Situado en plena Rambla del Raval, en el local de la antigua Bodega del Raval, desde Mayo de 2012, el restaurante Suculent intenta recuperar sabores populares puestos al día en cuanto a ejecución y concepto.

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relevancia fecha

08/03/2017

La conquista por el sabor

Suculent es un lugar para aquel que únicamente está buscando el placer culinario. Su nombre es un juego de palabras entre “suculento” y “sucar lentament”, en castellano, mojar lentamente. En esta casa de comidas, oficia Antonio Romero, joven cocinero con una dilatada carrera por espacios como El Bulli, Arzak o Pic en Valence.

Espacio ni para dejarse ver ni para ser visto. Sin la decoración de ningún famoso interiorista para aparecer en las revistas de tendencias y estilo de vida. Únicamente comida y bebida. En este contexto “simplista” pero difícil de ejecutar, surge el placer gastronómico.

Bocados sabrosos, con personalidad, sin ninguna timidez ni muestra de pesadez. Los puntos de los productos y las salsas se abrazan para ser un conjunto casi indivisible en la boca. Además en un buen número de los pases, está presente un elegante brochazo de acidez que además de equilibrar, ayuda a preparar el paladar para el siguiente bocado. En Suculent, se tiene la sensación que Antonio Romero se explaya sin ningún tipo de presión con solo una finalidad, que la comida sea puro placer. Talento e ideas claras.

Comenzamos con un boquerón marinado. Piel brillante, textura que roza la crudeza, vinagre y limón para un bocado que abre las papilas gustativas gracias a la acidez.

La croqueta de bogavante, sepia y gamba es el ejemplo perfecto para darse cuenta que la cocina de Suculent va en serio. Sabor, sabor y sabor gracias a la generosidad en el relleno. Nada que ocultar y todo que mostrar. Una croqueta verdaderamente sobresaliente. Empieza la blasfemia.

La codorniz en escabeche resulta sutil en su acidez. De textura tersa, casi melosa. Bocado fino que recupera al paladar. Notable.

El ceviche de gambeta roja y aguacate es de una elegancia suprema. La incorporación del aguacate frena la potencia ácida, de forma que el plato gana en armonía y equilibrio. Se reconocen todos los sabores. De nota.

El crujiente de pollo y tartar de bogavante me emociona. Un mar y montaña sabroso, gustoso, que se disfruta desde el primer mordisco. Una muestra que la emoción en gastronomía puede proceder de muchos frentes. Una barbaridad.

Las alcachofas con papada ibérica son un ejemplo de sencillez perfectamente ejecutada. Verdura asada mediante suave brasa y una salsa de picada catalana con un fondo de caldo de pollo que actúa de hilo conductor entre lo vegetal y lo cárnico. Rico de verdad.

El canapé de cresta de gallo hace que se me agiten las piernas. Movimiento que expresa alteración gastronómica. Surge la expresión: “Joder, ¡Cómo está esto!”. Texturas crujiente (de nuevo con el pollo) y melosa la de la cresta. Pura perfección la sensación en boca. La salsa hoisin y la picada cruda luchan entre sí sin que nadie se lleve el gato agua. Para comerse un carro. Pura y sobresaliente suculencia.

La calabaza, con crema de parmesano y trufa es un plato apetecible, aunque con un ligero punto de dulzor debido a ese cocinado lento de la calabaza. Queso y trufa aúpan el conjunto pero con esa base final golosa.

El lomo de atún con emulsión de piñones también reconforta. El pez casi a modo de tataki. Destaco la temperatura a la que se sirve que acompaña la degustación y mejora el gusto.
Ese punto untuoso y ligeramente dulce se enfrenta con la ligera acidez de un tomate maduro. Muestra de cocina aparentemente simple, pero donde todas las elaboraciones están muy pensadas y medidas.

A continuación el calamar con foie a la brasa, kimchi de maíz y piel de lima. Probablemente el plato más complejo de este menú. A destacar las diferentes sensaciones. Por una parte picante y ácido (siempre elegante), por otra esas notas untuosas de grasa junto con la necesidad de hincar el diente al cefalópodo. Emplatado muy adecuado para que todas esas percepciones descritas aparezcan casi a la vez, buscando la unión entre los diferentes ingredientes a la hora de degustar. Inteligente, sabroso, diferente, placentero.

Se finalizaría con el costillar ibérico con coco y jugo thai. Lo primero resaltable es la textura de la carne, la facilidad con la que la misma se desprende del hueso. Prácticamente, la urdimbre y el contexto te invitan a comer con las manos. La frescura del jengibre y la acidez de la lima provenientes del jugo thai desengrasan la boca en cada bocado para volver a atacar el costillar. De nuevo, el “¡Joder, qué bueno!”

El primer postre fue media ración de quesos junto con una excelente mermelada de pera y un un muy adecuado crujiente de pan. Los quesos ofrecidos a muy buen temperatura. En concreto un Gouda viejo, un Saint Agur de mayor cremosidad y finalmente un Morbier con un punto de mayor intensidad. Buenas elecciones.

El pastel de chocolate con avellanas y mandarina resulta un postre de línea más clásica. Remarcable, la textura crujiente de la galleta de avellana sobre la que se aposenta el chocolate rematado con la fruta ligeramente caramelizada. A un menor nivel que la cocina dulce, pero fiel a ese punto de sustancioso.

Suculent es uno de esos sitios que cuando sales ya quieres volver. Por buscarle un simil en Madrid, Suculent me ha recordado a Triciclo. Lugares ambos donde la cocina está por encima de todo lo demás y donde se tiene la sólida sensación que siempre habrá algo que te encandile.

Se percibe el acabado y la redondez de los platos, las adecuadas temperaturas, el contraste entre elementos. La aparición y fluidez de un tipo de acidez que ayuda a un menú prolongado, abanderando momentos de armonía y frescura.

Post completo y fotos en complicidadgastronomica.es/2017/03/suculent

26/05/2016

Incomodísimo Bistrot con cocina irregular. Carta de vinos de Moscú. Dudas (muchas)

Suculent es una taberna o casa de comidas en el barrio del Raval de Barcelona. Se supone que tienen dos locales, uno más “tabernero” y otro más serio, más restaurante. Después de mi experiencia en el segundo, me pregunto cual es la versión menos seria. En fin. Vamos al lío.

Local incomodísimo. Una barra y 4 mesas de apenas 60 cm de ancho para 4 personas. Otras dos mesas en una especie de altillo, sacadas de la nada en un prodigio de ingeniería cubista-gastronómica digno de un cuadro de George Condo.

Me soplan que hay una mesa privada en cocina, dónde seguro que la experiencia gana enteros. Pero a mí me va cómo me va.

Una vez sentados (o mejor dicho enlatados) en la mesa, esperamos.
1-2-3…15

Cada uno de esos números es 1 minuto. Nada. Ni pan. Ni agua. Ni vino. Nada de nada.

Finalmente cogemos las cartas a la brava de la mesa de servicio.

Al final, tenemos suerte, y encontramos una gentil barista que nos toma la comanda.

Carta corta, apenas 4-5 entrantes y otros 4-5 segundos. Todos apetecibles, eso sí.

Carta de vinos re-loca…índice PDB (Pétalos de Bierzo) a 32 eur.

Piii Piii Piii suenan las alarmas. La carta de vinos además de confusa, puesto que está distribuida por precios juntando denominaciones y tipos de vino está más subida de precio que unas chanclas de Chanel.

NUESTRA OPCIÓN:

CUAJADA DE ALMENDRA Y MIEL CASERA DE PINO. Un fuera de carta. A medio camino entre un postre y un entrante. Ni salao ni dulce. Un despropósito. Malo. Anodino. Escueto (esto se repite en todos los platos).

CEVICHE DE GAMBETA ROJA. Excelente. Suave, equilibrado y con una calidad fuera de duda. Un plato de 10. O mejor dicho de 9 porque la ración es de risa: 4 gambas con un dedo de fondo de leche de tigre. Mal en cantidad, un 10 en sabor. 14.50 eur

ALCACHOFAS A LA BRASA CON HUEVO DE CODORNIZ Y PANCETA IBÉRICA. Un plato excelente en cuanto a materia prima y punto pero 14 eurazos por 2 alcachofas es simplemente más obsceno que un gran formato de Koons zumbando a Chicholina por mucho que fuera su mujer.

(Kit Kat: en este momento ya estoy como Stephen Hawkins en su silla. Arrugado y entumecido. Simplemente no se cabe. El de la mesa de al lado, un tío de unos 100 kgs de peso ya ha dado la bronca un par de veces por el servicio. Además, y esto es culpa del boogie, tengo una mesa con dos niños de 2 años al lado que lloran porque están cansados (yo también quiero llorar con ellos). Fin del Kit-Kat).

COSTILLA R CON COCO TIERNO Y SALSA THAI (creo): una costilla pelada de carne pero con toda su grasaza intacta. Imposible de comer aunque tengas vesícula. Si no la tienes, amigo mío, mejor prueba otra cosa con menos riesgo, como el free-jumping.

Hemos llamado al 112 por si han visto al Coco Tierno y a la salsa Thai, que llevan desaparecidos desde anoche. 17.50 eur

STEAK TARTAR TIBIO CON TUÉTANO. El plato estrella de local. Ya sabía a lo que iba. Había visto fotos y de tó. Error. Una cantidad enana de un steak tibio? (el mío era crudo, es decir, normal) sólo aliñado con mostaza y con un tuétano pasado que había que rascar pero del que ni está ni se le espera. Eso sí, presentado con medio kilo de hojas de abeto. Un verdadero despropósito en contenido y continente. Mal. 16.50 eur.

ANGUILA CON FOIE. Servida con Kimtchy. Muy rico, ligero y saboreibol. Bien. 18.50 eur.

DETALLES QUE NO SE VEN PERO ESTÁN:

Local incomodísimo, en serio que no hay sitio humano para disfrutar de una cena o comida de una forma racional. Y eso que nosotros somos de la tierra-media.

Raciones nano-tecnológicas.

Mucho ruído que no permite oír cuando te cantan los platos.

CONCLUSIÓN: Múcho fi-fi-fi y poco fa-fa-fa. Platos buenos frente a descacharres en un local más para un picoteo de barra que para una cena sentada. Salvo que vayas a la mesa VIP-Gromenauer-pecador de la pradera, hay otras opciones mucho mejores en BCN.

Suculent no est parant mint.

POST SCRIPTUM: Puede ser el Triciclo de BCN en cuanto al servicio (lento al principio y más rápido que el correcaminos luego) pero la cocina del primero está muy por encima de éste.

Guillermo Castilla

Definitivamente se me quitaron las ganas de visitarlo!!!

26 de mayo de 2016

Lady Spider76

Yo creo que barra o mesa Vip son mejores opciones

26 de mayo de 2016

26/05/2016

Comida irregular (cosas muy buenas y otras muy malas) con una rcp muy justa. Vinos a precios europeos (de Pirineos para arriba). Prescindible

Guillermo Castilla

Lo tenia pendiente, y tenia medio organizada una vista para junio, pero se me están quitando las ganas!!!.

26 de mayo de 2016

spider72

Guillermo...tiene críticas muy muy buenas. A nosotros no nos ha ido bien, pero ya sabes que esto es según le va a cada uno...

26 de mayo de 2016

Guillermo Castilla

Si las tiene pero son de sus inicios, Creo que como se dice por aquí: a por la pela :)

26 de mayo de 2016

Lady Spider76

Creo que una incursión previa en barra te dará una idea antes de aventurarte

26 de mayo de 2016

13/04/2016

Fantástica Casa de Menjars refinada, alta cocina de la suculencia, visita obligada.

Diciembre 2015

Para Comer en Barcelona, mención especial se merece Suculent, esa pequeña “taberna” del Raval en la que Toni Romero lleva ya tiempo brillando con luz propia. En mi segunda visita, apostada en la barra de su diminuto local, tendrán apenas 8 mesas más un reservado al fondo, pude disfrutar de una cocina redonda, de combinaciones interesantes, técnica ejemplar y, sobretodo, auténticamente placentera. Manejan una carta bastante extensa además de dos menús degustación que aconsejo con los ojos cerrados para dejarse llevar por la experiencia y el buen hacer de Toni; yo pude catar platos que guardo en el recuerdo como el tartar de ....

PARA LEER TODO: missmigas.com/2016/04/comer-en-barcelona.html

acme

Para!

13 de diciembre de 2015

1Falces

Triciclo es el Suculent de Madrid y Suculent es el Triciclo de Barcelona. Una maravilla.

14 de diciembre de 2015