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22/07/2017

Producto y buena mano en La Cocina

Verano, playa, amigos, Ginebra, cerveza, resaca y comer. Esto es lo imprescindible que tienes que hacer en verano variando la bebida espirituosa en función de gustos, pues eso acudimos a Jávea los amigos con ganas de tomar el sol y con tremenda sed y también con hambre.

Resulta que el primo de un buen amigo mío regenta este restorán, además estuvo currando en casa Gerardo y si no me equivoco en Quique dacosta y ya que estábamos por la zona había que probar que tal nos daban de comer, cenar en nuestro caso.

Carta corta, platos tradicionales y otros más modernos con un enfoque clarísimo al producto local y de temporada algo que me parece fundamental en este tipo de restaurantes ya sean de costa o de montaña.

Cerveza fría y vino blanco de javea o de algún pueblo cercano amenizaron el bebercio, también hubo hueco para el agua, la resaca nunca nunca perdona.

Para comer;
Croquetas ricas, plato infalible, como dice chicote si en un restaurante están buenas las croquetas lo normal es que el resto este bueno.

Buñuelos de bacalao, sublimes prácticamente líquidos y con saborazo

Ventresca de bonito y de bonita, dos platos diferentes, ricos, aunque hubo uno más aplaudido que el otro. Como decía antes productazo.

Taco de panceta y anguila, esto señores me pareció sublime, muy muy top, brutality.

Pluma de joselitos, sabroso, rico, de 10

Llegamos a los postres y aquí no podía faltar el arroz con leche de los que cayeron 3 raciones siendo 7 personas y mamma mia clavado a casa Gerardo o muy parecido. También hubo algo de chocolate y de yogur, algo probé por el que dirán pero ya estaba saciado.

Unos chupitos y cafés por parte de la casa pusieron fin a semejante homenaje culinario.

Si estás por javea me parece imprescindible, estaba lleno y suele estar así todos los días. Parece que aquí citando al grandísimo Karlos Arguiñano se cocina con fundamento.

10/05/2019

La juventud empuja

Borja Susilla y Clara Puig se conocieron trabajando en Quique Dacosta y posteriormente se mudaron a Gijón para continuar haciéndolo en Casa Gerardo. Hace casi ya 3 años (Mayo 2016) abrieron en Jávea, Tula, un pequeño restaurante para capacidad entre veinticinco y treinta comensales con una oferta culinaria diferente a la habitual en la zona. La carta no es excesivamente extensa pero se completa con atractivos fueras de carta más vinculados a aquellos productos que el mar y el mercado ponen en las manos de Borja y Clara.

La disponibilidad de tomar bocados por piezas abre la posibilidad de hacer una degustación más amplia permitiendo sacar ciertas conclusiones de la cocina de Tula. Destacan aquellos platos en los que los fondos y los jugos que son suculentos y esenciales tienen cierto protagonismo dentro del conjunto como los casos de las quisquillas y las cocochas. Por otra parte, también se observa el análisis y apego a esta tierra alicantina a través de diferentes elementos como la berenjena a la llama, el erizo, el homenaje al guiso a través del mollete crujiente de pelota y la aparición de las gambas en una preparación sencilla pero diferente y al mismo tiempo exacta.

Tula es un verdadero ejemplo de comienzo para una pareja jóvenes de cocineros. Un restaurante coqueto y manejable que permite a Borja y Clara ser dueños de su destino gastronómico. En una localidad marcada por el turismo estacional, han sabido establecerse una clientela de visitantes frecuentes y aficionados alicantinos a la gastronomía gracias a una carta personal y diferente y elaboraciones que en general resultan notables. Su cocina viene marcada por esa mirada a ingredientes y preparaciones locales que revisan con acierto y por la influencia de los cocineros que han marcado su aprendizaje como Dacosta y Morán.

Algunas preparaciones para mejorar su resultado final necesitarían de un mayor equilibrio como son los casos del taco de anguila y panceta, el mollete crujiente de pelota y el boniato con crema del almendra, mientras que otras donde se reducen el número de ingredientes y el principal está muy definido, como las quisquillas y las cocochas, los sabores se presentan más limpios y el desenlace final es bastante más armónico. Mención especial merece el cucurucho de erizo y tuétano; de planteamiento complejo es resuelto con una sutileza que nos lleva a pensar en los buenos mimbres que sostienen Tula.