Schloss Neuschwanstein

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01/10/2008

Un tercio de lo que pudo haber sido

Hemos visto el castillo de papá y mamá (Hohenschwangau), así que al futuro rey Luis II de Baviera no le debía atraer la idea de residir allí.
A tan sólo 19 años se convirtió en rey, su hermano Otto fue declarado débil mental y Prusia se perfilaba como líder en el mosaico de pequeños estados, ducados y reinos que era lo que es Alemania.
Aburrido quizás de los asuntos de estado, o buscando evasión decidió gastarse buena parte si no toda su fortuna personal en un proyecto que se vio truncado por su muerte prematura en extrañas circunstancias, ahogado junto a su “Nerven Arzt” (hoy psiquiatra) en un lago de apenas un palmo de profundidad cercano al castillo.
Se tendrían que leer montañas de material sobre tales enigmas de la historia, nunca esclarecida.
Mal llamado rey loco, Ludwig II fue mecenas y protector de Richard Wagner, amiguíssimo de Sissi de Austria y a punto estuvo de casarse con su hermana, aunque en el último momento rompió su compromiso.
Sea lo que fuere, Luis II no se anduvo con chiquitas: ideó un castillito que sencillamente se salía de todos los cánones, mezcla de neorromano, neogótico o casi me atrevería a decir, sueño esdrújulo de Gaudí.
Lo “poco” que hay que ver es un derroche de fantasía, opulencia y sueño de nuevo rico, aunque casi dejara a Baviera en la bancarrota. De hecho, a las pocas semanas de su muerte la familia, -aprovechando que el misterio en torno a su muerte todavía estaba fresco- decidió abrir el castillo al público en forma de museo.
A destacar: el salón del trono sin trono, ya que el apuesto monarca se murió antes de poder encargarlo, aunque el conjunto no pierda en deslumbre por su semejanza a una iglesia bizantina, con oro, mármol de Carrara y una lamparita de casi una tonelada.
Hay cisnes por todas partes, de ahí el nombre del castillo (Schwan = cisne en alemán), así como diversas alusiones pictóricas a los Nibelungos, Lohengrin y toda la mitología germana.
El pobre señor Wagner no llegó a ver tales maravillas y el rey Luis apenas residió un centenar de días en su retiro sin terminar.
Este lugar hermoso y extraño fascina por el entorno, la historia y un no-se-qué indescriptible.
Tan magno morbo atrae turistas de todo el mundo, el jubileo es monumental. Tal atracción forma parte de la "ruta romántica", indicada en las carreteras en lengua alemana y… japonesa.
Pocas veces he visto tanto turista, incluidos unos cuantos españoles de paquete turístico y bastantes coreanos.
En cuanto al acceso al lugar, lo dicho anteriormente en el castillo de Hohenschwangau, prontito por la mañanita y a mediodía salir corriendo de allí.
Para subir al lugar hay una buena tiradita, así que -como bien nos apunta Mme.Tafetán- vayan con tiempo de subir en bus, carroza o a pie y no se equivoquen de grupo!

12/09/2008

Madame Tafetán lo descubrió en mayo de 2008

Luis II, mon amour

He de reconocerlo: soy una ventajista. Me guardé Neuschwanstein hace meses porque vi que nadie lo había descubierto y me hacía una ilusión loca ser la primera en comentarlo (qué le voy a hacer, yo soy así). Tenía muchas expectativas y, la verdad, no me defraudó.
El exterior resulta espectacular: quién no ha visto nunca una foto de él. A mí, particularmente me lleva fascinando desde que de pequeñita hice un puzzle. Pero hace como año y medio vi un documental en el que enseñaban el interior y ya me quedé con el mono de visitarlo. Después de haberlo hecho sólo puedo decir una cosa: impresionante. Luis II de Baviera estaría loco pero no todos los locos tienen la capacidad de concebir una decoración tan fastuosa: llena de reminiscencias de la Edad Media, con esas pinturas diseñadas por escenógrafos e inspiradas en las óperas de Wagner, y algunos muebles que ya por sí mismos merecen la pena visitarlo.
Sin embargo, llegar hasta aquí y conseguir realizar la visita tranquilamente no es algo tan sencillo. Conviene llegar temprano porque a medida que pasa el día hay más gente (sí, ya sé que es una perogrullada) y aparcar el coche se convierte en una misión imposible: cuando yo me fui de allí, que serían en torno a las 13'30 y había ya coches aparcados en la carretera, fuera del recinto, con lo cual se tiene que andar un buen rato. Además, luego está el problema de comprar la entrada, que se hace antes de subir hasta allí, en un pequeño pabellón entre Neuschwanstein y Hohenshwangau, en el cual se pueden comprar entradas para ambos castillos, y ante el cual hay colas en las que puedes estar fácilmente una hora hasta que consigues comprar una entrada. Un recomendación fundamental para libraros de semejante follón: reservar las entradas por Internet (hohenschwangau.de/ticketcenter.0.html), sin ningún tipo de coste adicional, y que te salva la vida porque nada más que éramos cinco los que lo habíamos previsto. Yo las compré el día anterior y al ratito recibes un correo electrónico con la confirmación de la reserva, fundamental porque has de pedir una hora aproximada para hacer la visita. Pedí las 11'30 y me dieron las 11'20 (sin problema), y te viene una advertencia que al principio asusta un poco: has de recogerlas con al menos una hora de antelación. ¿Por qué? Porque subir hasta allí te lleva fácilmente una hora. Puedes optar por subir andando, en autobús o en coche de caballos. Mi opinión es que lo mejor es hacerlo en autobús: andando dicen que es una subida de una media hora bastante dificultosa y que debes llegar extenuado al castillo con lo cual no lo disfrutas (porque además luego hay que subir unos cinco pisos de escaleras de caracol), y en coche de caballos, ejem, la carretera es un poquito estrecho y tienes que ir con un acongoje... El autobús no te deja a la puerta del castillo y has de andar un poquito, pero cuidado: te deja en una especie de "plazoleta" donde el autobús ha de dar la vuelta y te encuentras ante dos caminos (mal indicados). Uno sube y otro baja y tu lógica (dado que ves el castillo todavía un poco alto) te hace creer que has de optar por el primero pero no ¡Error! Eso lo pensamos el 90% del pasaje del autobús y acabas en un puente no apto para aquellos que padezcan vértigo desde el que, eso sí, ves una bonita panorámica del castillo. El camino correcto es el otro (un cuartito de hora) y ya por fin llegas (en mi caso, toda apuradita porque veía que se me pasaba la hora): no os preocupéis si veis mucha gente porque sobre los tornos hay unas pantallitas en las que se indica el turno de entrada, que aparece en tu ticket. ¡Por fin! Yo pensé que no llegábamos y efectivamente, puedes tardar una hora en llegar, contando con que te confundas en el camino.
Luego, en cuanto a la visita, la mejor organizada que he visto durante el viaje: al reservar la entrada te piden el idioma y nada más entrar te facilitan una audioguía que la guía que te acompaña en la visita va controlando en función de la estancia en la que estás. En cuanto a la conservación del palacio, deben de ser conscientes de su tirón turístico y lo tienen impoluto: un gustazo.
Lo único que siento es no poder poner fotos del interior (está prohibidísimo, ni sin flash).
Recomendadísimo.

04/06/2008

loco estaba el rey

No estuve dentro, pero recomiendan no entrar para lo que hay. Lo bonito está fuera.

29/08/2008

derroche excéntrico de Luis II

siempre que he visto está imagen he dudado de que sea real..
pendiente de ir!