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Aficionado a la (buena) gastronomía. Periodista de la vieja escuela. Me gusta escribir para compartir mis experiencias. Como de todo siempre que esté bueno. Alg...

Carlos Maribona

mostrando 2 sitios

La Taberna De Elia

+34 616 87 82 87

Calle Vía de las Dos Castillas, 23 Pozuelo de Alarcón, Madrid provincia, España

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Buenas carnes

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Aurelian Catalin, al que sus clientes conocen como Cata, aprendió el arte de las parrillas en El Torreón, en Tordesillas. Y esos conocimientos los aplica ahora en este restaurante, que cuenta con tres zonas diferenciadas: una barra donde tomar buenos pinchos y raciones y que a la vez sirve de tienda de vinos; un comedor cuyo principal atractivo es la parrilla de carbón que se encuentra al fondo, junto a la que pueden verse dispuestas las piezas de carne; y una amplia terraza que en este invierno primaveral anima a comer al aire libre, o al menos a tomar allí una tranquila copa tras el almuerzo. La carta es demasiado amplia así que no conviene perderse demasiado en ella. Si acaso, un ligero salmorejo para abrir boca. Hay que centrarse en la carne y en la parrilla, que es lo que marca la diferencia de esta casa. Imprescindible el steak tartar, picado a cuchillo. Puede ser de solomillo, más suave, o de entrecotte, más intenso. Otras buenas opciones son la morcilla de Burgos o los dos tipos de chorizos, hechos también en la brasa. Pero el protagonismo principal lo tienen esas carnes de vacuno –pocas veces buey, aunque así se anuncie- que Cata elige con cuidado de sus proveedores (Los Norteños principalmente) y que madura él mismo en una pequeña cámara que tiene junto a la cocina y en la que las piezas adquieren el punto adecuado de ternura y de sabor. Las más habituales son carnes de vacas centroeuropeas que garantizan la regularidad en los cortes, aunque no alcanzan el sabor excepcional de las vacas viejas o de trabajo. Cuando llega alguna de estas, se ofrecen a precios casi de coste. Las primeras están buenas, pero cuando se comparan con estas últimas se puede apreciar la diferencia en textura y en intensidad. En ambos casos con el punto de parrilla exacto, la chuleta caliente por dentro y por fuera. Se acompañan con patatas bien fritas, aunque también puede optarse por pimientos confitados o fritos. Postres caseros, correctos sin más, como la tarta de queso o el tocinillo de cielo. Otro atractivo de La Taberna de Elia es la bodega. Una completa selección de vinos de todos los niveles, que se venden también en la tienda de la entrada para llevar a casa. En el restaurante se ofrecen a precio de tienda con un descorche fijo de 7 €.

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El Brasero de Don Pedro

+34 917 47 75 34

Avenida de Aragón 358 Madrid, Madrid provincia, España

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Para carnívoros

está OK

El Brasero de Don Pedro es uno de tantos restaurantes que se alinean en la vía de servicio que lleva a Coslada y San Fernando de Henares, a orillas de la carretera de Barcelona. Nada en su exterior lo diferencia de los demás. Pero una vez dentro sí hay una gran diferencia: sus carnes rojas. Piezas de mucha calidad, bien seleccionadas, que están entre las mejores que se pueden comer en Madrid y que se sirven en la mesa en cortes de 250 gramos previamente loncheados. En vez de los lamentables platos refractarios, se coloca junto al comensal una piedra caliente con la intención simplemente de que cada uno la coma a su gusto. Lo malo es que muchos clientes, en vez de pasar las lonchas de carne por la piedra unos segundos, simplemente para calentarlas, las dejan allí, achicharrándose hasta que quedan como zapatillas y pierden todas sus virtudes. Lo mismo da en estos casos servir una carne excelente que una de cuarta categoría. Y lo malo también es que ese proceso de recalentar las lonchas provoca un efecto similar al de los platos y fuentes refractarios: humo intenso y un olor que se extiende por todo el comedor y acaba impregnando la ropa. Una pena desaprovechar unas piezas de tanta calidad, pero es lo que hay. Como la carne es buena lo es también el steak tartar, que se prepara en la sala a la vista del cliente. De guiso, unas correctas albóndigas de ternera. Además de las carnes, los pescados a la parrilla son el otro punto destacado de esta casa. Probamos el lenguado, muy fresco y en su punto. En la carta hay también besugo, rape o cogote de merluza.
Pero si carnes y pescados están a muy buen nivel, no se puede decir lo mismo de las entradas, bastante más vulgares. Y con precios severos. Un largo apartado que va desde el jamón ibérico hasta frituras de pescado. Probamos un matrimonio de boquerones y anchoas. Los primeros aceptables; las segundas, aunque se anuncian como de Castro Urdiales, muy flojitas. Y con un pan con tomate reblandecido. Las croquetas resultan bastas, y el revuelto de morcilla de cebolla con piñones y pasas carece de interés. Por si fuera poco, hay algunas cosas verdaderamente extravagantes como la ensalada de la casa en la que se mezclan sin rubor trozos de foie gras con jamón de pato, salmón, aguacate, queso feta, berros y otras varias cosas. Tampoco los postres valen la pena. Insípido el pastel ruso; muy pesado el sorbete de limón al cava; y normalito el helado de vainilla. Un servicio de sala eficaz atiende con rapidez el comedor abarrotado. Pidan la carne y no se compliquen la vida.

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