Su carta que recoge platos tradicionales sin excesivas complicaciones pero bien ejecutados. Membibre se basa en productos de mercado (carnes rojas y pescados frescos) y de calidad con raciones generosas y bien presentadas y una carta reducida de barra con precios de lo más atractivos para probar de todo un poco.

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17/12/2017

Muy rica la "cocina en miniatura"

Comida de grupo - diciembre 2017

Suben a 5 "stars" tras la incorporación del nuevo sumiller Dani, ex nakeimo, que mejora la experiencia en un 110%. En esta ocasión (también en la zona de tapeo) como novedad hemos pedido liebre a la royal de la carta de restaurante y cocochas de bacalao en una base de salsa vizcaína. Ambos platos brutales.

Si no habéis ido todavía a Membibre, no sé a que estáis esperando.

Cena de tapeo - septiembre 2017

Visita a MEMBIBRE, un sitio muy recomendado por gente que entiende de las cosas del comer y que llevaba tiempo en nuestra agenda. Recientemente reformado, dispone de una barra con mesas altas para tapeo a la entrada, y un salón al fondo para comer de mesa y mantel. Recomendable reservar, o ir pronto, pues siempre está hasta arriba.

Nosotros estuvimos en la zona de barra, que dispone de una carta específica, que denominan "cocina en miniatura", una serie de tapas pensadas para compartir, tamaño media ración, de cocina de mercado puesta al día, tarifadas entre 6 y 12 euros. Con cuatro o cinco, una pareja cena de sobra, nosotros pedimos:

- Gambas a la sartén, gambas frescas, aceite de oliva y un buen ajo manchego. No hay más secreto. Acabamos mojando pan.

- Chili crab de Changurro. El crustáceo desfibrado y prepatado con chiles con un punto picante muy agradable. Sabroso y adictivo.

- Tempura de verdura. Muy fina y nada grasienta. Acompañada de salsa de soja. Muy rica.

- Pollo cajún. Marinado y luego asado. Crujiente por fuera y jugoso por el centro, con guarnición de patata revolcona y mazorca de maiz. Delicioso.

Terminamos con media ración de quesos variados y potentes, acompañados de pan tostado.

Buena carta de vinos con muchos clásicos a precios sensatos, fuimos a lo seguro y pedimos un Predicador, el excelente rioja de Benjamín Romeo. Para acompañar los quesos, hizo los honores un palo cortado de Delgado Zuleta.

Servicio muy atento y amable, aunque un poco desbordado cuando el local se llenó. Pagamos poco más de 40 euros por cabeza. Comida rica y divertida. Muy recomendable. Volveremos porque nos han quedado muchas cosas por probar.

06/04/2017

Renovado

Han remodelado el local, ahora a la entrada hay una buena barra con mesas altas para picar sus excelentes tapas por unos 4€.
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A este restaurante hay que ir con hambre...porque las porciones son bastante generosas.
Siempre que hemos ido, hemos comido muy bien, y bien atendidos...

08/02/2018

Sin saber si me gusta, aunque con una impresion mala. He vuelto.

El sabado 7 reservamos una mesa para cuatro en la terraza, a las 15:30. Cuando llegamos, 5 minutos antes, no había ninguna mesa, preguntamos al camarero y dijo que se nos habian adelantado unos señores!!!. que miraría si había dentro mesa.
Unos minutos esperando sin que nos dijeran nada, salió ¿el maitre? y le dijimos ¿que pasa con nuestra mesa? y nos contesta: ¡Eso me gustaria saber a mi!. Y le dijimos que lo averiguara pronto o nos íbamos, en fin, que nos fuimos porque no veíamos intención de que se arreglara.
No pongo valoración porque les daré otra oportunidad, aunque quizá piensen que no se la merece, pero lo intentaré de nuevo.
He vuelto y ha sido francamente sorprendente. Muy buena comida, hay menú de degustación que cambia según mercado, no pude probarlo porque fuimos tarde a comer (15:30) y el maitre nos dijo que se alargaría mucho la comida. Se puede reservar también en mesas alta y tienen otro tipo de comida, en plan picoteo que también me gustaría probar.
Por tanto la primera vez (que me marché) vamos a dejarlo en un mal día del personal.

06/01/2018

Mucha calidad a un precio alto si vas a la carta

Cena de Reyes con amigos, cinco matrimonios que se convertirán luego en magos de Oriente.

Desde luego, las cenas en grupo no son para mí el formato ideal de probar nuevos sitios. En una noche como esta además, cuesta reservar para tantos.

Después de leer las críticas, Membibre me pareció una buena elección, y tenían sitio!

Si bien todo lo que pedimos era excelente y con un toque de modernidad muy interesante, lo cierto es que me quedó un regustillo de insatisfacción por lo siguiente:
- Nadie probó las aves porque el camarero nos advirtió que todas ellas se presentan muy poco echas, lo cual nos echó a todos para atrás
- vino Rioja reserva que nos dejó los dientes negros
- precios prohibitivos en algunos platos (royal de liebre 33€!!, era el plato a por el que iba y obviamente no lo pedí, otro que no recuerdo a 40€!!!)
- precio total algo subido para lo que pretendíamos y en contraste con lo que habíamos leído en las reseñas del blog: 120€ por pareja, incluyendo tres botellas de vino y varias copas y poleos al final.

Eso si, como decía, todo excelente, croquetas sublimes, alcachofas con almejas, verdura salteada, bullabesa, pescados varios, steak tartar, solomillo, los postres todos maravillosos, con mención especial a la tarta de queso, impresionante.

Quizás sea mejor opción ir a las tapas de “cocina en miniatura”, donde la RCP si parece más ajustada, y en un grupo mas pequeño para poder experimentar algo más.

En todo caso, sitio interesante y recomendable al que las cuatro estrellas no se les puede discutir.

15/10/2017

Presente y futuro cercano

Hace casi 50 años, el abuelo de Victor Membibre, abrió Membibre en la madrileña calle de Guzmán el Bueno. Casi medio siglo después, al frente de la cocina está un joven que con solo 23 años ya ha pasado por los fogones de Zuberoa, Robuchon y Gagnaire. Regresó de París para hacerse cargo de la cocina al ciento por ciento mientras que su padre (cocinero al frente durante los últimos 25 años) daba un ligero paso a un lado.

Pienso que cuando la restauración y la cocina se absorben desde pequeño ayudando en el negocio familiar; se encuentra alguna actividad que provoca el enganche y la aparición de la pasión, bien sea en cocina o sala. De esta forma crecen las sagas.

Membibre es un restaurante de barrio donde ahora conviven la chuleta y el arroz con bogavante con el menú degustación que se ofrece. En la cocina no hay limitaciones nos cuenta Victor, pero el resultado que se muestra y percibe es el de una cocina clásica refinada que puede gustar a un amplio espectro de público. Tendencia a la caza y a una línea culinaria en la que se considera a las salsas y a los fondos los protagonistas sápidos de los platos.

Estos fondos “estrella” son nítidos, sabrosos y desengrasados, son el alma de la cocina de Membibre. Cocina de fogón y ollas, de cebolla pochada, de un lento y continúo chup-chup para llegar a las densidades deseadas. Juventud sí, pero con un fundamento de cocina purista a la que Victor inyecta pequeñas dosis de actualidad.

Para ver post completo con fotos y platos, visita complicidadgastronomica.es/2017/10/membibre

22/12/2017

Un buen cocinero

Y hablo del cocinero ya que el menú fue riquísimo, especialmente el Chilli Crab y los dos platos de caza, también muy bueno el bogavante y la anguila con angulas. El resto de lo que rodea a este menú no es tan bueno , camareros despistados, sumillier con poca intuición, lugar demasiado abarrotado. Mis felicitaciones al chef. Volveré.

27/01/2018

La nueva generación Membibre promete mucho

Octubre 2017

Menú degustación, 70€/pax.

Producto seleccionado, fondos clásicos ejemplarmente ejecutados, mucha caza de altura, todo muy rico. Y detrás un chaval de 23 años que promete mucho. El local no acompaña.

01/10/2016

El local muy chulo, los camareros muy profesionales, pero la comida no nos encantó.

Nos quedamos en la mesa alta de la entrada.

Pedimos ensaladilla rusa, la mejor, tataki de atún, que más parecía un tartar, pastela de pichón, bastante fuerte y algo grasienta y risoto de arroz negro, que era eso, arroz negro, sin risoto...

Le faltó algo...

08/01/2018

EXCEPCIONAL COCINA, BODEGA Y ATENCIÓN

Comida Sábado Diciembre 2017 (Mesas altas junto a la barra)

05/06/2015

Pánico en el túnel y otras pelis de catástrofes.

“¡COMO VUELVA A SALIR MAL UN PLATO OS VAIS A IR TODOS A TOMAR POR CULO! ¡SOIS TODOS GILIPOLLAS! ¡ESTO ES UNA MIERDA ME CAGO EN DIOS!”. Y así sonaba el interior de la cocina de Membibre en la comida de hoy. Un placer para los oídos. Faltaba Stallone para solucionar el desastre, Kit Latura sacándonos del túnel hundido.

Es una situación curiosa que nos lleva a un debate mayor. Si esto es una reseña gastronómica, ¿cuál debe ser el criterio a seguir? Si vas a un sitio que hace aguas, ¿cómo lo enfocas? En Membibre la comida está buena, pero el servicio ha sido desastroso. Leí en alguna parte que un crítico gastronómico lo que debe hacer es visitar un restaurante en diferentes días, a diferentes horas, pidiendo diferentes platos, para hacerse una idea real de lo que es la experiencia de comer en el lugar. Me parece un enfoque tan pretendidamente objetivo como irreal. ¿No debe ser la reseña gastronómica un ejemplo de lo que puede encontrarse uno en un día cualquiera? ¿Existe una reseña objetiva pura o el hecho de comer en un restaurante no deja de ser lo que ha significado para uno personalmente comer fuera? Si nos ponemos rigurosos, no se me ocurre nada más riguroso y sensato que ir varios días, probar varios platos y tener una visión de conjunto prolongada en el tiempo. Pero la experiencia gastronómica a pie de calle no es así. Las personas no son críticas gastronómicas, son asalariados de profesiones diferentes a la de crítico, que acuden a comer fuera como elemento de celebración y que deciden repetir o no repetir en un sitio, así como recomendarlo o desrecomendarlo, dependiendo de una primera impresión. ¿Por qué? Porque han hecho un desembolso económico. Ver correspondido este desembolso económico con una experiencia de calidad, verse satisfecho, es lo que hará que nos motive repetir o recomendar. A la hora de la verdad, es esta primera impresión la crucial. Sí, no es metodológicamente acertado dejarse guiar por una sola impresión, pero es crucial. Porque, recordemos, pagamos. Y cuanto más pagamos menos toleramos que algo falle.

Entonces, hemos visitado Membibre. Muy recomendados por gastrónomos de morro fino, cuyas recomendaciones son muy tenidas en cuenta. Sus recomendaciones nos indican que Membibre es un buen lugar en general. E igualmente nos lo indican otras recomendaciones que leemos por el vasto mundo de la red. Damos esto por cierto y válido, pero nos ha tocado el día tonto. El día en el que las cosas salen mal. Esta impresión real, la impresión que hemos vivido (y no la que nos han contado) nos hace tener una visión negativa del desembolso económico que hemos llevado a cabo. Así es la cosa.

Membibre está en Guzman El Bueno. Tiene pinta de llevar su tiempo y haber sido renovado. Barra selecta de raciones de buena pinta, comedor aprovechado, camareros con chaleco. Nos pasan por la sala principal, después junto a la cocina hasta llegar a un segundo comedor, más recogido. Es festivo y el sitio está lleno hasta las trancas, tan lleno que se les va de las manos. En la pared hay cazuelas antiguas y un telefonillo de domicilio de los años 80, que no entendemos bien pero que nos llama la atención. Nos sientan y empieza el gran problema de todo: la espera. La espera no es determinante porque nos gusta comer despacio, pero incluso yendo con tiempo de sobra lo cierto es que teníamos que salir a una hora determinada, y habiendo ido con tiempo la verdad es que han apurado hasta tener que ir pillados. En toda la sala nuestra (ocho mesas variadas, en general rollo familiar, más pijo que hipster como diría Monedero, parejitas rollo NNGG, parejas consolidadas rollo PP, parejas de la Realeza Europea rollo La Reina y yo) hay un camarero parecido a Leo Harlem, pero con menos gracia, como veremos. A todo esto, el aire acondicionado a tope.

Tan a tope está el aire que La Reina se va a nuestro Imperio Comercial a por un jersey. Ya hemos pedido y yo digo “ve corriendo a por el jersey, que cuando vengas ya estará la mesa”. Antes de pedir nos han tenido diez minutos charlando de nuestras cosas sin hacernos mucho caso, ni para ofrecer bebida. Lo cuál no importa. Al lado tenemos una pareja que se habla poco. En la nuestra, aunque sea porque yo no callo ni debajo del agua, hay conversación (monólogo muchas veces). Se va La Reina y vuelve. Han aparecido con unas aceitunas, pero van a tardar 35 gloriosos minutos en traer el primer plato compartido. Después del primero, otros treinta más para el segundo. Diez minutos más tras el segundo para preguntar por los postres y 25 minutos de rigor para traerlos. El que espera, desespera. Los de la pareja de al lado se quejan amargamente, nosotros no soltamos improperios pero tampoco es que nos alegre la situación. Más bien nos apena, porque con la ilusión que teníamos de ir al sitio es una pena tener tan mal servicio. No es culpa del camarero, el camarero es el pobre que da la cara ante una serie de fallos en cadena. Son los que se gritan en la cocina, son los que no han tomado bien alguna comanda y han causado el caos libertino de la sala, son los que no han previsto que un día festivo conlleva más visitas. Son todos esos. Pero el camarero, que no es culpable, es despistado (se equivoca con la bebida, va atropellado, cuando la trae bien no la abre, tira los cubiertos al suelo ).

¿Y la comida? En honor a la verdad, la comida merece su recomendación. Si aislamos la comida de todo el desastre de atención, si fuesemos capaces de establecer una metafísica de la experiencia gastronómica (aislar la comida del hecho de ir a comer, del contexto que nos ha llevado ahí), entonces todo quedaría en esto: se come muy bien en Membibre. Suponiendo que comer es sólo el rato en el que masticas y saboreas comida y bebida y no todo lo que va desde que entras por la puerta hasta que sales después de pagar.

De primero pedimos una ensalada fuera de carta, con cecina, foie y mango. Brillante el mango, caramelizado, con una textura que recordaba a la de la capa superior de una crema catalana. Supongo que lo harían con soplete, no se, pero aportaba un toque crujiente y dulce a una ensalada muy lograda.

De segundos. La Reina se decantó por un bacalao al pil-pil. No somos expertos en este bacalao, pero la salsa estaba muy bien ligada y el bacalao muy sabroso.

Por mi parte, opté por albóndigas de rabo de toro con puré de patata. El rabo de toro es de las cosas que más me gustan en esta galaxia y en la democracia occidental tal y como la conocemos. Cualquier cosa con rabo de toro (croquetas de, hamburguesa de, arroz con, rabo de toro en sí mismo) me desvía los ojos cual Lenin en librería suiza. Las albóndigas eran tres señoras piezas, con un rabo de toro que se deshacía con la mirada, aunque una de ellas estaba algo requemada. El puré de patata no era gran cosa, algo mazacote. Pero bien, buena nota a las albóndigas en sí mismas.

Tocaba tomar postres, porque ya estoy desatado con esto y en dieta inversa, en el camino al engorde. Me he quedado hecho una birria debido a que soy un atleta de élite y hay que recuperar un poco de composición física. Soy un infraser escuchimizado, un lechuguino. Un antiguo gordo, ahora suerte de refugiado con michelín. Una cosa rara. A la mierda, a comer postre.

Nos dijo el camarero que la especialidad era la torrija caramelizada. Una torrija que entiendo que no la hacían frita, sino a la plancha, casi como una tortilla francesa, envuelta sobre sí misma. Crujiente por fuera, jugosa por dentra, todo en orden mi sargento.

El otro postre elegido fue la tarta de queso. Original, diferente, más cremosa. Casi diríase de Mascarpone, no se, así como delicada. Uno come las albóndigas como un mangurrián, como un paleolítico tras cazar un elefante. La tarta de queso sin embargo se come dando bocaditos suaves, como escuchando una balada ñoña. Ambos postres acompañados por un helado de nata artesano con piñones.

Para rematar la faena pedí un chupito de whisky, porque visto lo visto tocaba dar un toque de madera al paladar. Qué menos, habida cuenta del retraso generalizado. No se cual tomé, porque primero pedí uno, el camarero se quedó totalmente fuera de juego, mirando la carta asombrado como si le hubiese pedido de postre un arròs amb fesols i naps con babaganoush de madroño y grosellas y culís de kalimotxo. No hombre, hablo del whisky que aparece en la carta. Entonces dice que si lo hay, que si no lo hay, que si no se qué y si la abuela fuma. Al final me tomé un whisky, pero no se cuál. Ni con el whisky ni con el vino estimó oportuno el camarero enseñar la botella. Podía ser cualquier cosa. Estaba bueno, fuese cual fuese, no era un pedo.

¿Qué decir? Pues que a 40 lereles per cap, sin especial detalle de la casa (miento, invitado al chupito de whisky), ¿repetiría? No apetece gastar ese dinero si es para estar esperando noventa minutos en total (que eso sí, nos permitieron hablar de las vacaciones ya cercanas, así como de otros temas de gran relevancia en Palacio en lo que se refiere a nuestra logística del día a día – normalmente el ir de culo nos impide planificar el tender la ropa o el amontonar calcetines en sus cajones), ni tampoco para estar escuchando los gritos de la cocina. La pareja de al lado desesperada con el hombre de malas pulgas ya hizo ante el camarero una exposición de motivos sobre su enfado. Yo le secundé. Espiritualmente. Aunque en medio del cabreó de la espera abroncase a su señora (por herencia materna escucho todo lo que sucede a mi alrededor, y especulo sobre las vidas ajenas, aunque no quiera) por pedir un plato y dejarse la mitad.

Estoy plenamente convencido de que ir a Membibre en un día normal debe ser una grata experiencia gastronómica. Convencidísimo. Porque las referencias son buenas y de gente muy de fiar en la cosa del comer. Porque en Internet se leen cosas majas. Por mil cosas. Pero claro, la primera impresión es esta. Si fuese un profesional objetivo volvería a comprobar cómo son las cosas otros días. Pero como soy un soberano consorte de La Guindalera que tiene muchos sitios que visitar, no me motiva pensar en gastar dinero en este sitio de nuevo. Ya no soy el loco aventurero que fui en mi juventud punk. No obstante, si alguien nos invita, a lo mejor cambiamos de impresión. Cuando otro paga el juicio es más fácil.

guindillasmutantes.wordpress.com/2015/06/04/membibre-madrid

Yanzoo

Ups yo pensaba que estos gritos sólo sucedían en el programa de Chicote...

4 de junio de 2015

Antonio Álvarez

El comentario expresa mi experiencia tal y como la viví, por lo que no es de recibo que tenga que contactar con nadie ni dar explicación alguna.

Aun así, he decidido suprimir aquellas partes que puedan perjudicar directamente al camarero en lo que se refiere a su relación con sus empleadores, que no las relativas a cómo entendí yo que desarrolló su trabajo.

No hay más que decir al respecto.

5 de junio de 2015

Julita CI

El día que usted fué al restaurante, yo estaba en la mesa de el matrimonio, el cual usted ha decidido también hacer todo tipo de comentarios sobre la conversación, privada por cierto, ya que no creo que nadie le haya dado permiso para que usted lo publique en esta pagina, la cual es para hacer criticas sobre la comida de los restaurantes. no me parece correcta su actitud publicando todo tipo de criticas sobre los clientes y camareros, le recomiendo que la prox. vez, haga comentarios sobre la comida y no siga poniendo en riesgo los trabajos de los empleados, y exponiendo las conversaciones de los presentes.
respecto a la profesionalidad de ese camarero del cual usted comenta y critica, a mi me trató estupendamente, y por lo que ví, a usted también, invitándole a un chupito después de la comida.

8 de junio de 2015

spider72

Esto...querida Julita CI, si el dueño pone en cuestión a uno de sus empleados sólo por un comentario del 11870, mal vamos...poco dice del empresario como tal...pero lo de publicar el móvil de alguien en internet, como que tampoco me parece a mi muy recomendable.

Y una vez leída la crítica, debo decir que Antonio subraya que la comida es muy buena y el servicio desastroso, y por eso se centra en lo pésimo del servicio. De una forma divertida y satírica, que no insultante ni mucho menos.

Y como siempre, que las opiniones son como el culete, que todos tenemos una. Le animo a que usted publique la suya como Dios manda, que tampoco es para tanto...

Y eso que Antonio y yo no somos precisamente Almas Gemelas...

8 de junio de 2015

Cristina

A mi no me queda muy claro el comentario de Julita, al principio dice que cerca de ellos había una pareja que ha comentado que lo que dice no es cierto, y da un teléfono como si fuera el dueño... Y luego en el segundo mensaje resulta que es ella la pareja, yo no me entero...

8 de junio de 2015

Julita CI

spider72, cuando pongan su puesto de trabajo en juego por "un comentario" incierto de ese tipo, me gustaría verle en la misma situación. esa comida tan buena que describe Antonio está hecha por los camareros del restaurante, Antonio debería centrarse en la comida, en el servicio y trato de los empleados, que yo los califico de profesionales, no en las conversaciones agenas, y pensar un poco antes de ponerse a escribir, midiendo las criticas y ser responsable de estas, que para ser gracioso y divertido no hace falta hacer eso que ha hecho con un camarero.
hay un dicho, y dicen siembra y recogerás....

8 de junio de 2015

spider72

Es que Antonio se centra en eso, lo de la conversación ajena hasta me ha costado encontrarlo en el comentario.

Y repito: si por un comentario de un tercero y además incierto el trabajo de un camarero peligra...aquí falla algo más que la crítica de Antonio...

8 de junio de 2015

Julita CI

Aqui fallan muchas cosas, la ética y la moral de las personas que no piensan en las consecuencias de los comentarios, y por desgracia es lamentable la situación, que una persona pierda su empleo por una persona que en su tiempo libre, hace este tipo de comentarios, es una lastima pero por desgracia es así, y por la de un empresario que no valora lo suficiente a sus empleados....
para futuras críticas piensa en las palabras y comentarios que expones un una pagina web, en la que cualquiera tiene acceso y en las consecuencias de los comentarios vertidos.
un saludo.

9 de junio de 2015

12/06/2015

COMO SIEMPRE

Membibre nunca falla, tenía un compromiso con dos clientes extranjeros de buen comer decidí llevarlos al membibre que como digo yo, en Madrid uno de tres preferidos. Empezamos con unos ahumados caseros de salmón , anguila y sardina con espuma de apionabo , sublime. Seguimos con un ceviche de caballa y leche de coco con un toque alegre que le daba el rocoto , terminamos las entradas con una pata de pulpo a la brasa y su crema de patata , perfecto en cocción. Mis compañeros optaron por una chuleta de vaca curada, que les encanto , yo como siempre mi rodaballo salvaje que a juzgar por la trancha debería ser enorme , por último acabamos con una tarta de manzana tipo tatin que se había currado el pequeño de la saga ( el hijo del cocinero) con su helado de piñones que me recordaba a las de mi abuela en Asturias . Nos bebimos un botella de Belondrade y Lourton y un bembibre. Felizmente acabamos a las siete de la tarde cosa que es de agradecer por parte del camarero que nos aguanto sin ningún tipo de problema , como siempre. ( 65 por cabeza)
Un diez para todo el equipo

19/03/2014

Tapas a buen precio

Un buen restaurante que acometió hace ya tiempo una reorientación de su propuesta que les ha permitido dejar atrás la crisis
¿Cómo? Mediante la reforma de la barra y la incorporación en la oferta de unos platitos (manitas de cerdo, solomillo de ciervo con setas, gambas al ajillo, steak tartar, etc.) a precios populares (4€, 5€, etc.) que están bastante ricos y permite probar bastantes cosas.
Eso sí, el cambio, como se suele decir, a costa de trabajar más y ganar menos, pero no todo es el dinero.

En cuanto al restaurante cuenta con buenos pescados, sopa de marisco, etc., pero, por encima de todo lo demás, el huevo a baja temperatura con boletus y, aún mejor, la lechona a baja temperatura ¡Riquísimo!

El servicio es de lo mejor de la zona, encantadores y bien dimensionado.

Un sitio para ir a picar algo en plan informal o para una cena con amigos (tiene una mesa redonda que es perfecta para ello), con una muy buena relación calidad-precio.

07/08/2014

buena opción en el barrio

Perfecto para comer bien. Restaurante clasico con decoración con un toque moderno agradable y una carta de tapas muy buena. Servicio profesional. Me ha gustado : gambas ajillo, pulpo. El tiramisu esta muy potente.