servicio, correcto, sin estar encima, pero pendientes de cualquier duda, pregunta o detalle. El precio acorde con la estrella, elaboración y lugar (unos 125€ limitando el vino y los extras)
Conclusión: ideal para ir en pareja y darte un gusto sin mirar la cartera. Recomiendo ir al mediodía para disfrutar de las vistas o una noche apacible, para en este caso poder visitar la terraza.

Aunque tienen sólo una estrella, en 11870 les pongo 4 de las 5 posible :)

Miss Migas

Excelente crónica, me han entrado ganas de ir a conocer a los hermanos, más de las que ya tenía.

31 de diciembre de 2015

23/04/2015

Experiencia gastronómica completa

En Dos Cielos se busca por encima de todo la suculencia de una forma elegante. En los platos prima el sabor, pudiendo calificar la culinaria de tradición modernizada ó contemporánea. Fiel reflejo de los pasos de Sergio y Javier por casas como Alain Ducasse, Plaza Atenée, Philippe Rochat, El Racó de Can Fabes. Una de las grandes conclusiones que uno extrae al ver a los hermanos Torres cocinar es que no hay contemporaneidad sin tradición.

De la aventura televisiva y de esa vuelta profunda por nuestro país, se observan homenajes a ciertos productos como el jamón y el cabrito extremeño, el ajo negro de las Pedroñeras, el carabinero. Destaca a su vez la estética de los emplatados resultando éstos vistosos y limpios.

El restaurante se sitúa en el piso 24 del Hotel Meliá Sky. Se disfrutan de unas hermosas vistas sobre la Ciudad Condal, destacando ante nosotros la Sagrada Familia. El entorno es moderno y funcional. La cocina sorprende, ya que se sitúa a la vista del cliente sin ninguna separación entre ella y la sala. Aun así, la tranquilidad es total. Pareciera que no estuvieran cocinando, no hay gritos, ni ruidos, ni olores. Se cocina a través de miradas de complicidad culinaria. Una de las salas de más categoría que nos hemos encontrado.

De su pasada estancia en Brasil, se han traído la mandioca y con ella realizan un bizcocho de polvillo relleno de crema de raíces que nos resulta crujiente, algo etéreo. Fino pero con falta de pegada.

Sin pausa, llegan los erizos de mar: pan de algas con yemas de erizos, caviar de aceite y algas junto con un consomé cítrico de galeras con plancton y tinta de calamar. Espectacular, sabroso, yodado, crujiente y meloso. De más a menos en cuanto a sabor, ya que la potencia del consomé es controlada. Éste reconforta, casi nos limpia y trae recuerdos de salitre, de caracolillos, de esos niños con su redeño intentando capturar algún molusco. Un plato que conjuga producto, tradición y técnica.

De gran frescor y muchos matices resulta el tomate y capellanes. Diferentes ahumados se sitúan de forma armónica simulando las agujas del reloj como en aquel plato de especias de El Bulli. La salinidad y el ahumado de las “horas” van aumentando en el sentido de las agujas. En la mecánica del reloj se sitúa un agua de tomate llena de gusto que se cristaliza en su parte exterior. Fresco, reconfortante, sensaciones de rocío y sal.

Siguiendo la línea estética comentada anteriormente, la berenjena frita con coriandro, cominos, y verdolaga. Un plato de tremenda elegancia que se llena de matices a través de un buen número de secundarios como el pimiento rojo, la verdolaga, el amarantto, la mostaza y un gran cantidad de especias y flores. Por encima de la verdura, piel de patata que le da esa cobertura blanca y papel de plata comestible recordando a restos de un asado más convencional. Ejemplo de colocar en el podio un producto “normal” y rodearlo de otros para producir una gran obra. Resulta de textura cremosa y complejo en cuanto al elevado número de matices.

Continuaríamos con una serie de platos en los que destaca el protagonismo de un producto. Para comenzar la primera florada de guisantes lágrima con espárragos blancos. Nos resultan crujientes con un punto de dulzor. Combinación perfecta con ese toque terráceo de los espárragos que se exponen a través de una ligera royal. Producto y academicismo.

Se continúa con el Ajo Negro de Las Pedroñeras . Procedencia presumiblemente japonesa. Se fermenta durante 40 días a 60ºC para alcanzar ese sabor y tono. Dos bocados; por una parte una hostia con sabor ajo (representando lo que el ajo negro es para los Torres) y por otra parte en diversas texturas: crema, “crujiente seco”, flor. Una muestra de lo que se puede desarrollar con un solo ingrediente que normalmente funciona como un acompañamiento. Un aderezo con enjundia que actúa de actor principal. Análisis, estudio, pero sobre todo cariño.

Con la cuchara se ataca, el ravioli de foie gras, tomates y secos y aceitunas negras. Cada día se realiza la pasta fresca y se rellena con el foie fresco y castañas. Un consome no excesivamente potente para que el ravioli sea protagonista. Probablemente el plato más convencional del menú.

Llega el turno del jamón en un plato titulado Jamón, Jamón. Suculento, untuoso, sin ser graso, un escándalo de fondo con toques florales a partir de un jamón de Extremadura. Reflejo de un tremendo refinamiento. Sobresaliente.

Fuera del menú, solicitamos la posibilidad de probar alguno de los arroces de los Torres. Nos ofrecen un arroz meloso de pescados y pulpo. Profundo, de textura casi aldente, muy meloso. Detalle no incluir en el precio final esta degustación.

El carabinero se saltea unos segundos en la plancha de forma que se presenta en un punto aldente en textura. Su sabor se potencia a través de una liviana salsa holandesa de sus cabezas y cítricos. Sencillez y tradición alrededor de un producto que poco más necesita. Acertadísimo.

El cabrito lechal a la brasa provoca reminiscencias. Se acompaña con ciruelas de temporada, anchoas, ajos confitados y migan de pan que aportan ligeros matices dulces y salados. Carne de sabor regio. Cocido a baja temperatura, marcado a la brasa de encinas y sarmientos. Sabor amplio, intenso, largo potenciado por un buen jugo. Recuerdos a pastos, hierba tanto en el gusto como por la etapa olfativa.

Complejidad y texturas son las principales características del gin tonic. Postre que como el combinado parece que sigue vigente. Como no podía ser de otra forma, nos resulta muy refrescante. De alto número de composiciones como una gelatina de tónica, moshi de ginebra, helado de limón, …. Amalgama de urdimbres que conforman un gran postre.

En ese línea de armonía visual, el café XXL compuesto de granos de café salados, ron, cacao, vainilla, anís. Un postre de envergadura, menos goloso de lo que su nombre indica y con ciertos matices de alcohol interesantes. Una especie de carajillo dell siglo XXI.

Dos Cielos es un gran restaurante. Por entorno, por cocina y por un servicio de elevado nivel. Detalles en las explicaciones de los platos, en permanente estado de atención a cualquier vicisitud de la mesa y con la cercanía justa. De esos servicios que mejoran claramente la experiencia gastronómica.

Como en algunas otras ocasiones, carta de vinos con precios demasiado elevados (x3 aprox) y más cuándo alguno de ellos se solicitan por copas. ¡Cómo mejoraría la oferta con un maridaje a un precio justo¡.

Experiencia gastronómica completa complicidadgastronomica.es/?p=4869

Gath

Muy buena reseña Isaac. Apuntado queda.

23 de abril de 2015

10/06/2012

Pequeño gran lujo

Hace apenas dos años que abrieron el restaurante y hace casi el mismo tiempo que lo tenía en la lista de pendientes.

Hotel ME. Planta 24. Los hermanos Sergio y Javier Torres (coetáneos míos, risueños y sonrientes, y gemelos para más señas) nos dan la bienvenida en su cocina que está integrada de forma natural en el restaurante, cuya capacidad debe ser de aproximadamente 30 personas. Todas las mesas están llenas.

Nos decidimos por el menú degustación sin maridaje (42€ extra por persona) y tomamos vino blanco ( Ekam 2011 - 39€ la botella).

Dejo el menú que hay en la web, aunque en realidad tenía un par de platos diferentes. Nos adaptaron, además, el menú a dos pequeñas restricciones personales, una de tipo alérgico, la otra de paladar, lo que es de agradecer.

Cuatro tipos de pan que elaboran en el restaurante acompañan la comida: uno de parmesano y tomate, otro de olivas, uno de nueces y semillas y un cuarto de calabaza.

Los aperitivos llegaron por este orden: un crujiente de patata con mascarpone, romero y flores, que quita el aliento, y una especie de bollitos en miniatura con leche de almendras. Luego aparece algo parecido a un tiesto, cuya arena no es más que pan tostado, setas y ajo, todo muy triturado y decorado en la superficie con brotes, tomate, olivas y flores, como si una planta naciera de la maceta. En el fondo, especulamos con qué hay, finalmente descubrimos que son piedras blancas. Para comer este aperitivo nos traen unas incómodas pinzas. Está bueno y es curiosísimo y estéticamente muy logrado, pero llena bastante y da sed, así que lo abandonamos y nos disponemos a empezar con el menú.

Un gazpacho con diferentes texturas y sabor a ahumados, con huevas de salmón incorporadas. Apenas unas pocas cucharadas, pero deliciosas.
El exquisito buey de mar aparece con una levísima capa de pan de algas y flores.
Luego llegan los espárragos blancos, como a mí no me gustan, me preparan una delicia con toques brasileños que ni recuerdo de qué era, pero era deliciosa. Los otros comensales elogiaron el plato de espárragos.
La pasta fresca es, simplemente deliciosa. Una pieza de pasta rellena, cuya textura y relleno son inmejorables y que viene servida en una sopa de perejil. Buenísima.
El San Pedro, tampoco nos lo sirvieron, en su lugar fue mero, primero nos lo presentaron en una cazuela donde con abundante romero se había cocinado y nos lo sirvieron sobre un lecho de caldo concentrado de carne servido con verduritas. Excelente.
Luego llegó el prepostre, con texturas diferentes de piña, magnífico. Y el postre que además de las múltiples texturas, agradecí que no fuese de chocolate, siempre tan socorrido. Frutos rojos, espuma de sésamo, helado, galleta... Una magnífica composición estética y de sabores.
Para acabar, la joya, de la que os dejo una imagen.

Algunos cafés y algunas bebidas previas a la cena redondearon la cuenta, único punto flojo del restaurante (junto tal vez con el pequeño tamaño de las raciones), cuyo precio me parece excesivo. Aunque no me sorprendió porque lo sabíamos antes de ir el hecho de que hace apenas un año y medio fuese de 80€ y que haya aumentado, por tanto, un 25%, me parece demasiado. Es la variable precio la que hace que este comentario no valore el restaurante con 5 estrellas.

Los hermanos Torres: profesionales, atentos, asequibles y simpáticos, antes, durante y después de la cena.

03/08/2011

Comida de altura

Perdón por el chiste del título, pero es lo que pasa por tener el comedor en el piso 24 de un hotel. Hotel ME, por más señas. Allá al final de la Diagonal Mar de BCN. Los gemelos Torres han redondeado una gran obra. En efecto, estamos ante uno de los mejores restaurantes de Barna. Un consejo: ir de noche en primavera verano y de día en otoño invierno. Vistas espectaculares. Arquitectura y diseño, muy adecuado. Un disfrute. La cocina, de primer nivel. Nosotros compartimos la ensalada de vieiras como entrante y los raviolis de peix y de plato fuerte el Bogavante y el pescado a la sal del día. In cresdendo. Aunque los entrantes son superiors, los segundos son brillantes. Fino, ajustado, excelente presentaicón, magnifica materia prima. El Zavarin de postre fue un delicádísimo colofón. El servicio, muy profesional aunque algun camarero debería apender a manejar con más austeridad el comentario. La vajilla, sobria y mcómoda, lo que es excepcional. La oferta de panes, arrolla por amplia. No nos adentramos en la tabla de quesos porque ya era demasiado. Quizas next. El precio, alto. 95 por persona, sin contar las copirtas de champán (crujir de dientes). Dos visitas al año si merece este Dos Cielos.

23/03/2012

Dos Cielos, la cocina de los gemelos Torres en la planta 24

El espacio de los hermanos Sergio y Javier en el Hotel Me Barcelona tiene un atractivo: la mesa del chef.

Su formato de negocio. Se trata del restaurante de los chefs gemelos, Sergio y Javier Torres, ubicado en la planta 24 del Hotel ME Barcelona (de la cadena Meliá). Desde noviembre de 20120, cuenta con una estrella Michelin. La oferta de Dos Cielos, en un espacio precioso, se basa en un recetario catalán con algunos ingredientes y toques de la gastronomía brasileña, como consecuencia de la experiencia adquirida por los gemelos Torres a través de sus negocios en Sao Paulo y Río de Janeiro, donde tienen los locales Eñe. Ambos ofician a dúo en la cocina abierta a la sala de este restaurante con impresionantes vistas a la ciudad.

Puedes leer el artículo completo en: gastroeconomy.com/2012/02/dos-cielos-la-cocina-de-los-gemelos-to...

05/01/2011

Sensografía

Es el término que utilizan para interpretar gráficamente las sensaciones que nos ha producido un plato.
Al terminar de comer, explicas lo que has comido y un ordenador interpeta las sensaciones en colores mostrando finalmente un dibujo.

Contarán con biohuerto en las alturas (planta 29)

Además la Web es muy chula, merece la pena una visita doscielos.com

09/01/2010

Cocina de altura

Crónica completa en abc.es/blogs/gastronomia/public/post/dos-cielos-cada-vez-mas-alt...

Un año después de su apertura se consolida la ambiciosa apuesta de dos hermanos gemelos, Javier y Sergio Torres, que tras un largo recorrido profesional se reúnen ahora en este moderno restaurante situado en la planta 24 del hotel ME Barcelona, con espectaculares vistas de la ciudad Condal. Dos Cielos es ya uno de los top de Barcelona, una visita imprescindible para cualquier gastrónomo.
Al salir de ascensor, la terraza frente al mar es un punto de acogida, tanto para un aperitivo como para tomar una copa o fumar un puro de sobremesa. La entrada es por la enorme cocina completamente abierta al comedor en la que se mueve con discreción y sin apenas ruidos un numeroso equipo de cocineros provisto de auriculares y micrófonos para comunicarse de la manera más silenciosa posible. Javier y Sergio Torres dan personalmente la bienvenida a cada uno de sus clientes, antes de que estos pasen a la mesa en el pequeño y acogedor comedor (apenas 30 personas), con mesas bien espaciadas, y la gran cristalera con Barcelona al fondo. Servicio muy profesional, y una completa bodega a cargo del sumiller David Escofet, a la que sólo cabe reprocharle algunos precios excesivamente altos. Una mención especial para los panes, que se elaboran a diario en la cocina del restaurante. Piezas grandes que se cortan a petición del cliente.
La carta es muy breve, sobre el eje de dos menús: uno fijo a 80 €, y otro personalizado (95 €) que se elabora de acuerdo con el cliente. Platos con gran técnica; sabores mediterráneos; elaboraciones sencillas y ligeras; puesta en valor del producto, que siempre es protagonista; búsqueda de lo natural, de lo auténtico; y casi siempre con el juego acertado de un caldo o de una salsa ligeros que potencian y respetan ese producto natural. Empezamos con gambas de lujo en un delicado consomé de galeras, algas y tomatitos. Luego el ravioli de foie gras y trufa negra con caldo de tomates secos, una acertada combinación otoñal de sabores potentes pero muy bien integrados. Sensacional la cazuela de verduras de cultivo natural con setas: 36 tipos diferentes de verduritas ecológicas y setas en un caldo excelente. Los Torres siempre han trabajado bien los arroces. Probamos uno negro con cañaillas, espardeñas y salicornia, ligeramente caldoso, impecable de punto y de sabor.
Seguimos con un lomo de bacalao confitado en gastrovac. Una pieza de gran calidad servida con una crema de raíces (patata y tupinambo). Lo más flojo del menú. Cerramos la parte salada con dos platos otoñales: un civet de anguila presentado sobre un brioche de castañas, y después, liebre a la royal. Toda la técnica de la vieja escuela para conseguir un plato lleno de sabores profundos.
Antes del postre, algunos quesos bien afinados de la pequeña tabla de la que disponen, acompañados con un riquísimo pan con frutas. Luego, el Viaje Amazónico, un postre en el que se aprecia la influencia brasileña en la cocina de Javier Torres tras sus años en Sao Paulo: coco, mango y un sorbete de frutas amazónicas. Mejor que el siguiente, unas peras de Puigcerdá con avellanas, vainilla y té, con un sorbete de pera muy flojito y un exceso de chocolate.
El menú se puede tomar con vinos por copas, una muy buena opción.

24/01/2012

Dos Cielos, alta cocina mediterránea “de altura”

El comedor, luminoso y espacioso, tiene una cocina vista sin cristales Los gemelos Sergio y Javier Torres cocinan y dirigen este restaurante desde el que se divisa toda Barcelona, ya que está en la planta 24 del hotel Me Barcelona. Tanto la decoración del comedor, como la cocina vista sin cristales o la puesta en escena son espectaculares. Los propios cocineros ofrecen una imagen moderna, depurada e inteligente, fiel reflejo [...]

Ver crítica completa en conmuchagula.com/2010/05/10/dos-cielos-alta-cocina-mediterranea-...

21/02/2011

Comida en el "Dos Cielos"

Comida en el "Dos Cielos", el restaurante de los hermanos Torres, ubicado en la planta 24 del hotel "ME".
El acceso al comedor, se hace a través de una cocina impoluta,con aspecto de laboratorio y de factura futurista, en la que se mueve casi al unísono un equipo de cocina, perfectamente orquestado por uno de los gemelos Torres (el viernes pasado sólo la mitad del tándem). Nos recibe personalmente Javier (¿o era Sergio?), con una cálida bienvenida. El personal de sala, impecable y exquisito.
El comedor, acogedor, cálido y probablemente con una de las mejores vistas de Barcelona.
Pedimos el menú degustación, que es una maravilla de principio a fin. La mantelería, la vajilla,las copas Schott Zwiesel, el servicio,sobresalientes (las cantidades quizá no tanto).
El menú, un festival de sabores, texturas y colores. El pan de manufactura casera , del que destacaría el de Olivas de Kalamata, increíble. La degustación de los panes, puede hacerse untando éste en aceite D.O.Priego (Córdoba) que sirven en un delicado cuenco a cada comensal. Me sorprendió la utilización de esta D.O., quizás porque yo soy una fan incondicional de las D.O.Siurana.
Acompañamos el menú con un par de botellas de "Perles Roses" de cavas Naverán, que estaba en su temperatura perfecta.
Finalizamos la comida en la terraza, con unos Gin Tonics, perfectamente servidos. Una mención especial para Mª José, creo que RRPP, que nos atendió con un esmero increíble de principio a fin.
"Dos Cielos", es de visita casi obligada para aquellos que disfrutan de la buena comida.

Javier Garcia

Estimada tete, comi en el dos cielos con un amigo y tienes razón en cuanto a que el sevicio, comida...son excelentes. Sin embargo no me gustaron algunos detalles; copa de cava de aperitivo 6 euros, servicio de mesa 5 euros por comensal, 2 cafes 7 euros....estas cosas hacen que le baje un poco la puntuacion.

22 de febrero de 2011

Elisa

¡Hola Javier!

La verdad es que me supo mal, hacer comentarios negativos. Pero estoy totalmente de acuerdo contigo, en que los detalles que mencionas le restan puntos.

22 de febrero de 2011

08/10/2009

Los cenotes lo descubrió en septiembre de 2009

El comentario de www.loscenotes.com

(el comentario completo en loscenotes.com/2009/07/dos-cielos.html)

Para el cenote de este mes de Junio elegimos un restaurante de corta trayectoria pero ya con pretensiones de instalarse en el Olimpo gastronómico barcelonés: se trata de Dos Cielos...

Nuestra puntuación :

Calidad/originalidad/presentación de los platos ................. 13/20
Profesionalidad/rapidez del servicio ............................... 14/20
Confort (decoración, ambientación, temperatura...) ............ 13/20
Relación calidad/precio.............................................. 10/20
Valoración ............................................................ 13/20