Este Restaurante se inauguró en Enero de 1973, en la calle Álvarez de Baena número 4 de Madrid. La cocina se puede calificar de “Alta Cocina” siendo muy personalizada y tenien...

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02/12/2014

Un clásico para empezar

Pues para empezar mis comentarios en 11870, he decidido hacerlo a lo grande con Zalacaín. Primera visita la semana pasada, conocida ya la retirada de su última estrella Michelín. Fui a comer, al principio no había mucha gente pero luego se fue llenando hasta más de la mitad de ocupación. Decoración muy muy clásica, de salón de casa lujosa, y muy confortable. Todos los hombres llevaban chaqueta (que he leído por ahí que es obligatoria), pero es que al ser entre semana y la comida, iba todo el mundo de traje.
Camameros de toda la vida super eficientes y amables. Edad media de los comensales 50 años y mayoritariamente hombres. El precio de la carta, pues muy elevado, lo esperable, el plato de media unos 35 euros, un buen sablazo.
Pedimos de primeros platos menestra y raviolis, muy buena elección, nada de platos a compartir que para una vez que voy....De segundo la perdiz y la merluza, también gran calidad y muy bien cocinadas, por lo visto son sus especialidades. De acompañamiento las patatas souffle, muy bien fritas, con el tamaño adecuado. Excelentes.
Los postres lo menos logrado para mi gusto, pero en general en Madrid es difícil encontrar el mismo nivel en los postres que en el resto de la comida (¿por qué no se cuida la repostería???). Tomamos natillas, buenas pero aburridaaas, y el mousse de yogur, que es en formato semi blando (como un flan), con el tradicional y nada original coulis de frambuesa. Si vais probad otra cosa, ahí no os dejéis el riñón. De acompañamiento con el cubierto te ponen varios entrantes y con los postres la clásica teja gigante y trufas, todo muy bueno.
Lo peor, el pan, no tiene la calidad suficiente para ese restaurante y ese precio, lo mismo que antes con los postres, ¿es tan difícil cuidar el pan? (Podían hablar con Ramón Freixa, que su padre le proporciona el mejor pan para su restaurante, eso sí que es pan de verdad y para mi gusto mejor que su comida, pero ya hablaremos de ese restaurante). Al menos ponen mantequilla...

Bueno, pues eso, lo esperable, gran calidad, muy conservador en sabores, muy clásico, muy de padres, muy de negocios de alto nivel (lo que viene siendo divertido no), muy de Madrid detodalavida, pero hay que ir al menos una vez, sobre todo si te invitan...

PD. No he dicho nada del vino porque no recuerdo cuál tomamos (un poco triste), así que no fue una gran recomendación del sumiller, era algo poco original sin duda.

Lo de la estrella Michelín, pues no me pareció ni mejor ni pero que otros que la tienen o que se la han dado en la última edición. Mucho calidad y cocina de toda la vida, pero hay que saber hacerla y en Zalacaín saben

09/12/2013

EL RESTAURANTE MÁS CLÁSICO DE MADRID (EX 3 ESTRELLAS MICHELÍN Y AHORA CON UNA)

Tercera visita a Zalacain el pasado sábado noche. La vez que más vacío lo he visto, no estaba ni al 50%. Puede que se haya debido a que era puente. No obstante, yo también lo achaco al hecho de tener que llevar traje para poder cenar aquí.

Solo Horcher y Zalcain obligan a los caballeros a llevar chaqueta y corbata. No me voy a meter con ello porque en su casa cada uno pone sus reglas. Pero de lo que no hay duda es que mucha gente (joven) por el solo hecho de tener que llevar corbata y chaqueta es un sitio que les da pereza. Prueba de ello es que este sábado noche la media de edad era de 70 años.

También opino que por el hecho de uno lleve chaqueta y corbata no va a ir más elegante. Sergio Gramos o Iker Pastillas pueden ir con chaqueta blanca, camisa morada y corbata negra y ya con eso cumplen el dress code de Zalacain.

Que conste que a mí me gusta que haya que ir así vestido a Zalacain pero desde el punto de vista empresarial, creo que están olvidando a muchos clientes que si no fuera por esa regla, seguramente irían a conocerlo.

Santecloni por ejemplo me parece un sitio mucho más elegante y con mejor servicio, y no hay que llevar corbata.

Si tuviera que comparar esta última experiencia en Zalacain con la última experiencia en Horcher, me quedo con este segundo en cuanto a sitio acogedor y trato, si bien la cocina de Zalacain gana claramente.

Zalacain cuenta con muchas salas, varias de ellas a modo de reservados, lo que sin duda le convierte en perfecto para cenas de negocios. Hace 20 años Zalacain era el sitio por excelencia donde se cerraban los grandes negocios o asuntos de Estado, acabando la cena con un buen armagnac y un puro. Ahora en cambio creo que se cierra mejor un negocio llevando al cliente extranjero a cenar a DiverXo que llevándolo a Zalacain.

Centrándonos en mi experiencia de este sábado noche, al llegar pasamos primero al pequeño a bar a tomar un muy buen bloody mary.

Ya en la mesa, optamos por tomar lo siguiente:

Ostra plana al natural (4,50€). Ostra de gran tamaño y sabor espectacular. De las mejores que he tomado.

Tierra de morcilla, yema de huevo trufado y crema de parmesano (24€). Como cualquier entrante, lo sirven emplatado en raciones individuales. Es un entrante contundente pero con una mezcla de sabores que me gustó mucho.

Lasagna gratinada de hongos y foie de oca (30€). Un entrante clásico de la casa que no puede faltar. Eso sí, mucho más contundente que la tierra de morcilla por lo que tras estos dos entrantes, las croquetas que te ponen de aperitivo y el pan con mantequilla, más de uno ya podría darse por cenado.

Pasamos a los segundos donde el plato por excelencia es el steak tartar (31€). Lógicamente te lo dan a probar antes. Es de los mejores que he tomado. No obstante, es una ración grande que cansa mucho por lo que para mi gusto es mejor compartirlo con alguien o incluso pedirlo al centro como entrante.

Entrecóte de buey al vino tinto con tuétano (34€). Espectacular la carne, pura mantequilla. Lo malo de este plato es que en seguida se enfría por lo que si comes despacio, los últimos trozos de carne se quedan fríos.

Bogavante guisado con emulsión de tomate, crema de aguacate y pasta (50€). Muy buen plato aunque quizás a ese precio no merezca la pena pues al fin y al cabo el buen sabor del bogavante pasa algo desapercibido entre tanto ingrediente.

Venado con salsa de ciruelas (30€) y Perdiz guisada con Málaga Virgen (30€). Son dos buenos platos de caza aunque no llegan al nivel del steak y el buey.

De postre, una pasta de espejo con crema de mascarpone que para su alto precio (11€) no merece la pena.

Para beber, un champgane Pommery y un flojo tinto Fos 2007. En todas mis visitas nunca me ha atendido Custodio quien ya se jubila, así que me quedo con las ganas. Seguro que Custodio no nos habría ofrecido este vino….

Al final, entre 6, y saliendo excesivamente llenos, pagamos 600€ si bien es cierto que no bebimos mucho. La verdad es que pese a los altos precios de cada plato, 100€ por persona no resulta tan caro y es que al ser un sitio de primero y segundo, la cuenta no se acaba disparando.

No hay duda de que aquí se come muy bien. Lo de que se merezca una estrella ya no sé decir. Si por mi fuera quizás no se la diera, o más que no dársela, se la daría también a otros sitios “clásicos” que a mí me gustan más como Viridiana o Tasquita de Enfrente, o Sacha si me apuras.

Zalacain es un sitio que hay que conocer pero no de repetir mucho. Yo tras 3 visitas, creo que lo guardaré en el armario unos cuantos años.

Javier Sanchidrián

Pues yo he ido dos veces y las dos me atendió èl. Y no soy de tipo A. Pero quizá es q fue hace varios años... Muy buen restaurante, siempre. Y no sube de precio

18 de enero de 2013

ALBERTO DE LUNA FANJ...

Pues yo he ido tres veces y nunca me ha atendido...a lo mejor sí que eres tipo A Javier y no lo sabes!! jejeje

21 de enero de 2013

Javier Sanchidrián

Te puede caer gordito... A mi la primera vez intentó recomendarme un vino "trucho" en vez del 890 de Rioja Alta q pedí... En la mesa de al lado, Mayor Oreja con José María García... Q tiempos, jajajaj

21 de enero de 2013

Javier Sanchidrián

Jajaja, como no tenga yo una herencia q conozca el tal Custodio o me confunda con Paquirrín...

22 de enero de 2013

27/12/2013

el que tuvo, retuvo

actualización: a pesar de los insistentes rumores que corrieron hace dos años por Madrid de que Zalacain podría cerrar, sigue en pie, inasequible a la rumorología y con una magnífica cocina, un servicio esmerado y una tradición que se agradece frente a tanta espuma y esferificación. Un lujazo

20-3-11:durante años fue considerado el mejor restaurante de Madrid. Yo creo que hoy ya no está en esa liga pero sigue manteniendo un altísimo nivel, son concesiones a la cocina molecular o minimalista que nos invade. Sin duda lo mejor es el equipo de sala y la experiencia de años sabiendo atender como nadie. Platos contundentes y el paso del tiempo ha "abaratado" su factura. Si hace 10-15 años comer por 16.000 pesetas era una barbaridad, hoy día sigue costando en torno a 100 euros pero ya suena hasta asequible.

25/06/2013

A la altura de su fama, pero su época pasó.

Me negué largo tiempo a acudir a cualquier sitio en el que exigieran chaqueta y corbata, por el mero hecho de que llevaba años sin tener la obligación de vestirme de "romano". Pero al haber cambiado la vestimenta de trabajo, se justificaba una visita (en viernes, eso sí) a Zalacaín.

Haciendo un resumen muy resumido:

Entorno entre pomposo, pretencioso, decadente, demodé... ponedle el adjetivo que cada uno quiera. ¿Elegante? Supongo que bajo el criterio de 1985 sí. Mucho. Cubertería de plata, vajilla V&B, cristalería Riedel, mantelería de hilo, etc. Edad media =1.5 x la mía.

Servicio atento (no podía ser menos) y cordial. Si les das un poco de cuerda incluso chisposos. Como curiosidad, teníamos al lado una mesa de 8 comensales (65-80 años) en la que una señora estaba despellejando a alguien llamándole "medio hombre". Nuestro camarero, mientras nos atendía, nos dijo por lo bajinis "está hablando de su yerno..." Mis condolencias.

Ah, la comida. Pedimos un menú degustación de primavera (en conmemoración del 40 aniversario; 100€ maridado con vinos propuestos por la casa) en el que se recogen los platos más emblemáticos de Zalacaín. A saber.

Entrantes (fritos): NO PROCEDE. No está al nivel de un sitio así.
Sopa de Pescado: RICA
Lasaña de hongos: DE PALMAR.
Bacalao Tellagorri: NI FU NI FA.
Plato de carne (Creo que carrillera): BUENO.
Torrija: EN LA SANTISIMA TRINIDAD DE LAS TORRIJAS.
Buen té Darjeeling y buen café ristretto.

Lo anterior hay que leerlo de la siguiente manera: todo está muy bueno. Es cocina tradicional de perfecta factura y calidad. Casi nadie llega a ese nivel. Pero ya está. Casi nada sorprende ni te hace reflexionar más allá del ¡“qué bueno está!”. Que no es poco.

La gran pregunta. ¿Volveré? Creo que sí. Al menos para volver a comer la lasaña. Y si hay torrijas, también.

01/05/2014

Un clásico de entre los clásicos que sin duda merece la pena tanto por la dedicación del personal como por su increíble bodega, aunque ya no esté Custodio, pero sigue igual de bien atendida. Es caro, pero no esperas menos de un restaurante de su categoría. Para un homenaje muy generoso.

02/04/2013

Palabras mayores

Esto es alta escuela, te sientes como un príncipe por el trato recibido.
Da igual que seas amigo, poco entendido, joven o veterano, gastrónomo, te van a tratar igual.
Hace más de 30 años que fuí por primera vez y todo sigue igual.
Todo el equipo y especialmente el somelier son de gran escuela.
Si quieres un homenaje sin mezclas raras pero con una cocina de altura, es tu sitio. Un tres estrellas de libro no apto para snobs.

11/07/2012

Un clásico.

Con casi 40 años de existencia, Zalacaín es uno de los grandes restaurantes clásicos de Madrid. Uno de esos templos de los que una capital europea de primer nivel como Madrid no se puede permitir el lujo de prescindir. Quien sube las escaleras de Álvarez de Baena, 4 no va buscando que le sorprendan con los últimos platos más representativos de la vanguardia gastronómica, tampoco busca probar nuevos ingredientes ni elaboraciones sorprendentes. A Zalacaín se va a buscar, y a encontrar, una alta cocina clásica elaborada de forma impecable, un servicio esmerado de los de la vieja escuela y una carta de vinos de alto nivel a cargo de una institución como es Custodio López Zamarra. Zalacaín es un pequeño oasis (hay para quien puede ser un pequeño infierno) en el que no hay camisetas ni zapatillas de deporte. Eso sí, muchas señoras con permanente y mucha chaqueta y corbata, obligatoria para los caballeros.
Sobre la mesa platos de toda la vida como la lasaña gratinada de hongos y foie, el bacalao "Tellagorri", las manitas de cerdo, el steak tartar o la pularda. Ah, y las ineludibles patatas suflé.

Era nuestra última noche como residentes en Madrid y además el cumpleaños de uno de nosotros. Lo ajetreado de nuestra vida reciente nos había impedido planificar la velada,pero Zalacaín no es un lugar en el que, a día de hoy, haya que reservar con excesiva antelación. Estaba lleno eso sí.
Público muy "zalacaín". Parejas y pequeños grupos con una media de edad muy superior a la nuestra ocupaban completamente las mesas del restaurante un lunes cualquiera de abril.

Tras los fritos de croqueta y calamar, y la mantequilla con la que nos recibieron, pasamos a examinar la carta y esto fue lo que pedimos:

Como primeros, unos huevos escalfados con crema de coliflor, soubise de hongos y caviar (lo mejor llega al romper la yema) y la clasiquísima lasagna gratinada de hongos e hígado de oca.
Ambos impecablemente ejecutados y deliciosos.

Como plato principal coincidimos en pedir la pularda con salsa périgourdine y mini zanahoria. Acompañada de patatas souflé.
Este plato, aparte de lo bueno que está, permite presenciar como el personal de sala trincha la pieza delante del comensal al mejor estilo de la cocina de maître d'hôtel francesa.

Como postres, un biscuit al Pedro Ximénez y crepes Zalacaín, flambeados delante del comensal.

Terminamos con la enorme teja y los demás petit fours acompañados de unas copitas de Tokaji Oremus 5 puttonyos.

Bebimos una botella de nuestro champagne de cabecera, al nivel de costumbre.

Ninguna sorpresa, todo clásico, todo según lo esperado, todo muy Zalacaín. Y que así sea por muchos años.

lossitiosdesambuquita.com/2012/06/zalacain.html

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29/07/2013

Un clasico entre los clasicos... Local que no se ha adaptado a los tiempos creando su propio tiempo.

Excelente cocina y maravillosa bodega. Servcio a la altura del precio medio. Un sitio para ir de vez en cuando

03/02/2010

¿El aventurero?

Me gusta Zalacaín por su autenticidad. Sin trampa ni cartón, es exactamente lo que cabe esperar de él: cubertería de plata rivalizando en brillo con la estrella Michelín, paredes forradas de tela roja sobre las que cuelgan litografías "de las modernas" en contraste con los comensales "de toda la vida".

Nada menos que 1.200 referencias en su carta de vinos, sumiller famoso, cocina de mercado, productos de primera calidad y raciones generosas. Sin tacha.

Parece ser que uno de los platos más típicos del lugar son las manitas de cerdo. Personalmente no me va, pero tanto los ravioli como la lasaña de boletus sí. Sin embargo, lo imprescindible son su excelentes carnes y pescados, entre ellos un apetecible steak tartar, mero al horno, venado, ragut de rape, lubina, bacalao, merluza.... todo ello entendido a la española y sin sorpresas. Las sorpresas, que pueden ser malas, pero también pueden ser buenas.

Sólo hay algo que objetivamente falla en Zalacaín: el pan. Parece increíble que en un lugar donde cuidan e incluso miman a sus clientes con toda clase de atenciones, descuiden este detalle esencial.

15/12/2008

Jesús Encinar lo descubrió en diciembre de 2006

Un clásico de siempre

Solía ser uno de los mejores restaurantes de Madrid, al estilo de los grandes restaurantes franceses. Aún mantiene su estrella Michelin y los típicos galardones de este tipo de restaurantes.

La entrada es de lo menos pretenciosa, parece que vas a casa de alguien en un edificio de viviendas. La decoración sigue como la recordaba de hace muchos años. Sin cambios. Quizá lo mejor es la propia decoración de cubiertos, platos y decoración en mesa. Los cuadros en la sala intentan dar ese punto de modernidad al ir sin marco y ser abstractos, pero me recordaban cuando de pequeño iba al parque de atracciones y te divertías echando pintura sobre unos tornos y viendo el resultado.

Me resulta algo antiguo y con un puntillo pretencioso. Tienes que ir de chaqueta y corbata. Al entrar todos los comensales se dan la vuelta para ver quién entra. El camino a tu mesa es un paseíllo entre miradas, esa cosa tan típica de los restaurantes caros de Madrid dónde la gente va buscando conocidos para saludarse.

El público la noche que fuimos era a base de parejillas dándose un homenaje, como nosotros, y grupos de gente mayor que parecía que acababan de ser teletransportados desde sus chalets en la Moraleja. La media de edad de ellos es unos 20 o 25 mayor que la media de ellas. Al paso por las mesas oías cosas como "tenemos que organizar una cacería de perdices…”. Creo que si trabajase aquí me acababa haciendo anarquista.

La carta sin sorpresas, lo que cabe esperar: consomé, menestra, lubina, merluza, bacalao, venado, manitas de cerdo, steak tartare, etc. Por una parte me gusta que la comida no se rinda a las veleidades de la nueva cocina, por otra parte esperaba ver algo más trabajado.

En la oferta de pan un suspenso, sólo dos variedades de pan: blanco o integral. Un pan duro sin el menor encanto ni sabor. Me sorprende la escasa atención que le dan al pan en Zalacaín.

El servicio me parece algo apresurado, casi impersonal para lo que cabría esperar. En un pis-pas has cenado y ya estás fuera. Al tomarnos la nota no habíamos decidido todavía y sentimos esa ligera presión de tener al jefe de sala esperando contigo hasta que has decidido algo, casi forzados a elegir rápido. Si te gustan los vinos en Zalacaín trabaja Custodio de sumiller. Es uno de los personajes más conocidos del mundo del vino en España. Va con un mandil de cuero negro que le hace muy sexy. De todas formas también notamos esa ligera presión por elegir rápido. No sé, quizá fue la noche que fuimos que andaban con prisa por algo.

De primero compartimos una ensalada de langostinos estupenda. De segundo unos medallones de solomillo que más bien deberían llamarse medallitas, eran tan pequeños que parecían hamburguesitas. También probamos un tartare de Lubina, que bueno, bien, pero nada del otro mundo. Lo mejor fue a los postres. Una pequeña pero deliciosa tabla de quesos y las crepes, lo mejor de toda la noche. Cenar con el vino recomendado sale por unos 100 euros por persona. No me pareció caro para lo que solía ser Zalacaín.

Manteles de tela. Servilletas de lino.

GuanteDeSeda

"grupos de gente mayor que parecía que acababan de ser teletransportados desde sus chalets en la Moraleja. La media de edad de ellos es unos 20 o 25 mayor" ... auténtico!

22 de mayo de 2011

Emilio

Acabo de leer tus comentarios sobre Zalacain y me parecen sencillamente geniales...

22 de octubre de 2014