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05/04/2016

Amantes del Slow-Food

Hoy auténtico festival gastronómico de alto copete, dado que visitamos el restaurante Aizian de Bilbao ubicado en el Hotel Meliá (antes Sheraton). Al mando de todo ello se encuentra el gran Jose Miguel Olazabalaga, cuyo curriculum gastronómico está lleno de reconocimientos. Para que se hagan una idea, ha trabajado en los mejores restaurantes, como el Goizeko Kabi en Bilbao, el Zalakain de Madrid o el Andra Mari de Galdakao, y ha recibido algunos de los más prestigiosos premios de gastronomía, como Campeón de España de Jóvenes Cocineros en 1998 o el Premio Pil-Pil al mejor plato imaginativo; Y ahí me detengo, por miedo a poder aburrirles. Dichas enseñanzas le han permitido ofrecer la mejor cocina tradicional mezclada con la continua innovación y siempre bajo el paraguas del movimiento Slow-Food (gastronomía que se basa en productos ecológicos producidos en el entorno).

En cuanto al local, sobrio, bonito, cómodo, elegante y espacioso. Todo eso se lograba gracias a los innumerables listados de madera de cedro rojo. A ello habría que añadir el que las mesas estaban conveniente sosegadas y de fondo se percibía un hilo musical que alargaba dicha sensación de paz y sosiego. Y en ese abandono del stress diario nos encontramos en el momento decisivo de elegir nuestra opción gastronómica; a la carta o los diferentes menús: menú degustación, menú ejecutivo o menú tradicional. Nosotros, como suele ser habitual, optamos por el primer menú, con el fin de saborear el máximo número de platos.

El inicio como se estila en estos lugares de prestigio, comenzó con dos aperitivos cortesía de la casa: por un lado, dos tostas sabrosas, y por otro, una espuma de bacalao con trozos de jamón sobre arena negra de oliva. Buen inicio.

Vayamos con los entrantes. El primero fue maravilloso: ostra a la plancha sobre mousse de coliflor, velo de Euskaltxerri y toques cítricos. Nunca había degustado una ostra elaborada de esa forma, y fue un auténtico placer. Si a ello unimos la mezcla de los cítricos con la coliflor, el resultado es soberbio.

En segundo lugar, los langostinos y cardos salteados, con un semicuajo de mejillones y erizos. Más ingredientes en un mismo plato, imposible, siendo todos ellos de primerísima calidad. Filosofía Slow-Food al poder. Nuevamente mezclas innovadoras con éxito pleno.

Más entrantes: pulpo a la plancha en cenizas de carbón vegetal. Quizás el entrante más flojo, y no debido a que el pulpo no estuviera en su punto, sino más bien a que un servidor, en particular, dicho cefalópodo a la plancha le resulta indigesto. A destacar, eso sí, la exquisitez de las cenizas de carbón vegetal, en las cuales se escondía una yuca cocida magistralmente.

Y ya, el último entrante: lámina de foie sobre falso risotto de espárragos y almendras y toffee de maíz dulce. Maravilloso. Un verdadero trampantojo culinario: elaboraciones gastronómicas que juegan visualmente con el comensal, es decir, parecen una cosa pero en realidad son otras. Nos hicieron creer que allí en nuestro plato había un risotto, pero si abríamos los ojos, no era así. Bravo. Por cierto, el foie espectacular.

Momento de los platos principales. Comienzo con algo ligerito: rape marinado en soja y asado sobre trazo de ajo negro y cebolletas asadas. El auge del pescado marinado es más que una realidad, pero Aizian le dio un toque especial con la soja y unas cebolletas sabrosísimas.

La carne también estuvo magnífica; pichón en dos cocciones, pechuga sangrante y muslo confitado, parfait de su hígado. La verdad es que dicha ave estaba tierna y muy jugosa. El temor a que quedara un poco seco quedó descartado nada más saborear el primer bocado.

Finalmente, en cuanto a los postres, tuvimos el gusto de gozar con dos dulces de altura. En primer lugar, el helado de queso fresco sobre crumble de manzana y toques ácidos. Espectacular. Postres de los que siempre quedarán en el recuerdo. El contraste del dulce y el ácido más que brillante.

La fiesta terminó con una cuajada de chocolate blanco con velo de maracuyá y mango. Pues les tengo que confesar que este postre superaba incluso al anterior, algo que parecía más que complicado. Sin embargo, la mencionada cuajada de chocolate blanco fue un momento de magia gastronómica inolvidable.

Cuando ya creíamos que con los postres todo llegaría a su fin y no habría más momentos golosos, tuvimos la suerte de disfrutar con unos últimos dulces que maridaban perfectamente con el café, donde, por cierto, se produjo el detalle feo, no sólo de no invitarnos a dichos cafés, sino que se cobraron con unos precios estratosféricos. Lástima; impropio de un local de tan magna categoría. Bueno, el mejor escribano comete un borrón.

Ya saben, si desean conocer un lugar donde su evento gastronómico sea reposado, saludable y de calidad, Aizian les espera.

Última visita: 02/04/16
Web del restaurante
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C/ Lehendakari Leizaola, 29
48001 Bilbao

94 428 00 39

gastrodisfrute.blogspot.com.es/2016/04/amantes-del-slow-food.html

26/02/2013

Cocina de alto nivel a precio sensato,

Acudí con unos amigos a este restaurante atraído por los magníficos comentarios que me habían llegado, y fue una magnífica decisión porque la relación calidad-precio es lo mejorcito que he tenido el placer de experimentar en los últimos tiempos, más aún al tratarse de Bilbao, ciudad que podemos definir como "cara".
Optamos por uno de los menús cerrados que se ofertan. En concreto por el Ejecutivo - I, que tiene un precio de 41,50 euros, incluyendo café y media botella por persona de un crianza de Rioja (Solabal 2008), un tinto de la localidad de Ábalos que está francamente bueno.
Comenzamos por una "Terrina de foie con gelatina de Pedro Ximénez" que estaba muy bien, pero que obviamente no requiere una gran maestría en la cocina... A continuación tomamos un "Arroz cremoso de hongos con ali oli de parmesano", de quitarse el sombrero. Seguimos con una "Merluza a la plancha con puré de patata y arbequina", de notable alto. La carne fue un "Magret de pato con manzana asada al jengibre y miel", muy correcto, y el postre una extraordinaria "Torrija de pan caramelizada con helado de arroz con leche".
Hay que señalar que el restaurante es muy agradable y está situado en una zona céntrica, rodeada de jardines, parques infantiles, el precioso paseo junto al Nervión, y a tiro de piedra del Museo de Bellas Artes, el Gungenhein y el Auditorio Palacio Euskalduna.
Por si todo esto fuera poco, el servicio es extremadamente amable y profesional, y el comedor, vajilla y ambiente de muy alto nivel.
En definitiva, una opción muy interesante y a un precio muy atractivo.