Alvaro Armenteros

Azurmendi

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Legina Auzoa s/n Larrabetzu, Bizkaia provincia, España

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Irrefutable

me encanta, uno de mis favoritos

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Después de hacerme unas cuantas farmacias y jugarme las ganancias a rojo en Torrelodones, he podido llevar a mi querida consorte a celebrar su cumpleaños a la casa el Sr. Atxa, que es como el Sr. Lobo pero en los fogones. No se merece menos (mi consorte, se entiende)

Estupendo local el Gastronómico (existe un Azurmendi "pret-a-porter" un poco más abajo, donde tienen la bodega y que seguro que merece una visita también). Local colgado de una ladera, totalmente diáfano y luminoso, de espacios amplios y diseñado para desarrollar una experiencia tipo visita, del estilo de la que haces en Coque, por poner un ejemplo similar que conozco (creo que Dstage también tiene este planteamiento)

Recepción en hall, visita a cocina, invernadero, y luego ya terminas en la sala. En cada sala se toma un apertivo. Muy chula la cesta de picnic con la que empiezas. Me la quería llevar pero a pesar de lo que pagas no está incluida, jejeje.

La visita en si está curiosa. Muy gracioso el saludo al unísono de todo el personal de cocina cuando entras y sales. Me recordó a un restaurante de Tokyo donde cada vez que entraba un cliente todo el personal gritaba un saludo (o eso supongo, aunque el berrido era intimidatorio). Quizás es un poco apresurada y automatizada. La finiquitas rapidito, aunque entiendo que no se entretengan porque hay más público que hacer desfilar. El caso es que aquí lo importante es ya en sala darle duro a la degustación.

Hay dos opciones: una con los clásicos (145) y otra un poco más larga los platos de temporada (175). Con el consabido "para una vez que voy a venir" por bandera, vamos a tope de power con el más largo. A tomar por saco.

Son muchos platos y no voy a desglosar todo lo que nos trasegamos porque los lunes tengo mucha pereza en el cuerpo (y el resto de la semana también). Resumo que el nivel de cocina es muy alto, que hay mucha elaboración y técnica, que hay productazo (ostra, bogavante, pichón... el sitio es caro pero en materia prima no escatiman), que los ingredientes son muy reconocibles (esto es, que no hay mucha presencia de ingredientes exóticos, lo que ni es bueno ni es malo en si mismo) y muchos de la zona y que todo está bueno a rabiar.

Destaco, tras 24 horas de reposo, una deliciosa ostra (ostraza) sobre tartar de ostra, unas setas al ajillo de intensísimo sabor, unos estratosféricos callos de bacalao, un exquisito pichón y el postre de chocolate y cacahuete. Y el resto no desmerece. Sólo recuerdo una cosa que no me gustara: un helado de tomate que formaba parte de un plato de tomates con anchoa, que no sabía a nada. Por poner un pero.

El servicio empezó un poco frío (la visita, como he dicho, es un pelín mecánica) y en sala también se transmitió de inicio esa frialdad. Pero luego en la mesa, uno se acomoda y tiene la oportunidad de empatizar con las persona que te va a atender el resto de la experiencia. Y en nuestro caso nos toco un chico muy agradable con el que hubo buen feeling. El pobre cojeaba un poco por una lesión reciente, según nos confesó. Un diez para él por esforzado y porque se marcó el detallazo de traer tras los postres reglamentarios una tartita con bengala para homenajear a mi consorte a vista de todos, sin que se lo hubiera pedido previamente (comenté lo del cumpleaños en la reserva y luego durante la comida lo mecionamos también, y el resto fue cosa suya). A fé que se entero to quisqui porque nos puso una bengala de salvamento marítimo en la tartita. Se veia la llamarada desde el centro de Bilbao.

El patrón Atxa no estaba in-da-house. Pensé que estaría en Londres donde acaba de abrir garito, pero me contó mi amigo el lesionado que se había ido hace un par de días a Holanda. Una pena, no tanto por lo del saludo del chef que me da un poco igual, sino por verle comandar a la legión de cocineros que hay allí (la cocina se ve perfectamente desde la sala). Siempre me da curiosidad ver cómo se maneja una persona con tanta gente a su cargo.

Desde luego, es una morterada muy seria. Si al menú le sumas el vino de turno (en mi caso un Viña Tondonia reserva muy rico a 42 leuros) y algún espirituoso, pues rebasas los 200 por cabeza fácil. No obstante, para una ocasión especial creo que Azurmendi merece la pena el esfuerzo.

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Miss Migas

Personalmente me maravilló, creo que se ha ido directo a mis mejores experiencias en lo que va de 2016 (y no han sido pocas...). ¡Esas setas al ajillo! ¡Esa ostra! ¡Esos callos!
Para mí, vale con creces lo pagas. Gran reseña.

19 de septiembre de 2016

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