Taberna da Rua das Flores

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06/01/2017

Extraordinario

No aceptan reservas, por lo que hemos tenido mucha suerte de no tener que esperar ni cinco minutos. Te apuntas en una lista y esperas fuera hasta que te toque. Creo que es normal que así, te guste mas.
Lugar con mucho charmé, con camareras encantadoras. Y buena música. Eso si que es raro. Un tanto pasada de moda pero agradable.
Al mediodía unos pocos platos escritos en una pizarra: uno vegetariano, una sopa, una ensalada y tres platos principales.
Hemos comido el salmón, servido sobre un lecho de verduras exquisitas y el boeuf bourgignon. Excelente.
Con un buen vino un reserva tinto: Nana. Una tarta de chocolate riquísima.
Los cafés servidos en vaso, creo que de puchero, lo que menos me ha gustado.
En total, 20€ por persona.
Tan, tan bueno que entran ganas de ir esta noche a cenar,

05/01/2013

Nuevo minilocal supertrendy en Lisboa

Leí los comentarios de Maribona y alguno que otro más y estando al final de la cuesta (en la parte de abajo) decidimos trepar calle arriba, con el "subidón" nos entró hambre y allí nos quedamos. No cometáis el mismo error porque está al ladito de la plaza Camões.
Poquitas mesas, madera envejecida, toque vintage, escasa decoración y mesas vacías porque era muy pronto hasta para los portugueses. Nos toca una mesa con taburetes al lado de la barra, pedimos que nos los cambien por sillas. El local, que tan acogedor parecía al principio se convierte en una mesa estrechuja y dos sillas incómodas. Aparece el camarero de bigote ultramoderno y polo de Fred Perry con una pizarra y nos comenta educadamente plato por plato y dice que 3 platos para dos personas es los que suelen pedir los clientes. Todos rondan los 7€ y parece buena materia prima. En la mesa servilletas cuadradas de papel y platillos de sobremesa en el que tendremos que servirnos las raciones que vendrán. Pedimos verduritas salteadas, açorda de huevas de bacalao y jamoncitos de pollo con salsa agridulce. Lo único distinto fue la açorda. Los otros platos estaban medio fríos y no tenían ningún sabor especial. No pedimos postre aunque nos habíamos quedado con hambre. También sirven cócteles. Ah, el pan y el aceite que ponen al principio estaban muy buenos.
En la puerta había varios grupos de gente esperando para entrar, ¡ay, las modas!
No me entusiasmó el sitio, la comida es normal (quizás no elegimos bien), el trasiego de camareros y clientes agobia un poco y no es nada acogedor. Me quede, eso sí, con ganas de probar los menús del mediodía.

03/05/2012

Carlos Maribona lo descubrió en abril de 2012

La cocina popular de Lisboa

Recién abierta (apenas un mes), en el número 103 de la calle del mismo nombre, en el Chiado. André Magalhaes, cocinero y empresario, gran estudioso de la cocina portuguesa, es el responsable de este modestísimo e incómodo local, con apenas seis mesas de madera con taburetes al estilo de las viejas tabernas de Lisboa, y con una pizarra por carta. Recupera productos y de platos tradicionales lisboetas, algunos de los cuales estaban ya prácticamente desaparecidos o al borde de hacerlo. Ahí está la desfeita de bacalhau, un bacalao desmigado en el que se emplean las partes menos nobles pero más sabrosas y que se prepara en frío al modo de una ensalada, con garbanzos cocidos, huevo duro, cebolla, pimentón y perejil, aliñado todo aceite de oliva. O las iscas con elas, filetes de hígado de ternera guisados con ajo y laurel servidos sobre unas patatas cocidas y partidas en rodajas con su piel. Dos platos que no faltan nunca al mediodía en la breve oferta de André. Cocina humilde, sencilla, de sabores intensos, que recupera en esta taberna todo su esplendor. Y con ellos, el sangacho de atún, la parte más fea de este pescado que se vendía en latas, la conserva más barata del mercado, y que constituía el menú habitual de los trabajadores del puerto de Lisboa, quienes mezclaban el contenido de la lata con cebolla cruda para comerlo sobre rebanadas de pan. Así se sirven aquí. Y además, huevas de pulpo y de merluza secas; una ensalada "de lata" que combina huevas de sardina, una de las conservas más cotizadas de Portugal, con sardinillas y algas; o jurel escaldado y aliñado con aceite, ajo y cilantro (un plato habitual entre las mujeres que trabajaban en las conserveras del Algarve). Más cosas que son pura tradición: la chixa de Tras os Montes (cuello de cerdo con miga de pan y tomate), la miomba (bocadillos de carne de cerdo marinada servidos con mucha salsa) o la sopa de feijao. Allí se venden también conservas y otros productos de amigos de André, que cuida todo al máximo: aceite excelente, pan artesanal, o cerveza también artesanal que junto a vino en frasca o agua es la única alternativa para beber. De postre, naranja aceitada con sal. Y para terminar, café de puchero. Ojo, cierran domingos y lunes y no reservan mesa por lo que hay que esperar pacientemente a que quede una libre.