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Aficionado a la (buena) gastronomía. Periodista de la vieja escuela. Me gusta escribir para compartir mis experiencias. Como de todo siempre que esté bueno. Alg...

Carlos Maribona

mostrando 7 sitios

Restaurante Aldaba

- cerrado

Avenida de Alberto Alcocer 5 <m> Cuzco 10 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 130 personas

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A un gran nivel

me encanta, uno de mis favoritos

Con Zalacaín y con Horcher, Aldaba representa en Madrid el mejor ejemplo de restaurante burgués. Un sitio que conjuga cocina de calidad, tradicional en sus conceptos, y un servicio de sala impecable. Estamos ante uno de los mejores servicios de sala de Madrid y de España. Todo funciona como un reloj bajo la atenta dirección de José Luis Pereira, enorme profesional que demuestra día a día que la sobriedad es virtud fundamental de un buen maitre. Como elemento fundamental la cocina, clásica y burguesa, con el mejor producto del mercado, respetando sabores y bien puesta al día. La responsable es Yolanda Olaizola, una de las pocas mujeres que están al frente de la cocina de un gran restaurante. La suya es una cocina bien clásica que hunde sus raíces en el recetario tradicional español y que se sustenta en un producto de primera calidad. Triunfa sobre todo en las elaboraciones más sencillas, las que no tienen trampa ni cartón y que son las que sirven para medir la técnica de un cocinero. Sus croquetas de jamón, pequeñas, impecables, no tienen nada que envidiar a las más renombradas de la capital. Tampoco los salteados de setas, ni la menestra de verduras, ni unas pochas guisadas sólo con verduras que se sirven con un suave escabeche de perdiz. De la sencillez surgen las mejores alternativas de esta cocina, por encima de combinaciones superfluas que en ocasiones buscan más el lujo innecesario como ocurre con los huevos escalfados con caviar sobre láminas de solomillo o con la ensalada de lubricante son buenos ejemplos. El steak tartar es uno de los mejores de cuantos se preparan en Madrid, elaborado a la vista del cliente con todo el ritual que mandan los cánones. Imprescindibles también la merluza, en diferentes preparaciones tradicionales en las que se respeta el punto para que quede bien jugosa, las cocochas en salsa verde, de un clasicismo académico, las albóndigas, de ternera picada a mano, fritas y servidas con salsa española, ola casquería, como esa lengua de ternera estofada al jerez. Hay reservarse para el carro de tartas, una auténtica tentación. Y además, una gran bodega.

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listas: Cocina burguesa

Restaurante Sacha

+34 913 45 59 52

Calle de Juan Hurtado de Mendoza, 11 <m> Cuzco 10 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 418 personas

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Tradición y producto

me encanta, uno de mis favoritos

Un restaurante que lleva ya cuatro décadas dando bien de comer al margen de las modas pero llenando todos los días y dando continuas satisfacciones a su clientela. Se come muy bien porque se utiliza un producto de primera y porque se respeta al máximo ese producto. Nada de modernidades, sabores tradicionales, que no es lo mismo que antiguos, servidos en un comedor peculiar, más parecido al de un domicilio particular, lo que hace que uno se sienta como en casa. O servidos también en una de las terrazas más agradables de Madrid.
En Sacha hay propuestas que nunca fallan. Las ostras fritas o en escabeche son platos de siempre que siguen siendo más modernos que muchas propuestas de cocineros de vanguardia. Los guisos de invierno (¡esas patatas guisadas con níscalos!) invitan a repetir una y otra vez. Las verduras tratadas con sencillez, la imprescindible casquería. Todo tan simple y todo tan irreprochable. Cocina con mayúsculas. En nuestra última visita unos sencillos pero espléndidos mejillones al vapor se realzaban simplemente con una salsa de hinojo, cebolleta, hierbas, pernod, vino blanco y tomate. Unos langostinos alistados de Huelva que se han marinado en crudo con aceite Castillo de Canena y ají peruano de Pedro Miguel Schiaffino. La gloriosa tortilla de boquerones, bien jugosa, rodeada de piparras fritas. Un bonito, de los primeros de temporada, preparado en ligerísimo escabeche. El lomo de cerdo negro vasco, con un platito de su jamón al lado. O un steak tartar, uno de los emblemas de la casa, que aunque llega preparado de la cocina, resulta impecable y con el punto exacto de aliño que se había solicitado. En todos los casos esa magnífica materia prima como protagonista, con pequeños toques que simplemente buscan potenciarla. Correctos sin más los postres caseros, como las filloas, la tarta de manzana o la nata con frutas liofilizadas. Disponen además de una completa bodega a precios razonables.

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listas: Bistró

Le Petit Prince

+34 914 31 44 14

Calle Fernan Gonzalez, 7 <m> Goya 2 4 Madrid, Madrid provincia, España

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Razonable cocina francesa

está OK

Situado a espaldas de El Corte Inglés de Goya, casi en la plaza de Dalí. Una pequeña terraza en la calle peatonal y un local un tanto decepcionante por su decoración, muy fría, poco cuidada, con una barra de bar de barrio en la entrada, carteles que anuncian el menú del día por 11,90 € y comedores pequeños y muy ruidosos. Un escenario que no se corresponde con la que cocina que se ofrece. En la carta no falta ni uno de los platos más clásicos de las brasseries francesas. Ahí están los patés caseros, las rilletes, el foie gras mi-cuit, la sopa de cebolla, las quiches, los caracoles a la borgoñona, las ensaladas niçoise o lyonesa, la raya a la mantequilla negra, el lenguado meuniere, el conejo a la mostaza, el magret y el confit de pato, el steak tartar, el buey a la borgoñona, la “blanquette” de ternera o el surtido de quesos. Todo el recetario popular que podemos encontrar en cualquier brasserie del país vecino. Pura tradición. Lo importante es que, pese a la amplitud de la carta, todo está bien resuelto, sin salirse de la ortodoxia. Así, está sabrosa la sopa de cebolla, gratinada con queso de gruyere; ricas las rillettes con pan tostado, y correctos los caracoles, media docena, al estilo de la Borgoña, con su correspondiente mantequilla de ajo. Hablamos de una cocina muy contundente, con ligeras excepciones como la ensalada niçoise, a base de patata con atún, aceitunas, tomates y huevos duros. Pesados también los pescados, con sus salsas bien tradicionales: raya a la mantequilla negra y lenguado “meuniere”. Mejor las carnes, especialmente el steak tartar picado a cuchillo, aunque con un aliño algo corto, y el agradable buey borgoñón, estofado con vino tinto. Para el postre ofrecen un pequeño surtido de quesos que no está a la altura. Y tengan cuidado de que no les cobren, como nos ocurrió a nosotros, la tabla de quesos que figura en las entradas y que cuesta el doble. En general los postres, también muy clásicos (tarta tatin, crepes), tienen menos interés. La bodega, más bien corta y de precios ajustados, mantiene un equilibrio entre España y Francia, con una satisfactoria selección de vinos de tipo medio del país vecino.

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listas: Bistró

La Taberna De Elia

+34 616 87 82 87

Calle Vía de las Dos Castillas, 23 Pozuelo de Alarcón, Madrid provincia, España

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Buenas carnes

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Aurelian Catalin, al que sus clientes conocen como Cata, aprendió el arte de las parrillas en El Torreón, en Tordesillas. Y esos conocimientos los aplica ahora en este restaurante, que cuenta con tres zonas diferenciadas: una barra donde tomar buenos pinchos y raciones y que a la vez sirve de tienda de vinos; un comedor cuyo principal atractivo es la parrilla de carbón que se encuentra al fondo, junto a la que pueden verse dispuestas las piezas de carne; y una amplia terraza que en este invierno primaveral anima a comer al aire libre, o al menos a tomar allí una tranquila copa tras el almuerzo. La carta es demasiado amplia así que no conviene perderse demasiado en ella. Si acaso, un ligero salmorejo para abrir boca. Hay que centrarse en la carne y en la parrilla, que es lo que marca la diferencia de esta casa. Imprescindible el steak tartar, picado a cuchillo. Puede ser de solomillo, más suave, o de entrecotte, más intenso. Otras buenas opciones son la morcilla de Burgos o los dos tipos de chorizos, hechos también en la brasa. Pero el protagonismo principal lo tienen esas carnes de vacuno –pocas veces buey, aunque así se anuncie- que Cata elige con cuidado de sus proveedores (Los Norteños principalmente) y que madura él mismo en una pequeña cámara que tiene junto a la cocina y en la que las piezas adquieren el punto adecuado de ternura y de sabor. Las más habituales son carnes de vacas centroeuropeas que garantizan la regularidad en los cortes, aunque no alcanzan el sabor excepcional de las vacas viejas o de trabajo. Cuando llega alguna de estas, se ofrecen a precios casi de coste. Las primeras están buenas, pero cuando se comparan con estas últimas se puede apreciar la diferencia en textura y en intensidad. En ambos casos con el punto de parrilla exacto, la chuleta caliente por dentro y por fuera. Se acompañan con patatas bien fritas, aunque también puede optarse por pimientos confitados o fritos. Postres caseros, correctos sin más, como la tarta de queso o el tocinillo de cielo. Otro atractivo de La Taberna de Elia es la bodega. Una completa selección de vinos de todos los niveles, que se venden también en la tienda de la entrada para llevar a casa. En el restaurante se ofrecen a precio de tienda con un descorche fijo de 7 €.

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listas: Carne

Restaurante Gourmand

+34 915 45 84 48

Calle de Bretón de los Herreros,39 <m> Alonso Cano 7 Madrid, Madrid provincia, España

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Auténtica cocina belga

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La cocina belga tiene un atractivo recetario tradicional que ahora ofrece en Madrid un cocinero belga con larga trayectoria en España, Etienne Bastaits, en su pequeño y acogedor bistró. Un espacio decorado con muchos símbolos belgas: libros de Tintín, novelas de Simenon, discos de Jacques Brel, ilustraciones de la Exposición de Bruselas… De la sala se ocupa Steve, que ejerce a la vez de maitre y de sumiller. Maneja una pequeña pero bien seleccionada carta de vinos, aunque su oferta principal es un amplísimo surtido de magníficas cervezas belgas de todos los tipos y graduaciones: blancas, lager, especiales, trapenses, de abadía... Steve recomienda con acierto las más adecuadas para cada plato en función de los gustos de los comensales.
La de Etienne es una cocina tradicional puesta al día, que no renuncia a las cremas y mantequillas imprescindibles en la gastronomía belga pero que suaviza su presencia para aligerar los platos. Para empezar, acierto en los encurtidos que llegan como aperitivo, lo mismo que en la mantequilla que se sirve en la mesa. Está rico el paté de campaña casero, lo mismo que unos espárragos a la flamenca. Lo más flojo, las croquetas de quisquillas belgas, cremosas pero con un rebozado frío y poco consistente. Estupenda la cazuela de los populares mejillones cocidos con mantequilla, apio y cebolla, acompañados con las imprescindibles “frites” servidas con varias salsas. El nivel más alto lo alcanza la raya a la mantequilla negra. También está bueno el steak tartar, con la carne cortada a mano, bien potente en su aliño, aunque llega hecho de la cocina. Hay además un suave codillo, confitado con cerveza de cerezas, y “onglet”, ese peculiar corte de vacuno muy apreciado en Bélgica, que se sirve con chalotas. Postres también a buen nivel, desde la tradicional Dame Blanche hasta la tarta de azúcar. Un sitio atractivo, y con una muy buena relación calidad-precio.

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listas: Cocina belga

El Brasero de Don Pedro

+34 917 47 75 34

Avenida de Aragón 358 Madrid, Madrid provincia, España

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Para carnívoros

está OK

El Brasero de Don Pedro es uno de tantos restaurantes que se alinean en la vía de servicio que lleva a Coslada y San Fernando de Henares, a orillas de la carretera de Barcelona. Nada en su exterior lo diferencia de los demás. Pero una vez dentro sí hay una gran diferencia: sus carnes rojas. Piezas de mucha calidad, bien seleccionadas, que están entre las mejores que se pueden comer en Madrid y que se sirven en la mesa en cortes de 250 gramos previamente loncheados. En vez de los lamentables platos refractarios, se coloca junto al comensal una piedra caliente con la intención simplemente de que cada uno la coma a su gusto. Lo malo es que muchos clientes, en vez de pasar las lonchas de carne por la piedra unos segundos, simplemente para calentarlas, las dejan allí, achicharrándose hasta que quedan como zapatillas y pierden todas sus virtudes. Lo mismo da en estos casos servir una carne excelente que una de cuarta categoría. Y lo malo también es que ese proceso de recalentar las lonchas provoca un efecto similar al de los platos y fuentes refractarios: humo intenso y un olor que se extiende por todo el comedor y acaba impregnando la ropa. Una pena desaprovechar unas piezas de tanta calidad, pero es lo que hay. Como la carne es buena lo es también el steak tartar, que se prepara en la sala a la vista del cliente. De guiso, unas correctas albóndigas de ternera. Además de las carnes, los pescados a la parrilla son el otro punto destacado de esta casa. Probamos el lenguado, muy fresco y en su punto. En la carta hay también besugo, rape o cogote de merluza.
Pero si carnes y pescados están a muy buen nivel, no se puede decir lo mismo de las entradas, bastante más vulgares. Y con precios severos. Un largo apartado que va desde el jamón ibérico hasta frituras de pescado. Probamos un matrimonio de boquerones y anchoas. Los primeros aceptables; las segundas, aunque se anuncian como de Castro Urdiales, muy flojitas. Y con un pan con tomate reblandecido. Las croquetas resultan bastas, y el revuelto de morcilla de cebolla con piñones y pasas carece de interés. Por si fuera poco, hay algunas cosas verdaderamente extravagantes como la ensalada de la casa en la que se mezclan sin rubor trozos de foie gras con jamón de pato, salmón, aguacate, queso feta, berros y otras varias cosas. Tampoco los postres valen la pena. Insípido el pastel ruso; muy pesado el sorbete de limón al cava; y normalito el helado de vainilla. Un servicio de sala eficaz atiende con rapidez el comedor abarrotado. Pidan la carne y no se compliquen la vida.

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listas: Carne

Casa Ormaza

+34 913 19 88 48

Calle de la Infanta María Teresa 15 <m> Concha Espina 9 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 120 personas

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Ambiente familiar

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Un sitio muy interesante este pequeño restaurante de apenas cinco mesas al final de la calle Serrano. Lo importante de esta casa es el ambiente familiar y la cocina de Paloma García-Lomas, a la que muchos recordarán hace quince años en su restaurante de Oteruelo del Valle, en el valle del Lozoya. Hace trece años Paloma llegó a la capital, a un pequeño hotel en el Viso. Luego se trasladó a la calle Zurbano, y hace pocos meses a este emplazamiento.
En la carta, los platos de siempre de Paloma, con raíces asturianas, raciones contundentes y sabores de siempre actualizados..
Entre sus mejores cosas, las croquetas (más bien buñuelos) de cabrales y gamonedo con manzana; la barrita de pan rellena de huevo frito; las dos morcillas (de Burgos y asturiana) con plátano; la merluza frita, levemente pasada por harina, fresca y jugosa, aunque unos pimientos confitados le aportan un toque demasiado dulce; o el steak tartar de solomillo, picado a mano y bien aderezado.
Postres igual de tradicionales: cremoso arroz con leche; tarta casera llamada Queña, a base de galletas y leche merengada. Lástima de la carta de vinos, escasísima.

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listas: Cocina tradicional