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Aficionado a la (buena) gastronomía. Periodista de la vieja escuela. Me gusta escribir para compartir mis experiencias. Como de todo siempre que esté bueno. Alg...

Carlos Maribona

mostrando 4 sitios

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Le Tamerici

+39 06 6920 0700

Vicolo Scavolino, 79 Roma, Italia

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Pescado en Roma

Carlos Maribona lo descubrió en diciembre de 2009

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Le Tamerici uno de los pocos sitios recomendables para comer en esa zona tan turística pero tan floja gastronómicamente que son los alrededores de la Fontana de Trevi. Un restaurante coqueto (más atractivo dentro que lo que indica la fachada) y bien atendido, donde apenas hay turistas y sí muchos romanos. Su especialidad son los pescados, que trabajan francamente bien, aunque hay más cosas. Tomamos flores de calabacín rellenas de ricotta, hechas al horno, bien de sabor, y un plato de tres carpaccios (gamba roja, atún y lubina). Luego, una espléndida rodaja de pez espada, muy fresco, hecho sólo a la plancha con aceite de oliva, y unos ñoquetis de patata con almejas realmente magníficos. Mucho mejor los segundos que los primeros. Me llamó la atención que en una mesa vecina preparaban un pescado a la sal, creo que una lubina. Muy buenos los postres, un semifredo de castañas, nueces y ron, y especialmente un tiramisú “expresso”, versión de este postre tradicional, servido en taza y hecho con café expresso. Con un blanco trebbiano d’abruzzo Marina Cvetic, de Masciarelli, estupendo para los pescados, y dos grappas, algo menos de 80 euros por persona.

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Ristorante Il Pagliaccio Di Antomari S.A.S. Di Anthony Genovese

+39 06 6880 9595

Via dei Banchi Vecchi, 130 Roma, Italia

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Un lujo en Roma

Carlos Maribona lo descubrió en diciembre de 2009

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Il Pagliaccio se ha consolidado en los últimos años como el segundo mejor restaurante de Roma, sin llegar al nivel de La Pérgola, pero cada vez más cerca. Las dos estrellas Michelin que ostenta son absolutamente justas. La cocina de Anthony Genovese está llena de guiños orientales. Cocina moderna y ligera en la que los acompañamientos forman parte del espectáculo y del plato.

Ofrecen dos menús: uno de 8 platos a 155 euros; otro de 7 platos a 135 euros. Y en ambos casos, la posibilidad de incluir los vinos que los acompañen por 105 y 95 euros respectivamente. No es barato, pero vale la pena dejarse llevar por el mundo de los vinos italianos de la mano del competente sumiller. Y además los altos precios de la completa bodega hacen recomendable esta opción. Elegimos el menú de 7 platos, que comienza con un aperitivo para acompañar unas copas de champán Morel et Fils Rosé: croquetas de bacalao rellenas de huevo de codorniz. Luego, unas mollejas de ternera, poco hechas, con un pequeño pastel de mandarina y granada al lado (como bebida cerveza Menabrea, del norte de Italia). Sigue una excelente gamba roja cruda cubierta con una teja de arroz y semillas de amapola. En una taza, una infusión de té verde con espuma de leche y al lado un involtini (tempura) que contiene otra gamba y hojas de menta (con un Kofererhof 2007, uva kenner muy similar a la riesling, del sudtirol italiano). Sabores distintos, divertidos guiños orientales, juegos con el comensal.

El siguiente plato es una ensalada de cangrejo con algas, envuelto todo en un velo de arroz y con guarnición de champiñón crudo. Falla el velo, muy basto, pero el sabor es agradable. También aquí un acompañamiento externo: una taza con un delicado caldo de agua de mar que contiene un ravioli de alga y wasabi (como vino un pinot grigio de Friuli Venezia, no recuerdo la bodega). Me gusta más el complemento que el principal. El cocinero juega con los caldos y por eso continuamos con uno de jarrete, bien clarificado, que lleva en el exterior del plato un canolo (rollito) de carne de jarrete con toques de regaliz (con un trebbiano d’abruzzo 2007 de Emidio Pepe). Se rompe el excelente nivel con un san pedro recubierto de granos de trigo y que se acompaña con una crema de avellanas, zanahorias y un fondo de caramelo además de toques picantes. Plato complicado, demasiado barroco y con el punto del pescado algo pasado (está por encima el vino: un espléndido chardonnay Reserva de la familia 2004, de Coppo, en el Piamonte, embotellado este mismo año). Y cerramos con un lujo: la pechuga de pichón sobre berza, con castaña entera y un picadillo de manzana. Perfecta. Cuando lo retiran, llega la sorpresa de un segundo vuelco del plato, al estilo oriental: un caldo dashi con algas, cilantro, nabo y el resto de la carne del pichón picada. Magnífica idea (como vino un potente tinto calabrés, el Dattilo 2005, de Cerauto, con uva gaglioppo).

Los postres corren a cargo de una gran repostera: Marion Lichtle. Ella hace los estupendos panes. El canutillo (canolo) relleno de queso azul del norte de Italia, con una crema de ruibarbo al lado, hace las veces del plato de quesos (bien acompañado con un Orvieto de Calcaia, vino pasificado). Sigue un prepostre muy mediterráneo, un granizado de cítricos con crema de aceite de oliva, acertada mezcla. Y para terminar, pera caliente hecha al horno en papillote con canela y miel y un helado de miel y lavanda. Magnífica (como el vino, un moscato pasito del 2000). Con los cafés (gran carta de infusiones), nos invitan a unas grapas de Barolo. Se completa todo con un servicio especialmente amable y muy profesional, dirigido por Daniele Montano, con detalles como preguntarnos a mitad del menú si nos parecía bien el ritmo del servicio de platos o lo preferíamos más rápido o más lento. Al final, 508 euros en total, que pagamos con gusto porque hemos disfrutado de verdad.

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Roscioli

+39 06 687 5287

Via del Giubbonari 21 - 22 Roma, Italia

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Visita imprescindible

me encanta, uno de mis favoritos

Un sitio muy recomendado en mi blog. Y con justicia. Situado junto al Campo di Fiori, ha roto fronteras y que congrega a lo mejor de la sociedad romana junto a gourmets de todo el mundo. Sus propietarios lo definen como una “charcutería con cocina”, y eso es, una tienda de productos de la mejor calidad con un pequeño comedor al fondo y varias mesas que colocan, a la hora de las comidas, delante del mostrador. Así que mientras algunas personas compran los mejores quesos, la más selecta charcutería (incluidos jamones de 5J y de Joselito) o latas de todo tipo (también de Ramón Peña), otros aprovechan para comer. Cocina tradicional pero impecable, con pastas de primera, carnes y pescados, pero sobre todo unos antipasti de verdadero lujo, muchos de los cuales se preparan tras el mostrador. Y en las estanterías todos los vinos italianos, que se venden a precios muy ajustados, aunque la carta de cervezas artesanales y la de destilados son también para pensárselo.

Así que un lugar incómodo pero con el mejor producto imaginable y una cocina que lo acompaña perfectamente. Tal vez un poco lenta en el ritmo, pero muy satisfactoria: espléndida caponata de berenjena; muy rico el plato de calamarata (pasta) con botarga, nabo y col; algo sosas, pero con una carne de primera, las polpete (albóndigas) con tomate, plato tradicional de las trattorías romanas; y estupendo un tartar de vacuno del Piamonte, bien picado a mano y aliñado perfectamente. Terminamos con un completo plato de quesos italianos. Con un Nobile de Montepulciano, Poliziano 2006, 63 euros por cabeza. Precio de lujo para una comida de lujo. Y al terminar uno no puede evitar caer en la tentación y llevarse alguno de los productos de primera que se exhiben tras el mostrador.

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Il Bocconcino

+39 06 7707 9175

Via Ostilia, 23 Roma, Italia

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Tradición romana

Carlos Maribona lo descubrió en diciembre de 2009

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Un sitio bien tradicional, a espaldas del Coliseo. Trattoría de cocina romana donde hemos tomado un muy buen plato de antipasti del Lazio (quesos y embutidos); una ensalada de panzanella con patata, caballa marinada, tomate y apio; conejo relleno; tagliolini con ragú de pato; la célebre trippa a la romana (callos); y unos discretos postres: tiramisú y crostata al horno. Todo satisfactorio, sin que haya que esperar mucho más. Muy floja oferta de vinos. Los hemos tomado por copas y ninguno tenía especial interés. 45 euros por cabeza con cinco copas de vino, dos cervezas y los cafés.

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