Restaurante Gordon Ramsay.

16/01/2016

Francisco. lo descubrió en enero de 2016

La llamada de las "estrellas", una cena con gémelos.

A pesar de sus tres estrellas, de la calidad del menú, o de la simpatia del personal, no me ha deslumbrado ni emocionado, o..."apabullado" como me ocurrió ya hace tiempo en Akelarre de Pedro Subijana en nuestro propio país.
Cuando intuimos, a veces equivocadamente, que el restaurante es elegante, muy chic o de muy buena cocina, sea o no estrella,, casi siempre ponemos gémelos en nuestros puños, los hay muy vistosos,bonitos,con mucho diseño, en londrés y caros, muy caros también. Yo recomiendo la tienda, dos, una en Fulham Road,169, de Theo Fennel y otra en St James´s en el centro de Londres, no lejos de Picadilly y la sede de Sotheby`s y que se llama Longmire.

Volviendo a Ramsay, el local es minimal, elegante, la vajilla también, los platos salen perfectamente diseñados y emplatados. Saben bien, tienen una magnifica, y cara, abultada carta de bebidas, etc..y sin embargo no nos emocionó. Pero está bien, eso sí. ¿Qué si volvería?..Pensándolo bien, yo creo que volvería más al Ledbury, otro gran restaurante de Londres,que al Ramsay de Chelsea. A pesar de sus estrellas no me pareció de mucha más altura que su otra filial que conozco, el Petrus.
Bien, vamos con la comanda. Al no haber menú vegetariano que era esa nuestra primera idea viendo Internet, pues optamos por platos sencillos, sin grasa ni pesados, a través de la carta. La cena reservada- cargarian 150 libras si no vas, y no cancelas con 48 horas la cita de la reserva- era pronto a las 18:30. Sala vacía que se fue llenando por completo en poco tiempo después. Tiempo bastante desapacible afuera. Pero Londres siempre vale la pena. La hemos visto más cara, con mucho más consumo elititista y con mucha población, residente? de origen árabe, bien maquilladas, bien enjoyadas y ocupando muchos cafés y dulcerias de esta gran ciudad. Tiempo de invierno y desapacible, apetecian no sólo las paradas para tente en pies, sino los buenos restaurantes y el entrar para huir de la climatología en alguno de sus mágnificos museos, sea o no sea para admirar las joyas de Anita Delgado, allá entre palacios de India. O los esplendores de lo que fue el Gran Imperio Británico. Dejamos esta vez los retratos de Goya en la Tate National.
Lo que pedimos de comanda, carta, para cena fue: Unos menús de 3 platos que de partida salian ya a 110 libras. Optamos por no beber vino, salvo dos copas de fino español que nos costaron a 6 libras cada una. Realmente lo más económico que habia en carta. Agua mineral por supuesto.
Como decía antes, el ambiente elegante aunque un poco agobiado el espacio, no muy amplio, por el número de camareros que circulaban a veces todos a la vez, y sirviendo a la misma mesa, varios profesionales. Agradables y diligentes, uno, Miguel es de Barcelona, otros italianos habladores, otro que estuvo en Sudamerica, y el maitre, ya con edad y experiencia,- que parece que no es el sitio éste el que le corresponde, sino tal vez algo mucho más clásico- francés y de nombre Jean Luc, quien amablemente y sin nosotros pedirselo, nos enseñó las cocinas. Quince jóvenes allí muy concentrados en sus tareas. La cocina tampoco muy amplia. Todo debe de estar muy bien, muy bien coordinado porque sino..

Como se observa por las fotos, cenamos surtido, entradas varias, luego ya vieiras, ravioli, y 2 pescados. Vino un paréntesis con la copa de mango, y la toallita húmeda caliente,y pasamos a los postres, un souflé de limón con aceite de oliva por encima, y una nueva versión mucho más ligera de tarta de zanahoria. Con los postres también el café, y luego la despedida con pequeños dulces, con diferentes texturas y temperaturas, gelatina o gominolas, bolas de trufa de naranaja y cobertura blanca frios por el hidrógeno líquido y unas piezas de chocolate. Salimos con buen regusto de boca y eso que pagamos una factura, apenas sin vino, sólo dos finos, de 287,44 libras.